lunes, 28 de diciembre de 2009

Mujer en arameo

Los caracteres de un alfabeto olvidado
dibujan a una mujer escrita
que resulta en su tiempo ilegible
que se reinventa
que se traduce
que -al fin- se calla.

Consultado, el oráculo augura
la cercanía de un hombre
que no resolverá sus enigmas
que no borrará sus cicatrices
que sabrá -sin embargo-
leer en arameo.

El encuentro es seguro.
Que lo cuide -le dice- .

martes, 15 de diciembre de 2009

Poemas en blanco

Tengo mentalidad de boli rojo todavía. Estoy agotada. La última reunión acabó a las nueve menos veinte, de la noche, claro. Y llevaba allí desde las nueve y veinte, de la mañana, claro. Mi padre estuvo años trabajando 11 horas diarias. De lunes a jueves. Los viernes, sólo 9. Cómo hacía, no lo sé.

La mentalidad de boli rojo me ha hecho escuchar cuando hablas de tus poemas y dices rimas tontísimas y dices tonterías cotidianas... no te lo tomes a mal. Tacharte esas expresiones en rojo quiere decir que a ver si mejoramos un poco en autoestima el trimestre que viene, que esta evaluación nos has entregado los poemas en blanco.

Supongo que en una reunión de evaluación diríamos eso y también: yo creo que es pudor, yo creo que es demasiado tímido, a lo mejor es que no llega a más, no, míralo cuando escribe en prosa, en razonamiento lógico es bueno, pero se bloquea en cuanto le cortas los renglones, empezó el curso menos negativo, igual si le racionamos la anchura del papel, que escriba sólo en los tickets de la compra, verso corto por narices, pues yo no lo veo tan mal, pues va mejorando de dos semanas acá, parece que demanda más atención por nuestra parte, pues yo creo que está mejor si no estamos tan pendientes, podemos darle cita con orientación, seguro que nos dicen si le pasa algo.

Estudiaríamos el entorno familiar, si vives con tu perro, si tienes una gata, si te podría ayudar cambiar de mesa en la oficina, al lado de aquella compañera tan maja que escribe alejandrinos en la intimidad, llegaríamos a la conclusión de que lo mejor es un refuerzo positivo, cogeríamos la bola de cristal y diríamos: pues yo lo veo escribiendo verso libre con renglones cortos como escalones, pues yo lo veo tirando de la lista de epítetos rizados, y así hasta que tocara hablar de otro. Cambiaríamos de tema, sin más.

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Me da pie un poeta que no ha salido del armario. O uno que no sabe hacer versos todavía. Pero es un poeta. Seguro

sábado, 12 de diciembre de 2009

Sin miedo y en diagonal

El primer examen fue la debacle. No me lo esperaba. Nunca te lo esperas. Ellos hacían muchas preguntas en clase. Preguntaban, ¿y de dónde sale esa x al cuadrado? ¿y de dónde sale ese 2? ¿puedes hacer el apartado c del 3? La respuesta a veces era: lee el enunciado del ejercicio, de ahí sale ese 2. Con todo, yo lo tenía decidido: si no entendían, no iba a ser por falta de explicaciones. Y explicaba, explicaba, explicaba tanto que se solapaban unas preguntas sobre otras. que me interrumpían las respuestas para volver a preguntar. No necesitaban mis respuestas. Sólo preguntar. Si no entendían no iba a ser por no preguntar.

Nadie escuchaba a nadie. Yo les contestaba a veces de malos modos. Yo no sé dónde habrían llegado los gritos si M no me apacigua, sentada al fondo, con un gesto desde su silla. R no pudo aguantar más: ¡esta mujer me saca de quicio! Le di la vuelta y nos dio por reír. Una risa nerviosa.

Yo lo sabía. Fusilarme ellos a preguntas sin sentido, hacer yo que rebotaran todas las balas no hizo que entendieran mejor. Menos aún, que supieran hacer.

Corregí el primer examen. Mucho boli rojo, ejercicios enteros tachados, ya digo: la debacle. Casi el 50% tuvo menos de un dos. 80% de suspensos, en total.

Lo bueno de tocar fondo es que la cosa ya no puede ir peor. Cambiamos la dinámica de la clase. Más trabajo personal, más trabajo por grupos, menos explicaciones. Más hojas de ejercicios. Trabajan bien en grupos. Avanzamos. El clima no es de tormenta eléctrica. Es de trabajo. Propongo y escuchan. Proponen y escucho. Y se oye ¡mierda! cuando hago el paso clave que no le salía a alguien en una ecuación. Hasta tres veces, desde tres bocas distintas en el mismo ejercicio. Se grita ¡mierda! ahí cuando se ha intentado con empeño, interpreto. Así que disculpas aceptadas y seguimos.

El segundo examen cuenta el 60%. Casi la mitad necesita un 7 ó un 8 para aprobar. Empezamos antes de la hora. Terminamos 40 minutos después de que tocara el timbre. No era demasiado largo, yo creo, pero se equivocaban y volvían a hacerlo. Y otra vez. Y otra. Hasta cinco veces, escuché. A última hora había algo de histeria colectiva. Cuando a alguien le salía algo, todos nos enterábamos, y lo mismo cuando no había modo. Son conscientes de haberse equivocado tanto que preguntaban cómo tachar una cara completa de un folio. En diagonal, sin miedo y en diagonal. Esta no sé, pero la Ampliación (de Matemáticas, que también se la doy yo), la Ampliación te la apruebo seguro, me dice C. (El examen es el lunes.)

Ahí los tengo, encima de la mesa. Han escrito hasta 4 folios ó 5 cada uno.

A ver qué tal.

martes, 8 de diciembre de 2009

Derby

Lo mío no es el fútbol. Juan Carlos me había dicho que se iba al bar a ver el partido con los amigos como el que dice: ahí te quedas, Maripaz. Y yo, venga a poner carita de perro triste, que mejor vamos al cine, los dos solos. Y él que me escucha, que me entiende y que cede: Dos condiciones, Maripaz: la peli, la elijo yo y tú compras las palomitas. Y yo pensé: Un trato justo.

El primer gol me lo coló en las taquillas. No quiero que mires, amor, es una sorpresa. Si llego a saber que me esperaba el Madrid - Barça a toda pantalla, Dolby Surround, me voy a la sala 2 a ver El baile de la Victoria.

El 2-0 llegó también antes del partido. Cubo grande de palomitas + 2 refrescos: 9,50.

Estaba aturdida, pero pensé contraatacar a partir del minuto 3: distraer al contrario, la mano en la pierna, los ojos tiernos. Ya se volvía para darme un beso y sonó un bocinazo que venía de una de esas trompetas desmontables de plástico que llevan los hinchas al estadio, que me pregunto yo todavía cómo dejarán pasar a alguien con semejante artilugio a un cine, y cómo le dejarán, además, hacer de árbitro. Me estuvo pitando fuera de juego cortando el contraataque toda la primera parte, así que bajé los brazos durante los segundos cuarenta y cinco minutos, el descuento y parte del descanso. Conseguí, por lo menos, dejar de oírlo. 2-0 quedamos. Lo mío no es el fútbol, pero a Juan Carlos le cuelo yo un par de goles a la primera oportunidad, como que me llamo Maripaz Rodríguez.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Mi plan era rendirme y tú lo sabes
navegar en un cesto a la deriva
o cavar la fosa y enterrarme dentro
mi plan era ceder.

Tu plan era inmolarte por los otros
sufrir galeras con la cara alta
tu plan era de héroe de leyenda
de sacrificio ritual.

Dices que he echado en este tiempo
aliento a aceituna con anchoa
que te gusta el vinagre en la ensalada
que prefieres cerezas para el postre.

Me alegra en este tiempo
que andemos cada uno por su lado
tú ya no sabes enarbolar banderas
yo no me dejo querer en el sofá.

martes, 24 de noviembre de 2009

Torequie

Hoy, en el taller hemos desordenado un poema. 14 versiones ha habido, por lo menos. Se trataba de jugar con los versos, con las palabras. Buena forma de deshacer bloqueos. De esas que se mandan por correo a los escritores en blanco, para dar ánimos.

El poema era de Luis Cernuda:

Te quiero.
Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;

Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría
con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.

Mi te quiero desordenado se llama Torequie, está dedicado a todos aquellos a quienes no pude decírselo con el olvido aún y a los amantes de la poesía de Luis Cernuda que se sientan ofendidos. Dice:

Te quiero viento
iracundo en la arena
animal impetuoso.

Te quiero sol
jugueteando inocente
dorando nubes.

Te quiero cielo
surcado por aves fugitivas
que huyen de la tristeza.

Te quiero vivo de repente
te quiero agua luminosa
miedo, alegría, hastío.

