sábado, 24 de noviembre de 2007

Del taller

Vayan como propuestas, por si queréis recogerlas. MJ nos ha propuesto en las últimas semanas, entre otras muchas cosas, escribir un poema ordenado, describir una palabra a través de un personaje (en mi caso la palabra era ausencia, pero había alegría, soledad, miedo, sed, entusiasmo...), en el tercero que escribo sólo nos dio el título: "Preguntas para el alma"

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POEMA ORDENADO (FIBONACCI)

Uno.
Singular masculino,
indefinido numeral. Yo.
Tú lejos de todas partes
lejos de aquí, tú.

Una.
Femenino singular
numeral indefinido.
Profundidad única
y cercana. Sí.

Dos.
Ojos que no miran
que se distraen
en el hueco del ascensor.

Tres.
Motivos posibles.

Cinco. Minutos interminables.
Ocho tal vez.
Trece palabras en el contestador.
Veintiún años. Varón.
Complexión media.
Treinta y cuatro faltan en el frasco.
Dosis letal. Cincuenta y cinco.
Ochenta y nueve. Ciento
cuarenta y cuatro. Doscientos
treinta y tres trescientos
setenta y siete, seiscientos diez, novecientos ochenta
y siete. Dos mil quinientos ochenta y cuatro.
Vértigo. La eternidad
no llega.

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AUSENCIA

Cada día se acerca
Daniel a la ventana del colegio.
1,30 x 0,95.

Cada día se acerca
con las manoplas puestas
a eso de la una
y espera una media
de siete minutos.

Cada día aparece entre los árboles
su padre. En el tumulto
Daniel lo encuentra siempre.

Hoy no.
Son ya las cuatro menos cuarto.
No ha querido comer,
aún lleva las manoplas.
Entre los árboles
no hay niños ni padres
no hay horizonte.
Niebla sólo.
Niebla y nadie.
La nariz pegada al cristal,
Daniel espera.

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PREGUNTAS PARA EL ALMA

Hablé contigo tanto tanto tanto
que me quedé sin voz.

Tanto tanto tanto creciste
que me negabas el cuerpo y las ideas.

Marcaré la distancia.
Entenderás o no, pero bien sabes
que ya no voy a preguntarte nada.

domingo, 4 de noviembre de 2007

A un tallo arrancado

Olvidarás tu latitud y tus palabras.
Ya no dirás más
madre ni pan ni beso.
Olvidarás los colores.

Aprende pronto las farolas sucias
y el humo y los abrigos.
Aprende el gris y el lodo.

Pero acecha.

Si tropezaras con una mano
una boya o un resquicio
agárrate.
Arraiga.
Algunas veces
nace la flor en la piedra.