viernes, 30 de marzo de 2007

El profesional

En el sótano guardo muchas botas, rotas por el uso. Los futbolistas más insignes del Barça y otros menos recordados las han calzado.

No soy un aficionado. Soy un profesional. He trabajado en el club del 75 al 92. Además de auxiliar de material, he cumplido todas las funciones de un buen utillero: diplomático, discreto, confidente, cómplice, mano izquierda...

Entiéndanme bien: jugadores y técnicos me han respetado. Soy un profesional. De cada jugador guardo un par de botas rotas. No es afición. Es previsión. Mi plan de pensiones.

Hoy, fíjense, descubro que soy un sentimental. No soy capaz de venderlas. Las tengo bien emparejadas. A veces, colocadas por orden alfabético. Otras, por temporadas. Otras muchas, hago mi propia convocatoria: las titulares ocupan su lugar en el campo, y las suplentes se alinean, juntas, en el banquillo.

El club no ha sido previsor en cuanto a mi jubilación. Aunque he sido un profesional.

Ahora que todos los jugadores se han retirado, ahora que no perjudicaré a ninguno en su carrera, ahora que veo imposible deshacerme de las botas, he decidido contar las anécdotas, las complicidades, las confidencias.

No es traición, entiéndanme bien. Es necesidad.

miércoles, 21 de marzo de 2007

Aguas en la memoria

Marta pasa las últimas semanas oscilando de casa al trabajo, del trabajo a casa, tic-tac. Los viernes y los sábados se ajusta los vaqueros gastados para salir y tic-tac, no se come una rosca. Los domingos visita a la familia, en Villaluenga. Juega con sus sobrinos a las carreras y ayuda a coger pimientos en la huerta. Y tic-tac, vuelve tarde a casa.

Así, día a día, tic-tac, hace el péndulo. Marta que te alejas a la izquierda, Marta que te vuelves a la derecha y, en definitiva, tic-tac, Marta que pasas por el mismo lugar.

Marta vive un octubre suave, sin desgarros, un octubre de aguas en la memoria. Vive, tic-tac, sí. Pero no llena el calendario de recuerdos.

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Del cuaderno analógico al digital, antes de que vuelva a perderse el soporte cuadriculado. Mein bester Freund me hace reír. Y cantar.

martes, 20 de marzo de 2007

Trajines

Me duele la espalda de andar encorvada. Esta mañana recorté el suelo de la cocina. Tengo tos todavía de mezclar los polvos. Por más que le dí al piso con estropajo y vinagre, se quedó con paño. Es lo que tiene el cemento.

Me duele la espalda. La pila es buena, de una pieza sola, y es muy hermosa. Traer el agua no me da pereza. El pozo del cura está al lado. Con ir tres o cuatro veces y llenar la cántara, ya vale. Pero para dejar la ropa mondá no se puede lavar sólo con jabón, agua y lejía. Hay que lavar con todo el cuerpo, y estoy derrengada. Y el olor a lejía llega muy dentro, se mezcla con los polvos y el vinagre y hace un menjunje que no deja respirar.

He salido a tender.

Hasta el corral llegaba el olor a pimentón y alcaravea. Y a socarrao. Entré corriendo a quitar las trébedes de la lumnbre y todo se hizo oscuro. Tropecé con el poyete entre el corral y la cocina. Me caí de boca. El sol, sin estar, jugaba aún a dibujar círculos en mis ojos. Palpé el lebrillo. No se había roto. Menos mal.

Las gachas borboteaban. Chuf, chuf. Cogí el paño de la repisa y las aprté a tientas. Me daban batidos las narices. Y me dí cuenta que estaba sangrando. Tenía un pañuelo en la faltriquera, menos mal. Los algodones los guardo en el cajón del aparador. Está hinchado de la humedad. Se ha atascado, como siempre. Si me pudiera hacer de otro... La puerta de la alacena sólo la puedo abrir yo, que le tengo cogido el aire. La pared que linda a la vecina rezuma salitre. Es por eso que se estropea la madera.

He salido de la cocina y en el cuarto, con los ojos hechos ya a la luz de casa, me he mirado al espejo. Y he visto a otra. No por el estropicio de la nariz, no. Entre las manchas de azogue, imagino otra vida. Mía, pero otra. Creo, delante del espejo, que podría aliviarme estas cargas diarias de las espaldas, algunas veces. Huir de mi casa, de mis hijos y mi hombre sería drástico. Los quiero. No es eso. Por lo pronto, he empezado a escribir un poco cada día, de esos momentos en que vivo la vida del espejo.

Hoy, por ejemplo, he escrito:

Mediodía

Me gusta salir al corral
en el cuerpo del día.

El sol
blanquea las sábanas colgadas.

