miércoles, 22 de junio de 2011

Hasta la batalla, siempre.

Supongo que eres un soldado desconocido. La guerra cambia tanto a una persona en un año, en un día. La hiel a tragos tan largos deja de ser amarga y uno añora el gaznate seco, quemado por el whisky solo. Mienten los partes de guerra. Mienten los aviones espía que nos cuentan cómo hace la guerra el contrario. Porque enemigo no es, o no queremos que sea. Miente César con su pulgar en alto. Mienten las bolas de cristal y las gafas con cristales de espejo. Todos mienten, mentimos sin querer, porque de la verdad no tenemos la más mínima noción. Qué es la verdad. Sin interrogantes siquiera. ¿Quién contestaría?

Algunas guerras empiezan. Otras terminan. Lo importante es enzarzarse, cada vez menos, en las guerras que no son nuestra guerra. Y al resto de guerras, a las que son la nuestra, alistarse con pasión, sin empacho. La ración que nos toque, cada día. Admiro, más que a un héroe, a quien afronta con pasión lo que hace. Los héroes para los libros de mitología, que también se pueden leer con pasión.

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Me dan pie Ch. , hijo pródigo y Clifor, mente inquieta.