lunes, 19 de octubre de 2009

Ni fue ni pudo ser, pero podría haber sido

Hay noches, casi todas, que no, ya no suena tu nombre en mi cabeza.
Hay días que no distingo ya tu mirada de miel del resto de miradas
que crucé con otros pasajeros del tren de cercanías
con peatones esperando que cambiara la luz de los semáforos
con vecinos que esperaban su turno en el puesto de fruta del mercado.

Se desprendió del sofá la huella cansada de tu cuerpo.
Tu voz ya no es tu voz, ya no encuentro en ella tus palabras
y hace tiempo que ya no me contagia tu risa venida a menos.

Te asomas a mi puerta algunas veces para pedirme sal.
Tú que ahora estás tan bien condimentado que no te reconozco
te sobran condimentos pero la sal, y tú eso lo sabes,
la sal la tengo yo.

8 comentarios:

chucho dijo...

Grandiosísimo final!

La cónica dijo...

gracias, Chucho :)

una vida lo que un sol dijo...

toma ya!

Beso.

Orologiaio dijo...

Pues sin sal... apañado está.

Roberto dijo...

puff..pero que bueno...

la sal la pones tu siempre en a la poesía, y la haces a ratos adusta y hermosa, y otro dulce y callada

una gozada

un beso

La cónica dijo...

lo tomo ya, el beso, digo, Una.

Orologiaio, sin sal dicen que es lo más sano para el corazón, no?

adusta y hermosa, dulce y callada...ya me gustaría, ya... gracias, Roberto.

Clara dijo...

Si es que eres muy salada tú...

La cónica dijo...

Pues anda, que tú...