Vengan muerte y olvido
vengan amor y vida
a mí me basta con quererte
así.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Quiero besarte

Quiero besarte, y en lugar de un beso
te doy un cigarrillo.
Para no molestar me pongo azul
me hago de humo
me escapo entre tus manos.

Me paraliza un pudor pasajero
que inyecta una distancia entre nosotros.
Las palabras, si es que las hay, son pocas
y yo sabría decirlas.

Pero estoy intoxicada de silencio
aparto el deseo de la mirada
y lo hago tan bien
tan mal lo hago
que quiero besarte y tú no lo adivinas
quiero besarte y me quedo con las ganas.

domingo, 8 de noviembre de 2009

800 metros espalda (II)

Dice el marido de MariPaz que ella lleva demasiado tiempo rumiando las mismas ideas. Dice que debería deshacerse de todo pensamiento que lleve en su cabeza más de siete años porque se le va a apolillar el cerebro. No hay sitio para el aire fresco en una mente que es un armario oscuro, dice. A su modo de ver, MariPaz conserva todo tipo de ideas caducas en un entorno húmedo y tenebroso, como si fueran hongos cultivados. Cambio de temporada, MariPaz. Suelta de vez en cuando alguna perla. La propia MariPaz no sabe qué perlas hay en su cabeza. No es cosa de no querer lucirlas. Te huelen las frases a huesos rancios,dice él. Es nauseabundo verte decir palabras de esparto. Resuenan en mi cabeza como una letanía insoportable. MariPaz lo mira pero no se concentra. Intenta enfrentarse con una mirada fresca a la situación. Va tomando forma una perla en la cuenca de sus ojos: Él no me trata bien. Pero también en su cabeza resuena una idea de trapo como resuena un mantra: Peroyocreoquemequiere, peroyocreoquemequiere, peroyocreoquemequiere.

lunes, 2 de noviembre de 2009

800 metros espalda (I)

Si yo fuera una cucaracha me adaptaría al frío y haría lo posible por anidar en el interior de una nevera. Preferiría una despensa, pero hoy por hoy, en este lado del mundo, despensas ya no hay. No soy una cucaracha. Soy Maripaz Rodríguez, y esto pone las cosas más difíciles. Para empezar, Maripaz no es un nombre de este siglo. Es como Utopía o Entelequia. Absurdo, peregrino.

Me dice la vecina del primero ¡qué gusto me da verte, Maripaz! Cómo se nota... y me lo dice casi sin echarme en cara que libro los jueves por la tarde, que vuelvo a menudo con maletas y que nunca le doy explicaciones. Se me encaja la sonrisa entre las mandíbulas como un rictus. Subo el piso que queda y lamento que el inmueble no tenga ascensor. Sería el toque de intimidad perfecto para evitar estos encuentros. Aunque la abro como un autómata, aunque todo resplandece bajo la luz blanca, nada en mi nevera puede hacerme feliz. Aunque mi vecina lo dude, no soy una cucaracha. Soy Maripaz Rodríguez, y eso pone las cosas más difíciles.

jueves, 29 de octubre de 2009

Una historia en cinco líneas

Después de tantos años de enarbolar la misma bandera estéril, Carlos empezó a consentir. Compró un ciclomotor para su uso privado y exclusivo. Fue contratado por una multinacional y alargó la jornada y el sueldo con horas extraordinarias. Su hija aprendió que pi es más que tres catorce en un colegio de prestigio. Invirtió en bolsa. Dejó, en definitiva, de ser un rojo.
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Que contenga rojo /estéril / bandera / consentir / Carlos / tres catorce (ó pi)


miércoles, 28 de octubre de 2009

Alcalá, 32 18h00

Una tabla de frecuencias es una hoja de cálculo que se puede completar a mano. Las utilizamos en la ESO para calcular parámetros estadísticos. Basta con que suene eso: Estadística. En la ESO, lo que se ve de Estadística es cómo elaborar (con regla y compás) algunos gráficos y el modo ancestral de calcular artesanalmente la media y la desviación típica. Somos artesanos.

Dice Carlos que Wang no debería estar en su clase. Wang es sólo uno de los dos alumnos que no entienden una frase completa en una clase de 27. Es lo que se llama en Estadística un valor atípico. Tengo esperanzas con él en la elaboración repetitiva y automática de tablas de frecuencias, porque una vez que sabes las columnas que tienen que multiplicarse, las casillas son más rápidas de rellenar, con mucho, que las de un sudoku. Nombro las columnas con sus letras y señalo las casillas manuscritas en tiza, arcaicas, con las manos abiertas. Las multiplico con los brazos y muevo el tronco, buscando el asentimiento de Wang. Pero Wang dice que no con la cabeza.
Pienso que el entrenamiento con las tablas puede ayudar a Wang en algún trabajo minucioso, como el de relojero. Un trabajo de chinos, supongo.

Dice Carlos que Wang no debería estar en su clase. En casi todas las asignaturas, Wang estira el brazo izquierdo y apoya la cabeza sobre él. A veces, se duerme. Carlos no sabe cómo ayudarle, aunque se sienta a su lado, porque Wang no entiende nada. No debería estar aquí, dice. Hablando, coincidimos en que lo que Wang necesita es aprender castellano. Existe un programa, el del Aula de Enlace, que permite a los alumnos extranjeros que no hablan castellano hacer un curso de lengua y cultura durante las horas de clase por un período de 6 a 9 meses. Para Wang, el curso no fue suficiente. Quizá nosotros, y Carlos está de acuerdo, también necesitaríamos más de nueve meses para hablar chino. Deberían dejarle estar más tiempo en el Aula de Enlace, dice Carlos.

Dice Carlos, también, que aunque Wang fuera español, él cree que no pondría ningún interés en estudiar. Yo no lo sé.

Lo que Carlos no sabe, porque yo no se lo he dicho, porque me autocensuro, supongo, es que este curso se han cerrado 50 Aulas de Enlace en 50 institutos y colegios de la Comunidad de Madrid. No sabe que quizá cierren la nuestra, porque aunque el curso está empezado, las siguen cerrando. Dice la Comunidad de Madrid que con la crisis no llega el aluvión de alumnos extranjeros de otros años. Que el recurso sobra. A mí me parece que se debería utilizar en un marco más amplio, porque el hecho es que Wang no entiende, es uno de los dos alumnos entre veintisiete que no entiende nada. Estadísticamente, un valor atípico que no es digno de tener en cuenta. Pero es que, aunque sea de Matemáticas, mi cabeza no piensa en términos de Estadística.

Por eso voy mañana a una concentración por la Enseñanza Pública. Alcalá, 32. 18h00

miércoles, 21 de octubre de 2009

Hospital de campaña

Una cama de hierro y un cubo de zinc,
el dolor de cabeza
las ojeras tatuadas
la mirada perdida
el abrigo prestado
metralla en la memoria
el olor de los cuerpos.

La sirena precede
el silbar de las bombas
los escombros del hambre
las mujeres en ruinas.

Y después un silencio.

Hospital de campaña.
Una cama de hierro y un cubo de zinc.

lunes, 19 de octubre de 2009

Ni fue ni pudo ser, pero podría haber sido

Hay noches, casi todas, que no, ya no suena tu nombre en mi cabeza.
Hay días que no distingo ya tu mirada de miel del resto de miradas
que crucé con otros pasajeros del tren de cercanías
con peatones esperando que cambiara la luz de los semáforos
con vecinos que esperaban su turno en el puesto de fruta del mercado.

Se desprendió del sofá la huella cansada de tu cuerpo.
Tu voz ya no es tu voz, ya no encuentro en ella tus palabras
y hace tiempo que ya no me contagia tu risa venida a menos.

Te asomas a mi puerta algunas veces para pedirme sal.
Tú que ahora estás tan bien condimentado que no te reconozco
te sobran condimentos pero la sal, y tú eso lo sabes,
la sal la tengo yo.

jueves, 15 de octubre de 2009

Problemas que hacen pensar

Fernando no es normal. Lo dicen mis compañeros por los pasillos. Lo dice su agenda, llena de notas para su madre. No aprovecha la clase, firma su profesora de inglés. Y es una pena, porque es de inteligencia viva. Como no para quieto, su tutor lo ha sentado en la primera fila, solo. Pero él se va a buscar una escoliosis de tanto volverse hacia sus compañeros. La profesora de lengua le ha mandado un cuadernillo de caligrafía como a los niños chicos, porque tiene muy mala letra. No tiene paciencia para escribir. Es de esos niños que no paran de jugar. Juega con todo lo que tiene a mano. Si no tiene nada, juega con el aire. Le encanta aprender, pero jugando, claro. Trae a clase acertijos. Problemas de lógica para que se los ponga a los de bachillerato, me dice. A ver si los sacan. Y le da la risa infantil y traviesa.

