domingo, 29 de noviembre de 2009

Mi plan era rendirme y tú lo sabes
navegar en un cesto a la deriva
o cavar la fosa y enterrarme dentro
mi plan era ceder.

Tu plan era inmolarte por los otros
sufrir galeras con la cara alta
tu plan era de héroe de leyenda
de sacrificio ritual.

Dices que he echado en este tiempo
aliento a aceituna con anchoa
que te gusta el vinagre en la ensalada
que prefieres cerezas para el postre.

Me alegra en este tiempo
que andemos cada uno por su lado
tú ya no sabes enarbolar banderas
yo no me dejo querer en el sofá.

martes, 24 de noviembre de 2009

Torequie

Hoy, en el taller hemos desordenado un poema. 14 versiones ha habido, por lo menos. Se trataba de jugar con los versos, con las palabras. Buena forma de deshacer bloqueos. De esas que se mandan por correo a los escritores en blanco, para dar ánimos.

El poema era de Luis Cernuda:

Te quiero.
Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;

Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría
con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.

Mi te quiero desordenado se llama Torequie, está dedicado a todos aquellos a quienes no pude decírselo con el olvido aún y a los amantes de la poesía de Luis Cernuda que se sientan ofendidos. Dice:

Te quiero viento
iracundo en la arena
animal impetuoso.

Te quiero sol
jugueteando inocente
dorando nubes.

Te quiero cielo
surcado por aves fugitivas
que huyen de la tristeza.

Te quiero vivo de repente
te quiero agua luminosa
miedo, alegría, hastío.

Vengan muerte y olvido
vengan amor y vida
a mí me basta con quererte
así.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Quiero besarte

Quiero besarte, y en lugar de un beso
te doy un cigarrillo.
Para no molestar me pongo azul
me hago de humo
me escapo entre tus manos.

Me paraliza un pudor pasajero
que inyecta una distancia entre nosotros.
Las palabras, si es que las hay, son pocas
y yo sabría decirlas.

Pero estoy intoxicada de silencio
aparto el deseo de la mirada
y lo hago tan bien
tan mal lo hago
que quiero besarte y tú no lo adivinas
quiero besarte y me quedo con las ganas.

domingo, 8 de noviembre de 2009

800 metros espalda (II)

Dice el marido de MariPaz que ella lleva demasiado tiempo rumiando las mismas ideas. Dice que debería deshacerse de todo pensamiento que lleve en su cabeza más de siete años porque se le va a apolillar el cerebro. No hay sitio para el aire fresco en una mente que es un armario oscuro, dice. A su modo de ver, MariPaz conserva todo tipo de ideas caducas en un entorno húmedo y tenebroso, como si fueran hongos cultivados. Cambio de temporada, MariPaz. Suelta de vez en cuando alguna perla. La propia MariPaz no sabe qué perlas hay en su cabeza. No es cosa de no querer lucirlas. Te huelen las frases a huesos rancios,dice él. Es nauseabundo verte decir palabras de esparto. Resuenan en mi cabeza como una letanía insoportable. MariPaz lo mira pero no se concentra. Intenta enfrentarse con una mirada fresca a la situación. Va tomando forma una perla en la cuenca de sus ojos: Él no me trata bien. Pero también en su cabeza resuena una idea de trapo como resuena un mantra: Peroyocreoquemequiere, peroyocreoquemequiere, peroyocreoquemequiere.

lunes, 2 de noviembre de 2009

800 metros espalda (I)

Si yo fuera una cucaracha me adaptaría al frío y haría lo posible por anidar en el interior de una nevera. Preferiría una despensa, pero hoy por hoy, en este lado del mundo, despensas ya no hay. No soy una cucaracha. Soy Maripaz Rodríguez, y esto pone las cosas más difíciles. Para empezar, Maripaz no es un nombre de este siglo. Es como Utopía o Entelequia. Absurdo, peregrino.

Me dice la vecina del primero ¡qué gusto me da verte, Maripaz! Cómo se nota... y me lo dice casi sin echarme en cara que libro los jueves por la tarde, que vuelvo a menudo con maletas y que nunca le doy explicaciones. Se me encaja la sonrisa entre las mandíbulas como un rictus. Subo el piso que queda y lamento que el inmueble no tenga ascensor. Sería el toque de intimidad perfecto para evitar estos encuentros. Aunque la abro como un autómata, aunque todo resplandece bajo la luz blanca, nada en mi nevera puede hacerme feliz. Aunque mi vecina lo dude, no soy una cucaracha. Soy Maripaz Rodríguez, y eso pone las cosas más difíciles.