Juegan
sus dedos en mi nuca.

Refleja en la cal.
Se multiplica.
Pone la sangre tibia
y me ciega.


Lo que escribo, claro, lo guardo en la alacena.

Problemas técnicos para publicar el post. A Blogger no le gusta mi html. ¿No le gusta OpenOffice? ¿No le gusta Linux? ¿Sólo es Ubuntu? ¿No le gusto yo?

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Ach, Die Prinzen, después de tanto tiempo. Si tuviera bicicleta, me enamoraba de ella. Me quedaré a trabajar hasta tarde, con ellos.




lunes, 19 de marzo de 2007

En espera

La mesilla anticuada
soporta el peso
del teléfono mudo.

Andrés baja el volumen
del televisor.

Huele a piel curtida,
a perro y a rancio.
Linda se enrosca, breve,
junto al sofá.

Los labios de Andrés
se secan.
Vibran sus entrañas.
Se desboca su pulso.
Cierra los ojos.

Oscurece.
Se oye
el jadeo de la perra
el tic-tac del reloj.

Pero el teléfono
no suena.

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Sin punto fijo.

A caballo
entre la tristeza y la locura
entre ser y no ser,
sin brújula,
no me encuentro.

Hiede el aire.
Agota el cabalgar.
Y me resisto
a echar raíces.

Me muevo
como la tierra
rota.
Como la tierra,
rota.

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Una pequeña pérdida abrió la soledad en quiebra. El cuaderno digital. Hoy reaparece el cuaderno analógico, en el trabajo. Alguien lo devolvió. Rescato el poema con teléfono (ejercicio del taller). Y la melancolía añeja. Claro.

martes, 13 de marzo de 2007

Afina el oído

Del grito o de la risa
del interior inquieto
se oye el eco a veces.
Y nace el poema.

sábado, 10 de marzo de 2007

Desde el armario

En pijama y descalzo, móvil en mano, abro el armario y me cuelo entre las blusas y abrigos de mi madre. Me encanta como huele a mi madre en el armario. También huele a limpio. Y a cerrado. Tengo que respirar, y abro un poco la puerta. Lo justo para que entre algo de aire. También entra la luz. Cierro los ojos.

Llegan más claros los golpes y los gritos. Me quito las manos de las oídos y marco el 112. Me cuesta, me tiemblan los dedos. La voz también me tiembla, al decirle la dirección al policía. Y paran los gritos. Y los golpes. Y no puedo dejar de llorar. Huele a sangre por la rendija. Hay un portazo.

Quiero quedarme aquí, camuflado en su ropa. Es tan suave su vestido azul. Quiero quedarme con su perfume. No quiero salir.

Después (tarde) se oyen las ambulancias.


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Ejercicio del taller. Había que escribir un texto de 25-30 líneas máximo donde la localización tuviera mucha importancia. A mí me tocó el armario. A otros el autobús, el tren, el aeropuerto, la playa, la calle, la estación, al otro lado de la ventana, la playa, el parque, en fin... como idea, por si queréis hacerlo, ahí queda.

viernes, 9 de marzo de 2007

REGLAS DEL JUEGO PARA LOS HOMBRES QUE QUIERAN AMAR A MUJERES MUJERES (FRAGMENTO)

I

El hombre que me ame
deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
encontrar la profundidad de mis ojos
y conocer la que anida en mí,
la golondrina
transparente de la ternura.


[...]

XI

El amor de mi hombre
no querrá rotularme o etiquetarme,
me dará aire, espacio,
alimento para crecer y ser mejor,
como una Revolución
que hace de cada día
el comienzo de una nueva victoria.


GIOCONDA BELLI

 

lunes, 5 de marzo de 2007

Con la E

Con la E, Entusiasta. Ecléctica. Elegante.
Escéptica, Extrovertida, Exclusiva, Experta.
Con la E, Etiquetas.

Prefiero seguir siendo garrafón,
vino anónimo en la copa de una cata,
agua sin embotellar,
cerveza de barril.

Con la E, Envoltorio.
Despertador de la curiosidad.
Juguete caprichoso.
Regalo en sí mismo.

Con la E, Esencia.
Mestiza, contradictoria.
Cambiante. Sensible
a las huellas de tu piel.

Con la E, Espero
Envolver mi esencia,
Espabilar tu sed,
Explorarte a ti
y a tus alrededores.

Sin Estudiar, sin Entender,
sin Elucubrar, sin más.

Estar (contigo) y ser.

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El sábado fue diferente de todos los sábados. Mezcla deliciosa de amigos de distintos círculos. ¡Cómo disfruté! Espero (creo) que ellos también. Para eso están los círculos, para romperlos, para abrirlos.