jueves, 21 de enero de 2010

La soledad en suspensión de pagos

Me saben a surimi, los poemas.
los puzzles de palabras desgastadas
los trucos, si es que hay trucos.

Buscando la verdad, las obviedades
me saben a pan encanecido,
me huelen a agua con lejía.

No quisiera extenderme
con el tacto de esparto por la lengua
no quisiera molestar los sentidos
por tan poca cosa.

Yo creía, creía que un poema...
no he dejado, del todo, de creerlo
pero estoy agotada de creer
como ha sucedido ya otras veces.

Mi plan de romper la soledad
se romperá en el cine por las tardes
quizá me compre un perro o me aficione
a cantar karaoke los domingos.
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Volveré, para deciros de un librito que está a punto de salir: Mangueras rojas y azules,en el que ven el papel algunos poemas que andan por aquí, junto a los de algunas poetas latinoamericanas. Habrá presentación en Madrid y en Zaragoza, aún no se sabe bien cuándo. Os daré los detalles cuando los sepa, por si queréis ir.

Por lo demás, un placer.

Quien hizo un cesto hizo ciento, pero aquí, me quedo en 99. Poemas

martes, 12 de enero de 2010

Granada tuvo que ser

Miran la nieve
los ojos de Zoraida.
El cielo en la ventana relampaguea
y la luna no asoma
en la noche negra.

El patio de la acequia
guarda escondida
una canción callada
que enturbia el día
el corazón
de Zoraida se mueve
y baila al son
que la acequia diga.

Y la canción
inunda a borbotones
la celosía.

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La canción de Granada no tiene letra, pero Granada canta por alegrías. Me mueve el son y la letra que pide la invento yo. Subiendo a la Alhambra o al Albaycín, subiendo al Sacromonte taconeaba, y tenía en la cabeza una canción. No sé si era esta o era parecida. La escribo sobre todo para tener constancia escrita del ritmo que ponía la ciudad cuesta abajo y cuesta arriba.

¿La cuna del flamenco? Granada tuvo que ser. El gitano, en Le chien andalou, se inventaba la letra. Qué más da la letra. Importa el compás. Los gitanos saben escucharle a Granada el compás. Habrá quien piense que el embrujo y el tempo los notaba yo porque leía a Lorca de madrugada, que se clavaba en el sueño, que me marcaba el ritmo del pensamiento. Porque las botas eran de tacón. Porque llovía. No digo yo que no. Puede ser. Pero nunca como en Granada me supo Lorca igual. Ahora entiendo. Y el flamenco, se quedaría mi abuelo de una pieza si viviera, el flamenco, aunque no entienda, me llega al alma. Será que tiene verdá.