Me he propuesto este año aprender a dar clase a los más pequeños. Enseñarles a guardar algo de orden. Yo, que soy caótica, les elijo el color del bolígrafo para los títulos y les mando copiar los epígrafes y los recuadros amarillos. Pero Fernando no copia. Dice que los profesores mandamos copiar para que pase el tiempo de la clase. Lo dice con una franqueza que amortigua la insolencia en su argumentación. Me aporta algo que me expliquen una palabra, dice. Me aporta algo pensar un problema. Pero copiar no me aporta nada.

Fernando es bueno en casi todo. Pero tiene mala letra, como digo. Y no quiere escribir. Sabe resolver los ejercicios pero no toca el bolígrafo. Se aburre, dice, porque ya los sabe hacer. Lo castigo a quedarse después de clase hasta que termine dos problemas por lo menos, y me dice que llame a su madre, porque él hasta las seis no tiene prisa. Se rinde al final y los hace en un minuto justo antes de que cierren el pabellón. Y puedo salir del órdago con la cara alta.

Lo he castigado a no proponerme acertijos hasta que no copie los recuadros amarillos. Y no los copia, porque no le aporta nada, claro. Yo le propongo que se los aprenda y los copie con sus palabras. Eso le gusta más. Y se los aprende, porque me los explica con sus palabras, pero no los copia. Algo voy a tener que hacer para que escriba, porque no sé cuánto tiempo podré aguantarme la curiosidad. Dice que tiene un problema muy bueno. Le diré que lo quiero por escrito.

De momento, ya me tiene pensando. Porque mi objetivo con su grupo es aprender a dar clase a los más pequeños. Él me hace pensar sin proponérselo. Yo le tengo que hacer escribir. Es lo justo.

martes, 13 de octubre de 2009

¿De verdad no tengo algo mejor que hacer los martes de 18:00 a 20:00?

Para nrq, porque le he robado el título (ya que me acusas de copiar, yo copio)

Aquí y ahora, blanco sobre gris
llenan el cajón la flor y la ceniza.

Aquí y ahora, frena un autobús
suena el despertador en el dorso de la mano,
se marchitan las horas del reloj
y no hay césar que mande detenerse el tiempo.

Las sillas quietas en su papel
negras en el rincón. Apiladas.
Negro sobre blanco.
Blanco sobre gris aquí y ahora.
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Puzzle de lugares y sabores en torno a ahora

domingo, 11 de octubre de 2009

La misma habitación, con otros muebles

He ido a ver a los Celtas Cortos, o debería decir los Celtas Cortísimos, porque el concierto terminó precipitadamente. Tantos chicos, tan jóvenes, saltando en el escenario sin parar tuvieron la culpa. Ellos o un escenario montado con una estructura endeble. Ellos o los tipos más fornidos de la organización, que no aguantaron más de dos canciones apuntalándolo para que no se desmoronase debajo de los músicos.

Algo así le escribía el 13 de septiembre (o alrededores) del 92. La primera de un grueso fajo de cartas en todos esos años. De aquellas que dijo que arrojaría al fuego. Las he imaginado muchas veces, escritas buscando las palabras, porque me gustaba escribir, consumidas sin llama en las ascuas de la chimenea, levantando pavesas negras.

Guardé la entrada un tiempo, porque dijeron que volverían, los Celtas. Que nos compensarían por aquel fiasco. Y yo la guardé donde guardaba el primer billete de avión, aquellas cosas. No recuerdo bien dónde. En mi cuarto. Escrituras e hipoteca de por medio, mi habitación de entonces vuelve a ser ahora mi habitación, pero con otros muebles. Después de tanta mudanza de la entrada de los Celtas, del billete de avión, de aquellas cosas ya no supe más. Y ellos se consumieron como auténticos celtas cortos, como mis cartas, dejando al principio el humo y el olor, luego ya nada.

No supe que Cifuentes había dejado el grupo ni que había vuelto después, ni que siguen tocando. No tararée ni un estribillo en diecisiete años, hasta ayer. Ayer yo no iba al concierto de los Celtas. Fue una carambola. Nos costó encontrar el lugar y ya habían empezado hacía más de veinte minutos. Empezar a escucharlos no fue repetir el 13 de septiembre del 92, fue continuar el concierto. Superar el paréntesis y encontrar lo que me mueve adelante, atrás y hacia los lados. Dice Kaos que no suenan igual ahora, dice que Cifuentes desafina. Ha perdido la voz que tenía entonces, dice. Se han perdido mis cartas también. También yo tengo un timbre cazallero. Pero sigo con mis sueños. Y esta vez los voy a soñar hasta el final.

martes, 6 de octubre de 2009

La falta de costumbre

El cansancio y los gritos en falsete
no rompen la garganta ni la voz
no se escuchan, porque son de trapo
porque son los gritos que no dimos
los gritos que no di
los que me gustaría haber dado

Ahora sé a quién gritar
sé hacia dónde
y grito contra pero no me nace
grito a, grito hacia y no se oye
y paro, porque fatiga la voz y la cabeza
andarse gritando para nada

saber que no convence
saber que no juega el grito su papel.

Ya termina el tiempo de gritar
y ahora empieza el tiempo de decir
yo tomaría la palabra, si me dejan
pero ahora, ahora sí,
se me quiebran la voz y la garganta.

domingo, 4 de octubre de 2009

Lo siento, pero no nos queda fruta

Para A, en su cumpleaños

Después de agitarla bruscamente
introduces la mano en la bolsa de piel
y extraes primero la nariz, luego los ojos
los labios, los nudillos, un pulmón

y no hay un gesto de dolor
ni un grito por mi parte.

Me desgranas por piezas
los dientes, las uñas, el fémur derecho
me esparces por la mesa y roes las esquinas,
pieza a pieza, me piensas como un bodegón
pero pronto no encajaré en el cesto

pronto se revuelve la piel contra los dientes
pronto ruedan los huesos y se van anudando con las tripas.
Te sorprende que no pidan permiso
te sorprende porque fuiste tú
quien les dio forma,
quien royó las piezas
quien dispuso cada una en un lugar.

Ahora, tú quieto
deja que me retuerza
déjame escribir mis propias cicatrices

ni una queja, te digo
ni un gesto de pavor
ni un grito por tu parte

no te equivoques al tomar el pincel
aunque me descompongas a tu antojo
no soy, no he sido, no seré
una naturaleza muerta.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

La catastrophe

Ej. 1 Calcula:

a) 3 - 5 · 7 + 4 · 3

No levanta la mano. Esconde la hoja de ejercicios bajo el brazo derecho. La cabeza la oculta bajo el chador, y la cara la tapa con la mano izquierda. Pasan cinco minutos y yo paseo entre las mesas como siempre. Todos escriben y veo de reojo que sólo ha copiado el ejercicio. Que ha escrito una cuenta y la ha tachado. Que lleva otros tres minutos sin coger el bolígrafo. Es un bloqueo. No quiero pensar que no sabe hacer más.

Porque el siguiente ejercicio es de potencias. Y el otro, de fracciones, y luego porcentajes, y después hay polinomios y ecuaciones, teorema de Pitágoras y área del trapecio, y después un gráfico de estadística, y un dado con nueve caras para hallar la probabilidad. Es un bloqueo y me acerco, como siempre que veo uno.

Me acerco para ver si se le pasa y ella señala con el índice en la hoja el signo menos del ejercicio 1 apartado a). Este sí, me dice. Y sonríe. Señala después el signo más, tiene los ojos negros y repite: este sí. Acto seguido, sin dejar de sonreír, apunta con el índice el signo de multiplicar entre el 5 y el 7. Este no, me dice. Señala el signo por entre el 4 y el 3 y tiene quince años y repite: este no. Sonríe cuando le digo vocalizando , muy despacio, m u l t i p l i c a c i ó n.

Multiplicación no sabes, me dice. Y yo también sonrío y escribo en su cuaderno: 5 x 7. Este sí sabes, me dice. Sus compañeros, mientras tanto, aplican mal el cuadrado de una suma y han olvidado cómo se multiplican polinomios y yo contengo la respiración, el todo por el todo al escribir 7 x 8 = ... Ella deja el espacio en blanco y me dice que no. Y abre la palma de la mano, y tiene un tono más grave su voz, porque empezamos a entendernos. Hasta cinco, me dice. En Marruecos, en colegio, sólo hasta cinco.

Yo dibujo un rectángulo 7 x 8 y contamos juntas los cuadritos. 56, y lo escribo en el hueco. 56. Ahora sí sabes, me dice. Y le pongo tarea: 6 x 1 =... 6 x 2 = ... 6 x 3 =... y así hasta 6 x 10. Y ella empieza a dibujar rectángulos. Y los ojos le brillan, como cuando era pequeña, en Marruecos, y aprendió hasta la tabla del cinco. Porque quiere aprender.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

En honor a la verdad, escribo a lápiz

Apuntaba los detalles cotidianos
algunos eran mínimos,
algunos eran tópicos

escribía las mismas flores
de la misma maceta
a horas distintas en el día

en el autobús

anotaba el ritmo de los intermitentes
y también la mezcla del sudor con el humo del tráfico
el caucho quemado, y antes de los giros bruscos otra vez
el ritmo de los intermitentes
el ritmo de los intermitentes.

