viernes, 24 de julio de 2009

El tráfico fluido de las horas

Fue la camisa limpia tendida al viento,
ondeando en la cuerda,
la caricia del sol en la nuca,
el surco dibujado a lápiz en el aire,
la canica rodando huida de un bolsillo,
el instante que sucede a otro instante sin empujar
los dedos dentro de otra mano
la carcajada en el seno de otra risa.

Ayer y hoy y toda la semana
una luz nítida y apetecible
envuelve el espacio geométrico del día
en un dejarse llevar, una hermosura.

martes, 14 de julio de 2009

Lógicamente


Lógicamente, nos casamos por la Iglesia, decían Ignacio y Sara en la invitación. En realidad fue eso lo que me hizo decidirme por los zapatos dorados. No me gusta sufrir en vano, pero siendo ellos cristianos, su dios habrá aceptado gustoso el martirio de mis pies -es un dios de gustos extraños- y lo agradecerá colmando de gozo a los esposos.

Procuré distraerme en la ceremonia, observar a los niños comer sus caramelos, omitir las respuestas aunque las conociera. De vez en cuando comentábamos los momentos más interesantes el primo J y yo, y cuando el cura lo pedía por favor, nos levantábamos. Pero no grabé de las palabras más que unas sobre unas huellas en el mar y doscientos pares de huellas en la alfombra roja. Una metáfora sobre quién te acompaña en la vida. Mucho mejor doscientos pares de huellas anónimas que las del único dios verdadero. Lo que siempre me ha hecho caer en el sermón, picando en barrena, son las metáforas. Pero esta vez no fui baja, resistí con mis tacones dorados.

Después de la cena, los novios repartieron cruces conmemorativas hechas a mano con estampitas dedicadas para los ciento cincuenta o doscientos invitados. En el bolso dorado, precioso, a juego con los zapatos, deben andar cruz y estampita todavía. Perder las cosas se me da bien, no tendré dificultades.

La tía E se apellida Cruz y el primo Ignacio siempre hace la misma broma. La cruz de la familia. Tres veces se la escuché el día de la boda, las tres en que la tía E estuvo cerca. Ella no se lo tiene en cuenta, por el saber estar, pero a veces se adivina en su rostro el cansancio. Al despedirnos, volvió a decirlo:

- Tú le pones la cruz a esta familia.
- La cruz se la pones tú, que has ido uno por uno repartiéndola por las mesas, dije yo.
- Si un cristiano no reparte cruces, tú me dirás qué va a repartir.
- Hostias, lógicamente.

jueves, 2 de julio de 2009

Mira más cerca

Horizonte no hay
pero miremos los dos juntos al mismo sitio.
Y miraron volutas de cohibas auténticos
Y miraron los rostros difusos más allá.

Más allá había un niño
El niño no miraba más que un globo rojo
hinchado hasta el nudo
flotando entre un toque y otro toque,
pasó quien se lo arrebataba de las manos
alguien lo sostuvo un instante encima de su cabeza
y él esperaba a tocarlo y lo tocaba de nuevo.

Horizonte no hay.
Pero miremos juntos un globo anudado
pongamos el horizonte en las manos de un niño.

miércoles, 1 de julio de 2009

34

Ayer fue mi cumpleaños y lo celebré ya con algunos amigos. Nos tomamos unas cañas y recibí algunos regalos. A vosotros no puedo invitaros a unas cañas. -Bueno, a algunos sí: el viernes quedamos en la heladería del argentino, si os parece. Mando un mail a los que preveo que vengan y si alguien más quiere venir, que me lo mande a mí-. En todo caso, quería compartir con vosotros un poema que me regalaron ayer y que tiene que ver mucho con la reconstrucción por la que estoy pasando.

INSISTENCIA

por Pilar López Jiménez

Esperar siempre,
Insistir como el agua
en la piedra
a lametazos suaves
y tenaces.

Facilitar el milagro
animarlo con toques
de esperanza.
Soplar el aire mágico
entre los dedos
temblorosos y cálidos.

Inclusive cuando
-el milagro-
no parezca
demasiado cercano,
demasiado posible,
demasiado evidente
y sobretodo
cuando nadie lo crea
cuando nadie lo vea
cuando nadie lo espere
pero sea imprescindible
es decir, completamente
necesario que suceda.