jueves, 30 de abril de 2009

Equipaje de mano

Llegarás alto, me dijo.
Yo compré una cinta métrica
y busqué el avance imperceptible
del calcio fijándose en mis huesos.

Volarás muy lejos.
Y yo estudié los mapas estelares
y pedí un telescopio
por mi cumpleaños.

Lo que tú verás,
yo no lo he visto.
Asoma, apenas se adivina.

No entendí sus palabras por entonces
y menos, el regalo que me hizo.
Fueron estas sandalias y un espejo.

domingo, 26 de abril de 2009

Para ver de sus ojos la dulzura de luz

En cuanto a la tristeza que dices, hay quien afirma que lo mejor es un buen tristicida. Los hay auténticos, dicen, que matan las penas de raíz. Que no dañan los brotes nuevos, los brazos frágiles, que no ponen la tez amarilla ni la risa hueca. Soy escéptica al respecto. Pero incluso quien los defiende admite que es difícil encontrar la fórmula mágica.

Evita entre tanto, en lo posible, tratamientos agresivos con efectos secundarios de rebote. No abuses de la ironía. A veces se confunde con la inteligencia. Si no encuentras un buen tristicida, lo mejor es aplicar un masaje con efecto inmediato para aliviar los síntomas. Uso tópico, directo a la zona afectada. Si notas escozor de ojos o un nudo en el estómago, abandona. Coge la pluma y vuela. Déjate acariciar los labios por el sol sin diluir o por la lluvia en gotas, si es que llueve.

Llama a quien quizá te pregunte si duele, pero asegúrate de que pregunta sin hacer daño. Busca un espejo que no te mienta, pero que te favorezca. Un espejo que te vea como eres, de cristal. Que no te pida que le demuestres nada.

Para demostrar, ya están las matemáticas.

miércoles, 22 de abril de 2009

Aritmética elemental

Hoy es martes y en Badajoz son las cuatro y veinte de la tarde. Para Álvaro comienzan los minutos más lentos del día. El sol de mayo a estas horas de la tarde es incompatible con la aritmética. Eso lo saben en Lima, como diría el maestro.

En Lima son las nueve y veinte de la mañana. Gabriel llegó puntual a la escuela y está sentado en el pupitre quince minutos antes que sus compañeros. Alguna legaña estorba, pero él se afana y emborrona el cuaderno como un autómata.

Los últimos diez minutos de la clase los dedica Pedro a preguntar las tablas a los niños. Álvaro agacha la cabeza o hace que escribe. A veces confunde 7x8 con 6x9.

¿6x9? -pregunta el profesor.
¿56? -pregunta el niño.
¡54, Álvaro, son 54! Son 54 aquí y en Lima.

En Lima, entretanto, Gabriel escribe bajo la mirada atenta de la señorita Marleny: 6x9=54, 6x9=54, 6x9=54... Doscientas veces, le dijo.

Seis por nueve son cincuenta y cuatro, pero en Badajoz no lo saben todos. Tampoco lo saben en Lima.

martes, 21 de abril de 2009

Hábitos de trabajo

Los niños tenían sólo cinco años. Afilaban los lapiceros y ponían las virutas en un cucurucho de papel. Le cerraban la boca y lo guardaban en el cajón. Sacaban la goma de borrar. Dibujaban el dinosaurio. Empapelaban después las mesas con periódicos y sujetaban el dibujo encima con papel celofán. Se ataban unos a otros los mandiles. Se arremangaban hasta los codos. El maestro ponía agua en todos los vasos de plástico. Entonces, y sólo entonces, sacaban los pinceles perfectamente limpios y abrían las témperas. En aquel tiempo, los niños de cinco años todavía pintaban con témperas.

Yo miraba aquel dinosaurio, porque yo sé bien que es un dinosaurio, y recordaba las palabras del maestro: Sentarse a pintar es como sentarse a comer. Lo primero: poner bien la mesa. Nadie come sin colocar el mantel, luego los platos, los vasos, los cubiertos, el agua, el pan, las servilletas.

Miré aquel dinosaurio descolorido y entonces, sólo entonces, me di cuenta de que llevo meses comiendo cada día sin sentarme a comer.

jueves, 16 de abril de 2009

Levantemos el corazón

Jugamos a perder tantas veces, sin saberlo,
a pedir galones para el corazón,
a que el corazón trascienda
y se vaya lejos, más lejos que las nubes,
más que el avión que hay encima de las nubes.

Lejos, donde ya nadie sabe de latidos,
el corazón bombea sangre negra
que no llega a los pulmones.

Bombea, si es que late.

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Desde un suspiro del revés llegan estas palabras. Es lo que tiene, pasarse por la casa de Una vida lo que un sol: que se te caen las palabras al teclado.

Poema exprés

A nrq, que lo rescató del olvido

Cuatro esquinas redondas
en mi mano cerrada.
Corazón de cristal
-silencio-
que no late.

jueves, 9 de abril de 2009

Anoche soñé con hoy. Despertaba aquí, en esta cama,

tenía una cicatriz en el talón izquierdo.

Recordaba la tarde de ayer, vuestras fotografías,

los puerros enredados en jamón

y que los niños reían toda la tarde

justo como rieron ayer toda la tarde.


Miguel jugaba al béisbol con la azada.

Juan se agachaba, las manos en la tierra,

besando margaritas, prometiéndoles riego.


Soñé con hoy de forma repetida, distinta cada vez

y acontecían días parecidos al que hoy amanece.

En el sueño también se escuchó el picapinos ,

el que me ha despertado esta mañana.

En el talón, sin embargo, esta mañana

donde debía estar la cicatriz, estaba aún la herida.