Gracias por su visita,
todo lo reflejaba en la servilleta.
Gracias por elegir Ryanair,
todo detrás de la tarjeta de embarque.
Me encantó el regalo, gracias,
todo en la Moleskine.

Con la noche llegan esos gestos

apurar el vaso de vacío a sorbos largos
empuñar las notas en la mano izquierda
encender la lámpara en la mesilla de noche

y esos gestos

dibujan la certeza
de pasar otro día sin vivir en primera persona,
singular o plural, vivir en voz activa
pero no deja de ser una victoria
constatar que, al menos, he tomado apuntes.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Hoy es la última vez

La última vez que enseño el canalillo
la última que calzo
las medias de rejilla,
las botas de matar.

La última vez
que me pinto las uñas
en rojo
es hoy.

No habrá más chicles
manchados de carmín
en mi boca.

Ni más hiel.
Ni más miedo
Ni más asco.

Hoy se acabó
y mañana no será.
Mañana no seré

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Rescatadas las botas del semiolvido, un ejercicio de taller de hace dos años. Lo comentó PY, por eso lo recordaba hace poco y me lo pedía.

jueves, 27 de agosto de 2009

Las botas de matar

Me pasa a menudo que me entretengo con una musaraña cuando tengo otras cosas pendientes que hacer en la cabeza. A raíz de la entrada anterior, nrq me recordó El club de los idiotas, donde aparecían unos zapatos de matar. La primera vez que le puse a alguien calzado asesino fue en el taller, a una prostituta algo insegura que se agarraba a sus medias de rejilla y sus botas de matar, pero no subí el texto al blog. No, Lalaith, seguro. Las botas de matar se quedaron grabadas a fuego, eran lo mejor, del resto del poema sólo hoy recordé las medias de rejilla. El caso es que con las botas, ni preparé maleta para mañana (ni he preparado...), ni leí ni nada. Agarré todos los cuadernos que encontré con poemas (muchos) y los estuve revisando, en busca de las botas homicidas. Me había quedado un hilo suelto, y yo, a tirar del hilo, como si fuese una gata (sin botas).

Fue como mirar un álbum de fotos. Iban apareciendo viejos versos conocidos, otros olvidados, y los poemas creciendo, cambiando a base de tachaduras. Escritos y vueltos a escribir cambiando una palabra o sin cambiar nada, sólo por irme quedando con la música. Cuadernos ilegibles para cualquiera que no contrate la visita guiada (tenía los legajos frescos en la retina al leer el Testamento de Chucho). Garabatos. Muchas veces no llegaban a nada, pero duermen ahí, aunque no descansan, imágenes, gritos, suspiros, puzzles de palabras que no llegaron a encajar. O sí.

Hay ejercicios de taller, palabras de insomnio, de todo. Son como las fotos, ya digo, cuando se imprimían todas en papel, las buenas, las malas, todas. Sólo que en contra de lo que pasa ahora, en mi caso, cuando me gusta el encuadre en papel, las paso a formato digital. Porque los cuadernos me los dejo por cualquier parte, por eso tengo un blog.

Les dejo a las botas, donde quiera que estén, órdenes que encontré como ejercicio, cinco versos con fuego:

Fuego que rompe el silencio
Fuego que nace rojo, que muere ceniza y gris
Fuego en el pecho, en el vientre
Fuego a discreción, preparen
Fuego, pelotón, apunten ¡fuego!

lunes, 24 de agosto de 2009

Con la misma canción

También a mí me pasa algunas noches
que deambulo por bares sin buscarte
me asomo en cada barra sin embargo
y pienso que tu voz me nombra por la calle.

Tampoco creas que estoy tan decidida
a sacarte del club de los idiotas
donde descansas siempre, donde maceran
aquellas golondrinas y aquellas mariposas.

Tan hondo cuajó ya saber que no se puede
que se ha esfumado la necesidad
de verte alguna vez y que eso me asegure
que es imposible ya.

También a mí me cansan los domingos
tan hinchados de sol y de campanas
el reloj de la torre de la iglesia
marca la retirada.

sábado, 15 de agosto de 2009

Pas si catastrophique que cela

La cónica, no sé si lo saben, habla varios idiomas. Español, inglés, alemán y la catastrophe. Eso dice mi amigo Etienne, de mi francés: Tu ne parles pas le français, tu parles la catastrophe! Este curso, después de una evidencia tan clara, volví a estudiar francés, después de unos cuantos años. Y aunque Etienne acabó diciendo que no era para tanto el desastre, suspendí en junio. Bueno, el examen me pilló fuera de combate y el último mes y medio no pude ir a clase, supongo que eso también tendría algo que ver.

Me dijeron las profes que me suspendían el escrito por falta de coherencia, y estoy intentando escribir redacciones, me vendrían muy bien correcciones y comentarios, consejos, lo que sea.

Estoy en Pas si catastrophique que cela.

Lo enlazaré para que veáis el enlace cuando vaya escribiendo, porque hay unos cuantos temas en los que se basan los de las redacciones. Hoy, la globalización.

viernes, 24 de julio de 2009

El tráfico fluido de las horas

Fue la camisa limpia tendida al viento,
ondeando en la cuerda,
la caricia del sol en la nuca,
el surco dibujado a lápiz en el aire,
la canica rodando huida de un bolsillo,
el instante que sucede a otro instante sin empujar
los dedos dentro de otra mano
la carcajada en el seno de otra risa.

Ayer y hoy y toda la semana
una luz nítida y apetecible
envuelve el espacio geométrico del día
en un dejarse llevar, una hermosura.

martes, 14 de julio de 2009

Lógicamente


Lógicamente, nos casamos por la Iglesia, decían Ignacio y Sara en la invitación. En realidad fue eso lo que me hizo decidirme por los zapatos dorados. No me gusta sufrir en vano, pero siendo ellos cristianos, su dios habrá aceptado gustoso el martirio de mis pies -es un dios de gustos extraños- y lo agradecerá colmando de gozo a los esposos.

Procuré distraerme en la ceremonia, observar a los niños comer sus caramelos, omitir las respuestas aunque las conociera. De vez en cuando comentábamos los momentos más interesantes el primo J y yo, y cuando el cura lo pedía por favor, nos levantábamos. Pero no grabé de las palabras más que unas sobre unas huellas en el mar y doscientos pares de huellas en la alfombra roja. Una metáfora sobre quién te acompaña en la vida. Mucho mejor doscientos pares de huellas anónimas que las del único dios verdadero. Lo que siempre me ha hecho caer en el sermón, picando en barrena, son las metáforas. Pero esta vez no fui baja, resistí con mis tacones dorados.

Después de la cena, los novios repartieron cruces conmemorativas hechas a mano con estampitas dedicadas para los ciento cincuenta o doscientos invitados. En el bolso dorado, precioso, a juego con los zapatos, deben andar cruz y estampita todavía. Perder las cosas se me da bien, no tendré dificultades.

La tía E se apellida Cruz y el primo Ignacio siempre hace la misma broma. La cruz de la familia. Tres veces se la escuché el día de la boda, las tres en que la tía E estuvo cerca. Ella no se lo tiene en cuenta, por el saber estar, pero a veces se adivina en su rostro el cansancio. Al despedirnos, volvió a decirlo:

- Tú le pones la cruz a esta familia.
- La cruz se la pones tú, que has ido uno por uno repartiéndola por las mesas, dije yo.
- Si un cristiano no reparte cruces, tú me dirás qué va a repartir.
- Hostias, lógicamente.

jueves, 2 de julio de 2009

Mira más cerca

Horizonte no hay
pero miremos los dos juntos al mismo sitio.
Y miraron volutas de cohibas auténticos
Y miraron los rostros difusos más allá.

Más allá había un niño
El niño no miraba más que un globo rojo
hinchado hasta el nudo
flotando entre un toque y otro toque,
pasó quien se lo arrebataba de las manos
alguien lo sostuvo un instante encima de su cabeza
y él esperaba a tocarlo y lo tocaba de nuevo.

Horizonte no hay.
Pero miremos juntos un globo anudado
pongamos el horizonte en las manos de un niño.

miércoles, 1 de julio de 2009

34

Ayer fue mi cumpleaños y lo celebré ya con algunos amigos. Nos tomamos unas cañas y recibí algunos regalos. A vosotros no puedo invitaros a unas cañas. -Bueno, a algunos sí: el viernes quedamos en la heladería del argentino, si os parece. Mando un mail a los que preveo que vengan y si alguien más quiere venir, que me lo mande a mí-. En todo caso, quería compartir con vosotros un poema que me regalaron ayer y que tiene que ver mucho con la reconstrucción por la que estoy pasando.

INSISTENCIA

por Pilar López Jiménez

Esperar siempre,
Insistir como el agua
en la piedra
a lametazos suaves
y tenaces.

Facilitar el milagro
animarlo con toques
de esperanza.
Soplar el aire mágico
entre los dedos
temblorosos y cálidos.

Inclusive cuando
-el milagro-
no parezca
demasiado cercano,
demasiado posible,
demasiado evidente
y sobretodo
cuando nadie lo crea
cuando nadie lo vea
cuando nadie lo espere
pero sea imprescindible
es decir, completamente
necesario que suceda.

lunes, 29 de junio de 2009

Instrucciones para la reconstrucción


De entre el revoltijo de miembros se toma un pie.
Se toman sus dedos descoyuntados
y se va insertando cada falange en su lugar.
Lo mismo, con el otro pie,
con las manos y los dedos de las manos
con el armazón de vértebras y costillas
que rodean las vísceras saturadas de plomo.

Se trata de reconstruir una persona.
De adquirir la destreza necesaria
para reconstruir a la misma persona
que no cesa de romperse.

La clave para no llegar a las lágrimas
es la automatización,
fijar como objetivo batir tiempos.

El resultado es levemente parecido al modelo
y conserva, con suerte, la voz y la sonrisa.

martes, 23 de junio de 2009

lunes, 15 de junio de 2009

Entre dos latidos

Los momentos azules estaban por terminar
ella miraba el horizonte a oscuras
sabiendo que era azul
aunque el sol se hubiese puesto.

No había añoranza ni miedo en su mirada.

Tan sólo la certeza
de la ingravidez del sueño
de mañana dibujado en la sonrisa
de la rotura del envase del aire
del rojo.

jueves, 4 de junio de 2009

Prohibido estacionar

Me empeño en construirlo y lo construyo
-sobrevivir es una lucha activa-
el momento preciso y el paisaje
y el paseo interior.
Y no pronuncio sólo
las palabras que llegan a mi boca
venidas no se sabe de dónde.

Cultivo y pastoreo y me digo
las precisas
las pocas palabras que me nacen
donde quiero yo que nazcan.
Donde otro sembró o sembré yo.
He dicho salgo de ésta, y de ésta salgo
no me duelen los brazos todavía
y tengo por si acaso a quien me saque.

Desde este astillero
mi nave estrafalaria navega
-porque lo necesito y nada más-
y soplan las nubes de bochorno
y el calor indecible a mi favor.

martes, 2 de junio de 2009

San viernes

Viernes, madrugón y metro. La historia de todos los viernes, aderezada con calor, final de curso, noche sin dormir. Madrugón y metro. Y sentada. No sé por qué, hoy los asientos de este tramo son cabales: nadie de pie, ningún asiento vacío. Frente a mí, un tipo lee Sistemas emergentes. El libro viene a mi cabeza muy recomendado, el tipo no le quita ojo, no levanta la vista ni una vez. A ver si una sonrisa tímida de madrugón de viernes. Me lo tomo vagamente como algo personal. Como aquellos domingos en que competía con tu quiniela en directo y tu carrusel deportivo. Como aquellos domingos por la tarde en que siempre ganaba yo. Pero hoy es viernes. Viernes, metro y a pesar del madrugón de mi sonrisa por encima de esos sistemas emergentes, no hay manera.

Surge una distorsión en el apacible trayecto al trabajo. Entra un mozo con gorra y se aclara la voz. Y yo me digo: Perdonen la molestia, señoras y señores, pero no. Dice bien alto: Hermanos y hermanas. Despierto del letargo de inmediato. Me giro a derecha e izquierda con exagerado gesto de indignación, pero no obtengo ninguna complicidad. El lector de Sistemas emergentes se levanta del asiento y se sujeta en la barra frente al muchacho de la gorra, que ya va diciendo: Jesucristo es el único que te salva. Jesucristo es el único que te condena. La iglesia de Cristo es la única que te puede salvar, a lo que el del libro pregunta: ¿Y es la única que te puede condenar? El predicador, confuso, contesta que sí, por lógica. Pues qué putada, se oye al fondo del vagón.

Los sistemas emergentes y su portador se bajan en la parada de la Universidad y el predicador invita a rezar por las tardes, puesto que una señora con bolso verde había aclarado que llevaba el tiempo justo para llegar al trabajo y que, por muy adorable que fuera, no tenía tiempo de adorar a nadie en el transbordo.

La línea era circular. Yo me habría quedado. La conversación se estaba poniendo interesante. No fui testigo de ninguna falta de respeto, sólo la exposición de la ley y la objeción de parte del personal, nada más. También yo trabajaba. Ya no recuerdo la cara del que se levantó primero. Ni sus ojos. Sólo su voz y su calma. Me pregunto si podré reconocerle por el libro, aunque se termine éste. Me pregunto si tendré que ponerme a predicar, para que levante la vista.

sábado, 16 de mayo de 2009

Es un avión

Paseaba yo muy digna, muy concienciada de que todas las personas merecen la oportunidad de una educación gratuita y pública, para más señas, para expresarse, para decir, decidir, leer, escribir, contar, descontar, para lo que haga falta, o por el placer de la educación. Paseaba arriba y abajo mi dignidad por casa mientras buscaba el equipaje básico para una noche de fiesta. Llaves, monedero, abono transportes y poco más. Un libro de poemas, de Laura Casielles. Soldado que huye, a juego con la dignidad herida. Cubierta gris con avión pequeñito en el medio.

Llegué al andén y perdí el tren, claro. Y un morenazo de ojos grandes se me quedó mirando.

A sus dos años comprometía. Tanto fue así que comencé a hablarle. A él y a su mamá. Vi que se fijaba en el Soldado, así que se lo dejé para que lo hojeara con tranquilidad. Vio los números. Algunos los reconocía. Otros, los decía al azar. Sabía que eran números, pero no siempre cuáles. Tenía dos años. Había pasado sus primeros tres días de guarde, me dijo su madre. Yo soy profe, le dije.

A los papás del bebito les contaba cómo pedir una plaza pública para una escuela infantil, no sabían que existiesen las escuelas infantiles públicas, siquiera. Hay muy pocas plazas, advertí. Al niño, Adrián, le mostraba el libro y le quise enseñar a decir libro, aunque tuviese una 'r ' difícil de decir, trabada. ¿Sabes lo que es esto? Le dije, mostrando el libro. Un avión, me dijo. Y ahí me conquistó: Un avión, muy bien. Es un avión y sirve para volar. No quiso que yo pilotase el avión y darnos una vuelta por el vagón, así que, simplemente, se lo di al llegar a Embajadores. Escribí mi dedicatoria para Adrián, para cuando supiera leerla, encima de la de Laura, de la que ella me escribió a mí.

Él, con una dignidad como la que sólo tienen los pilotos de avión y los niños de dos años, cogió su avión bajo el brazo con mucho cuidado de que no se cayera. Hemos ganado un lector, pensaba yo. Pero no sólo. Hemos ganado un soldado, espero, de la vida, alguien que se atreverá a volar, porque ya tuvo un avión por méritos propios con dos años, y que nos llevará de viaje, probablemente.

Un soldado que huye con la cabeza alta.

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El lunes no paro por la escuela pública: Estoy de baja. Pero no hagan planes para el 28 de mayo: manifestación. Contra la crisis: más y mejor escuela pública.

viernes, 15 de mayo de 2009

La chica del órdago.

Prefiero que no me digas nada. Eso o que me quieras sin más, como me quieres, sin dar explicaciones. Loco porque me has visto, con esa ilusión grande en la mirada. Diciéndome, mientras hablas de otras cosas, que verme es lo mejor del día. Dibujas en mis labios, en estos míos, una sonrisa que te dice, también, mientras hablamos de otras cosas. Del club de los idiotas, de paros y reparos, de lo que sea; que te dice, te digo, que te quiere. Y ya está.

Está claro que no es fácil, que tú y yo podamos compartir la vida, así como comparten las parejas la vida, es decir, de a dos. Contigo y tu mujer vamos de a tres, las dos tan contentas. Para parejas y dobles parejas, nos queda el póker, y para tríos y full o foul, o fool o como quiera que se escriba, lo mismo. Luego están los líos de fines de semana. Ponerse ciego, ya sabes. Darlo todo a grande. Con pares y juego nos los comemos vivos. 31 de mano, la real, si vale. Y así con todo, hasta mi compañero.

Pero la chica, no. La chica se fue casi siempre. Envidín a chica con mucho miedo, y yo veo. Veo por curiosidad. La chica se va en paso, casi siempre. Pero que sepas, que llevo dúplex de pitos, chica de órdago, vamos.

viernes, 8 de mayo de 2009

el club de los idiotas

yo tuve un él y lo dejamos. la historia, en principio, la corté yo, y me hice un corte radical en el pelo. como si fuera un hito en el camino.luego, le propuse volver. me miró haciendo una pausa larga y sujetando su mandíbula, alargando las vocales. cuuuaaaaandoooo teeee lleeegueeee el peelo por el hombrooo, si te loooo tiiiiñes de rubioooo platiiinoooo, a lo meeejooor hablaaamooos.

una idiotez la dice cualquiera. él ingresó en el club de los idiotas, ese día. hace años de aquello, y dolió mucho. y seguimos hablando, sin embargo.

me cortaba el pelo cada vez que bajaba de la oreja. zum Protest. al final me lo dejé largo, hasta los hombros, por lo menos. tenía razón él, a mi modo de ver: estaba más guapa.

quedamos en vernos y decidí no teñírmelo. me di un baño de color. elegí un tono violín, que es morado berenjena y el vestido que mejor me sienta. negro, tirantes, cortito, vaporoso y sencillo, a la vez. aún tenía los zapatos de matar, sus favoritos. me los puse, claro.

me miraba sin hablar apenas. porque hasta con la boca me miraba. movía la cabeza a ratos, para decir sí. sí a todo. quieres una cerveza? sí. dónde vas? al baño? te espero aquí? sí, sí. volvió después de un rato largo. se le había calentado la cerveza. me fui a los cinco minutos, cuando empezaba otra vez a asentir.

tenía razón yo: mejor, el morado berenjena. detrás de una voz dulce, hay mujeres que guardan aún un vestido de matar y unos zapatos en el armario. por si acaso. y dentro del zapato izquierdo, el número del color, claro.

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Gracias a Clau, que hizo que esto saliera a 300 ppm. Y a Jesús, que me explicó hoy lo que era el club de los idiotas.

jueves, 7 de mayo de 2009

Conversión, reconversión, paros, reparos...


Llego a la conversión recomendada, de parte de Milagritos...en esta santa atmósfera y rodeada de un aura de anonimato, he de confesar que estoy cayendo, oh María, en la conversión. De un par de años acá ahondo en el misterio de la defensa de los servicios públicos como una iluminada. Como si fueran a desaparecer todos de repente. Como si hubiera visto la luz. Y va a peor. Empecé por secundar huelgas, por aparecer (¡lo que nunca!) en manifestaciones, por cabrearme en cuerpo y alma con la santísima privatización de todo. Me afilié a un sindicato hace unos meses, secundo paros seguidos por una minoría... y noto que va a más, últimamente. ¡Quiero una (ab?)solución!
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Nada tienen que ver Milagritos y María con mis paros y reparos. Pero me han dado pie con lo de las ventajas del catolicismo y con lo de los conversos. Un regalo, descubrirlas.

martes, 5 de mayo de 2009

Somos unos privilegiados

yo también fui al monte, aunque encontré una senda desde la que no se veía ni un cable de la luz ni una carretera. y sólo se escuchaban pájaros. pájaros y el aliento de tres (íbamos tres) subiendo. pájaros y el cencerro de un burro que nos seguía. pájaros porque no sé sus nombres, porque no los distingo. pájaros y el rumor del río. bajamos al río que tenía unas piedras grandes, lisas, suaves. alguna se bañó, sin reparos por el agua helada. cada cual buscó su piedra y nos tumbamos. nos dormimos o no, no sé decirte. pasaron tantas cosas por delante de mis ojos. dice, la que llevaba reloj, que fueron diez minutos, como mucho…

garganta de los infiernos, ruta desde el centro de interpretación de Jerte. marcada en azul. no perdáis las marcas, que es fácil perderse, nos dijeron. pero no nos perdimos.

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Leí la entrada Arriba de Chucho y en vez de dejarle un comentario, le conté una ruta por el Jerte, del sábado pasado. Una belleza.

jueves, 30 de abril de 2009

Equipaje de mano

Llegarás alto, me dijo.
Yo compré una cinta métrica
y busqué el avance imperceptible
del calcio fijándose en mis huesos.

Volarás muy lejos.
Y yo estudié los mapas estelares
y pedí un telescopio
por mi cumpleaños.

Lo que tú verás,
yo no lo he visto.
Asoma, apenas se adivina.

No entendí sus palabras por entonces
y menos, el regalo que me hizo.
Fueron estas sandalias y un espejo.

domingo, 26 de abril de 2009

Para ver de sus ojos la dulzura de luz

En cuanto a la tristeza que dices, hay quien afirma que lo mejor es un buen tristicida. Los hay auténticos, dicen, que matan las penas de raíz. Que no dañan los brotes nuevos, los brazos frágiles, que no ponen la tez amarilla ni la risa hueca. Soy escéptica al respecto. Pero incluso quien los defiende admite que es difícil encontrar la fórmula mágica.

Evita entre tanto, en lo posible, tratamientos agresivos con efectos secundarios de rebote. No abuses de la ironía. A veces se confunde con la inteligencia. Si no encuentras un buen tristicida, lo mejor es aplicar un masaje con efecto inmediato para aliviar los síntomas. Uso tópico, directo a la zona afectada. Si notas escozor de ojos o un nudo en el estómago, abandona. Coge la pluma y vuela. Déjate acariciar los labios por el sol sin diluir o por la lluvia en gotas, si es que llueve.

Llama a quien quizá te pregunte si duele, pero asegúrate de que pregunta sin hacer daño. Busca un espejo que no te mienta, pero que te favorezca. Un espejo que te vea como eres, de cristal. Que no te pida que le demuestres nada.

Para demostrar, ya están las matemáticas.

miércoles, 22 de abril de 2009

Aritmética elemental

Hoy es martes y en Badajoz son las cuatro y veinte de la tarde. Para Álvaro comienzan los minutos más lentos del día. El sol de mayo a estas horas de la tarde es incompatible con la aritmética. Eso lo saben en Lima, como diría el maestro.

En Lima son las nueve y veinte de la mañana. Gabriel llegó puntual a la escuela y está sentado en el pupitre quince minutos antes que sus compañeros. Alguna legaña estorba, pero él se afana y emborrona el cuaderno como un autómata.

Los últimos diez minutos de la clase los dedica Pedro a preguntar las tablas a los niños. Álvaro agacha la cabeza o hace que escribe. A veces confunde 7x8 con 6x9.

¿6x9? -pregunta el profesor.
¿56? -pregunta el niño.
¡54, Álvaro, son 54! Son 54 aquí y en Lima.

En Lima, entretanto, Gabriel escribe bajo la mirada atenta de la señorita Marleny: 6x9=54, 6x9=54, 6x9=54... Doscientas veces, le dijo.

Seis por nueve son cincuenta y cuatro, pero en Badajoz no lo saben todos. Tampoco lo saben en Lima.

martes, 21 de abril de 2009

Hábitos de trabajo

Los niños tenían sólo cinco años. Afilaban los lapiceros y ponían las virutas en un cucurucho de papel. Le cerraban la boca y lo guardaban en el cajón. Sacaban la goma de borrar. Dibujaban el dinosaurio. Empapelaban después las mesas con periódicos y sujetaban el dibujo encima con papel celofán. Se ataban unos a otros los mandiles. Se arremangaban hasta los codos. El maestro ponía agua en todos los vasos de plástico. Entonces, y sólo entonces, sacaban los pinceles perfectamente limpios y abrían las témperas. En aquel tiempo, los niños de cinco años todavía pintaban con témperas.

Yo miraba aquel dinosaurio, porque yo sé bien que es un dinosaurio, y recordaba las palabras del maestro: Sentarse a pintar es como sentarse a comer. Lo primero: poner bien la mesa. Nadie come sin colocar el mantel, luego los platos, los vasos, los cubiertos, el agua, el pan, las servilletas.

Miré aquel dinosaurio descolorido y entonces, sólo entonces, me di cuenta de que llevo meses comiendo cada día sin sentarme a comer.

jueves, 16 de abril de 2009

Levantemos el corazón

Jugamos a perder tantas veces, sin saberlo,
a pedir galones para el corazón,
a que el corazón trascienda
y se vaya lejos, más lejos que las nubes,
más que el avión que hay encima de las nubes.

Lejos, donde ya nadie sabe de latidos,
el corazón bombea sangre negra
que no llega a los pulmones.

Bombea, si es que late.

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Desde un suspiro del revés llegan estas palabras. Es lo que tiene, pasarse por la casa de Una vida lo que un sol: que se te caen las palabras al teclado.

Poema exprés

A nrq, que lo rescató del olvido

Cuatro esquinas redondas
en mi mano cerrada.
Corazón de cristal
-silencio-
que no late.

jueves, 9 de abril de 2009

Anoche soñé con hoy. Despertaba aquí, en esta cama,

tenía una cicatriz en el talón izquierdo.

Recordaba la tarde de ayer, vuestras fotografías,

los puerros enredados en jamón

y que los niños reían toda la tarde

justo como rieron ayer toda la tarde.


Miguel jugaba al béisbol con la azada.

Juan se agachaba, las manos en la tierra,

besando margaritas, prometiéndoles riego.


Soñé con hoy de forma repetida, distinta cada vez

y acontecían días parecidos al que hoy amanece.

En el sueño también se escuchó el picapinos ,

el que me ha despertado esta mañana.

En el talón, sin embargo, esta mañana

donde debía estar la cicatriz, estaba aún la herida.

martes, 31 de marzo de 2009

Desaparecido sin combate

Podría vivir perfectamente en el bolso de mi amiga Laura, me decía D hace poco, como alternativa al alquiler. Yo he alojado estos días a un soldado dentro de mi bolso. Soldado que huye es un poemario de Laura Casielles. Nos hablaba ella en la presentación del libro de la derrota y la huida como actitud, como decisión premeditada, antes de la batalla.

Esta tarde pensaba yo que mi soldado no podía perder el norte: en distinta cremallera, pero en el mismo bolso, puse un silbato la semana pasada. Un silbato profesional, afinado, con termómetro y brújula, que encontré en un bazar junto a la plaza de Canalejas.

Es increíble lo que cabe en el bolso de una mujer. Cabe un soldado, un silbato, una barra de labios, un cuaderno de espiral, bolígrafos, dos exámenes por corregir, un paquete de chicles. El pendrive lo olvidé en casa. El teléfono, en el bolsillo, y la agenda la encontré en la mano al querer meterla en el bolso.

Cuando una bola se atasca en un pinball, empiezan a saltar todos los resortes, automáticamente, para liberarla. Así, yo. Volví sobre mis pasos tres veces, abriendo puertas, levantando abrigos, mirando bajo las mesas. Buscándolo, uno, grande, verde. Una hora después asumí la evidencia: no estaba. Era tarde de reuniones, sin alumnos, y el bolso no estaba. No acepté en mi cabeza más posibilidad que la desintegración material del objeto. Supuse un atentado suicida del soldado que lo habría transformado en cráter. Pero anulé las tarjetas, por si acaso.

He hecho todo tipo de combinaciones en mi cabeza para acudir mañana a la comisaría, la caja de ahorros, el centro de salud, el estanco, la cerrajería. He esperado, sin embargo, por si el soldado encontraba el norte y volvía, silbato en mano, a casa por su propio pie. No me ha defraudado. Esta noche lo encontraron atrincherado detrás de un contenedor de reciclaje. Ya me han dado parte. La vuelta a casa tendrá un coste. Demasiado alto, para el presupuesto. En efectivo. Con todo, estamos satisfechos porque las tropas regresan a casa.

martes, 24 de marzo de 2009

Podría haberla amado

Era despierta, y él sabía que, en su cabeza, ella le terminaba las frases. Aunque no siempre las dijera. Él era artista y podría haberla amado.

Dibujaba, y más que tomarla de modelo, ella se iba delimitando por las líneas de contorno del dibujo. Una vez adaptada al papel, lo hacía moverse, cobraba vida. Más tarde él se cansó de dibujar. Se hizo poeta. Ella se creía todas las metáforas. Empezó a vivir en ese mundo de imágenes y las habitaba. Abría los ojos a la nada, y la luz se iba haciendo con las palabras de él.

A él le gustaban los versos de ella. Más que los renglones completos, por goleada. Así que ella aprendió a hablar en octosílabos. Contuvo el aliento cuando él se hizo escultor, y se mimetizó con una escultura policromada.

Al poco él dejó de acariciarla, de delimitarla, de darle el punto final a cada instante. Ella pensaba que no podría sostenerse. Por un segundo, creyó morir.

Después respiró, a duras penas, bajo su piel cubierta de polvo de arroz y su kimono de seda natural. Empezó a escribir diálogos, a pasear desnuda por la casa y a echarle la culpa a él, de haberle amado como una geisha.

sábado, 21 de marzo de 2009

Los viajes por hacer

El sol, la edad, el viento, los viajes que no hice
toman cuerpo de arena en los zapatos.

Hurgan la cicatriz en busca de la herida
inventarios de daños, acuses de recibo,
circunstancias no dadas,
caminos que escaparon de mi itinerario.

En los viajes por hacer está tu boca.
Tu boca, cuanto antes,
mi lengua quiere ir, también mis dedos
mi sexo y ese hueco que forman las clavículas
con el resto de mí.

Ahora la nieve se deshace debajo de mis pasos
y en el fondo oscuro veo reflejos de luna y de neón.

martes, 17 de marzo de 2009

Oración

Te damos gracias, oh Corte Inglés Supremo, por la promesa que nos hiciste, desde antiguo, de devolvernos el dinero si no quedamos satisfechos. Te pedimos perdón por la niebla, tú sabes que es casi inconsciente, que aflora alguna vez y pone en duda que tú (oh, tú, sí tú) seas capaz de satisfacernos, tú que eres especialista en mí. Tú que eres especialista en cada uno de nosotros, disipa esta, nuestra pequeña inseguridad, esculpe tus eslóganes a fuego en el corazón, que disfruta en ti de un anticipo de la primavera cada año, escúlpelos y sabes que te pagaremos en efectivo o con tarjeta o con la tarjeta de compras de El Corte Inglés ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Me dio pie Txe, para escribirla, con aquel post, El Corte Inglés te ama, y nrqiii, con una oración que me mandó por correo, para subirla aquí

lunes, 16 de marzo de 2009

Definitivamente, no era el día para enredar en la plantilla. Bajando La Maliciosa, ayer me caí un número indeterminado de veces. Indeterminado, pero de dos cifras, creo. Hoy he roto dos platos, un vaso y una jarra, eso y un paquete de pasta. Los tiburones han invadido mi cocina. No era el día de enredar, pero he enredado.
Durante un tiempo, la soledad ha dejado de existir (el blog); al poco, he conseguido resucitarla, y ha vuelto la misma soledad, pero más sola. Sin enlaces. Espero recuperarlos.

domingo, 8 de marzo de 2009

8 de marzo: el amor no es violencia





7 u 8 años llevan en el IES Salvador Allende trabajando para la igualdad. Si el cambio es posible, pasa por la escuela, así que para el 8M se revoluciona el instituto, se pone patas arriba buscando que el mensaje llegue. El lema de este año: el amor no es violencia.Se echan las fuerzas, aquí, que a veces no se tienen.

No deja de ser esta le plus beau métier du monde..., la profesión más bonita del mundo. Cuando deje de serlo, yo me bajo

Una noche sin ti

Después de tanto tiempo

con tu huella en mi piel por las mañanas

anoche ya no dormí contigo.


Me acosté con el vértigo

del hueco en tu lado de la cama.


Me enseñaste a soñar alguna noche

te lo concedo. Pero nunca te quise.



Te llevo aún en la sangre,

aún me hierves. Están frescas

tus marcas en mi cuerpo.

Duelen todas. Quiero

dejar de llorarme las heridas

alejarme del campo de batalla

respirar, por ejemplo.


Concederme caprichos por el día

como un aguacero de mañana.


Te desprecio ahora

en el instante único

en que despierto al sueño

y espero el día

-llegará-

en que no cuente las noches.

jueves, 5 de marzo de 2009

Ikariotikos

Ikaria es una isla griega. En la que cayó Ícaro, al parecer, las alas derretidas. Sus costas son espectaculares, sus habitantes son alegres, les gusta bailar al aire libre. Se juntan cientos de ellos en la plaza, en agosto y bailan abrazados por la espalda. Jalean a los violinistas pidiendo guerra y los violines los desafían tocando más rápido de lo que se puede bailar. O eso creen. El baile es de pasos sencillos. No he estado en Ikaria (aún), pero lo aprendí hace un par de años. Algo tienen estas danzas ancestrales, que incluso al son de un CD en un parque cualquiera, te llevan un poco a las nubes, en cuanto hace un algo de sol. A veces me lo tomo sólo como una celebración. Otras pienso que estos pocos pasos son los primeros que me llevarán a Ikaria.

lunes, 2 de marzo de 2009

Mujer azul, decúbito supino

Una mujer azul de cabellera ilustre
se tumba entera en la camilla.
La blusa abierta amenaza
con mostrar alguna marca despreciable.
Escapan del corazón amargo
volutas dulces de humo.
El rápido latir no esconde
un dolor lento, rojo y lento
que callado grita
desde el armazón cerrado.

Hay paquetes llenos de palabras vacías,
palabras troceadas y puestas a secar
en el silencio más estrepitoso.

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Poema de contrarios: ilustre-despreciable azul-rojo estrepitoso-callado rápido-lento abierto-cerrado dulce-amargo vacío-lleno entero-troceado

viernes, 27 de febrero de 2009

lunes, 23 de febrero de 2009

Prefiero mi libro de bolsillo

Paisaje cotidiano de rostros
absortos en la nada levemente mecidos
por la marcha de un tren de cercanías.

Al fondo del vagón una mujer
no tiene dinero, no quiere molestar
no tiene trabajo, su voz rompe
el compás del traqueteo, sus ojos
se lamentan apagados.

De los viajeros,
sólo uno enciende la mirada por encima
del periódico gratuito.

En un asiento
deposita pieza a pieza dos billetes de veinte,
lo suelto, las tarjetas, las claves apuntadas
y con un solo trayecto cancelado,
un bono de diez viajes.

También quiere que se lleve el reloj.

Ella coloca el bono,
las tarjetas, las monedas,
las claves, los billetes de veinte
en la cartera.

La cartera en las manos de él.

No intercambian palabra. Él intenta decir
mi dinero es tan bueno como el de otro cualquiera

mis monedas son buenas.
Pero no dice nada.

Yo no miro
y sin embargo, veo que bajan juntos
llevados del silencio de las manos.

Si esto es amor, yo francamente
prefiero mi libro de bolsillo.



lunes, 16 de febrero de 2009

La poeta le da al play

Cable Hogue tiene en su blog una sección en marcha que se llama El poeta le da al play. En ella hay poemas leídos por los autores que cuelga periódicamente. Aún hay pocos, porque es una sección nueva. Este mes, La cónica le da al play en la sección, así que podéis encontrar ahí dos poemas: Mujer de poca fe y Con la misma piedra (antes Con determinación).

Con mi voz dulce y aterciopelada, que igual no la conocéis, y mi cara redonda y sonriente con un restaurante en La Latina de fondo.

Muchas gracias, Cable por hacerlo posible. Estoy encantada.

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Nota mental: Gracias a Ch. por hacer que el blog se note más mío, y a C. por buena anfitriona, y a Cable, por recibirme en su blog.

viernes, 13 de febrero de 2009

Re: El amor, ¿otra forma de afasia?

afasia.

(Del gr. ἀφασία, imposibilidad de hablar).

1. f. Med. Pérdida o trastorno de la capacidad del habla debida a una lesión en las áreas del lenguaje de la corteza cerebral.




debió ser el silencio total de dos amantes. ya me caben cada vez menos dudas. se acabaron los sonidos guturales, los golpes de esternón para lucir palmito, se acabó devorarse con los ojos pero aún quedaba más. inventaron, esa es mi hipótesis, para seguir bebiéndose, las palabras. desde entonces es imposible pronunciarlas, algunas veces.

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En respuesta a Roberto, por este poema. Hay versos que me dejan sin palabras. Los de Roberto, sin embargo, me suelen despertar las ganas de escribir. Fue justo después de escuchar a Manuel Rivas en un café literario, también he de decir. No os lo perdáis si tenéis ocasión de escucharlo. Además de gran escritor, gran contador de historias. Ganas dan de escucharlas, de saberlas, de inventarlas, de escribirlas.

martes, 10 de febrero de 2009

Los cordones de los zapatos

Qué fácil fue decir
no sabía lo que hacía
debió perder la cabeza,
Dios lo perdone.

Qué fácil fue creer
que fue un capricho
que fue la maldición
de un gen atravesado.

Pero no fue tan fácil
en la celda amarilla
encontrar la salida sin ventana.

Lo hicieron posible
la tubería del gas,
el taburete
y los cordones
de los zapatos.
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Ejercicio del taller: Un poema exprés con los cordones de los zapatos

martes, 3 de febrero de 2009

Naufragio


Hemos salvado la vida,
como un pájaro
de la trampa del cazador;
la trampa se rompió
y escapamos.

Salmo 123







Ocho años y un día
-recuerdo bien la fecha-
zozobrando. Saltaste
de barco en barco de papel,
luego al vacío. Grabé el momento
en la memoria sin pulsar ningún botón.

Ocho años -quizá más- que se abren
tus ojos, pero no miran, que pronuncias
quince, cincuenta, cien palabras
a una hora fijada cada día
ni opinión, ni queja ni argumento,
palabras huecas. Nada más.

Saltaste buscando el horizonte, dices.
Buscando. La vida es, pero tú
te la imaginas. Lo prefieres así.

Hay aves -dices- que sólo pueden
vivir entre barrotes
que sólo encerradas cantan.
Y lo dices con las alas rotas
en la jaula, riendo a carcajadas
tus risas de cartón.

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Los naufragios me rodean, por todas partes.

martes, 27 de enero de 2009

Derrama

Ya ha pagado el del cuarto, el proxeneta
como en cada derrama
religiosamente.
No quiere ser una carga
para la Comunidad. Cumple
con sus deberes de vecino
ya le enseñó Capone que en los negocios sucios
no hay peor horizonte que el juzgado.

Las putas, invisibles, no se oyen
pero sé que están, por los clientes
que se equivocan y llaman a mi casa
alguna vez. Este año, y eso me preocupa,
no encendieron en Navidad las luces.
No llegó el aire fresco del descaro
no llegaron las risas esta vez.

Los vecinos respetables, trabajados
se mudaron hace años con sus prótesis
de cadera, con sus meniscos rotos,
artrosis y reumas.

Les compramos los pisos por más de lo que valen,
por más de lo que valen compraron ellos otros
con ascensor. Una herencia, una hipoteca,
los ahorros, si es que a alguno le daba para ahorrar
pagaron la distancia entre las cifras.

Así que no conozco a los vecinos
y ya no sé si es que son las putas
las que me encuentro a veces, tan calladas
o es que son otras inquilinas
extrañas para mí, mirada triste,
que no saben tampoco nuestro idioma.

Es de noche
y el secretario de la Comunidad
llama a mi puerta
blandiendo un talonario de recibos.
No ha habido reunión, y yo no pago
-piénsalo bien, que cortarán el agua-
por no discutir más cierro la puerta

y lavo todo de forma compulsiva
los platos y los suelos, la colada.
Riego los tiestos y hago tiempo
para tender los trapos en el patio.
De madrugada, desde su ventana
ellas tienden también.

Si nos cortan el agua viviré con mis padres,
volveré a casa un tiempo. Y me sonrío.

Mi sonrisa la empaña
la imagen de la casa de las putas
sin el agua corriente. Sin salida.

sábado, 24 de enero de 2009

Recital de Mercedes Díaz Villarías


Mercedes Díaz Villarías, también conocida como Eme o Superwoobinda, lee en Madrid el martes. Algunos la conocéis, otros no. Eme es una artista. Ella sabe meterse por los oídos y por los ojos hasta el almacén donde duermen, revueltos, los recuerdos, y hacer llegar recuerdos nuevos, de momentos que no he vivido. Lo de Eme, sin duda, es otra cosa. Me costó un poco empezar a leerla, empezar a seguirla, pero vuelvo de vez en cuando a Jack, a Mi nombre es rojo, a las Canciones en Braille, y cada vez disfruto más.

Os diría que os paséis, y si no quedáis satisfechos, invito yo a las cañas, pero al parecer hay barra libre y canapiés, como ella decía.

Esto será el martes 27 de enero a las 19:30 en Le Crew, un bar en la C/ Caños del Peral, 11. Metro Sto. Domingo, Callao y Ópera. Hay que llevar, eso sí, es en serio, el DNI, (aunque yo no lo voy a pedir: podemos quedar en el anonimato) sólo hay que enseñarlo en la puerta, por el humo y la barra libre, supongo.

jueves, 22 de enero de 2009

Todo apunta a que papá se jubila




Quise decir: todo apunta a que jubilan a papá

Jubilación:porque le has dado tanto de ti mismo a la empresa que ya
no te queda nada que nos pueda ser útil.



lunes, 12 de enero de 2009

POEMA DE ENCARGO

Por favor,

quiero un poema en que aparezca una ventana y una puerta. Que tenga horizonte, un poco de corriente y donde se respire aire fresco en algún verso. Un poema con una salida...

¡Gracias!
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Esto viene de un ejercicio del taller; me contuve para pedirlo como regalo de Reyes, pero tal y como está el mundo, ahora me parece apropiado. Me valen relatos, también.

sábado, 10 de enero de 2009

De mal gusto

La saliva era gorda
y en la boca encajaban
los dientes amarillos,

los restos de cordero
y una lengua áspera,
una lengua blanda que lo llenaba todo.

El sabor del humo concentrado,
el asco, la despertó de golpe.

Empujó con las dos manos el cuerpo.
Consiguió separarse de la boca
y escupir. Escupió hasta cinco veces.

Después, continuó su camino.