miércoles, 23 de septiembre de 2009

La catastrophe

Ej. 1 Calcula:

a) 3 - 5 · 7 + 4 · 3

No levanta la mano. Esconde la hoja de ejercicios bajo el brazo derecho. La cabeza la oculta bajo el chador, y la cara la tapa con la mano izquierda. Pasan cinco minutos y yo paseo entre las mesas como siempre. Todos escriben y veo de reojo que sólo ha copiado el ejercicio. Que ha escrito una cuenta y la ha tachado. Que lleva otros tres minutos sin coger el bolígrafo. Es un bloqueo. No quiero pensar que no sabe hacer más.

Porque el siguiente ejercicio es de potencias. Y el otro, de fracciones, y luego porcentajes, y después hay polinomios y ecuaciones, teorema de Pitágoras y área del trapecio, y después un gráfico de estadística, y un dado con nueve caras para hallar la probabilidad. Es un bloqueo y me acerco, como siempre que veo uno.

Me acerco para ver si se le pasa y ella señala con el índice en la hoja el signo menos del ejercicio 1 apartado a). Este sí, me dice. Y sonríe. Señala después el signo más, tiene los ojos negros y repite: este sí. Acto seguido, sin dejar de sonreír, apunta con el índice el signo de multiplicar entre el 5 y el 7. Este no, me dice. Señala el signo por entre el 4 y el 3 y tiene quince años y repite: este no. Sonríe cuando le digo vocalizando , muy despacio, m u l t i p l i c a c i ó n.

Multiplicación no sabes, me dice. Y yo también sonrío y escribo en su cuaderno: 5 x 7. Este sí sabes, me dice. Sus compañeros, mientras tanto, aplican mal el cuadrado de una suma y han olvidado cómo se multiplican polinomios y yo contengo la respiración, el todo por el todo al escribir 7 x 8 = ... Ella deja el espacio en blanco y me dice que no. Y abre la palma de la mano, y tiene un tono más grave su voz, porque empezamos a entendernos. Hasta cinco, me dice. En Marruecos, en colegio, sólo hasta cinco.

Yo dibujo un rectángulo 7 x 8 y contamos juntas los cuadritos. 56, y lo escribo en el hueco. 56. Ahora sí sabes, me dice. Y le pongo tarea: 6 x 1 =... 6 x 2 = ... 6 x 3 =... y así hasta 6 x 10. Y ella empieza a dibujar rectángulos. Y los ojos le brillan, como cuando era pequeña, en Marruecos, y aprendió hasta la tabla del cinco. Porque quiere aprender.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

En honor a la verdad, escribo a lápiz

Apuntaba los detalles cotidianos
algunos eran mínimos,
algunos eran tópicos

escribía las mismas flores
de la misma maceta
a horas distintas en el día

en el autobús

anotaba el ritmo de los intermitentes
y también la mezcla del sudor con el humo del tráfico
el caucho quemado, y antes de los giros bruscos otra vez
el ritmo de los intermitentes
el ritmo de los intermitentes.

Gracias por su visita,
todo lo reflejaba en la servilleta.
Gracias por elegir Ryanair,
todo detrás de la tarjeta de embarque.
Me encantó el regalo, gracias,
todo en la Moleskine.

Con la noche llegan esos gestos

apurar el vaso de vacío a sorbos largos
empuñar las notas en la mano izquierda
encender la lámpara en la mesilla de noche

y esos gestos

dibujan la certeza
de pasar otro día sin vivir en primera persona,
singular o plural, vivir en voz activa
pero no deja de ser una victoria
constatar que, al menos, he tomado apuntes.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Hoy es la última vez

La última vez que enseño el canalillo
la última que calzo
las medias de rejilla,
las botas de matar.

La última vez
que me pinto las uñas
en rojo
es hoy.

No habrá más chicles
manchados de carmín
en mi boca.

Ni más hiel.
Ni más miedo
Ni más asco.

Hoy se acabó
y mañana no será.
Mañana no seré

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Rescatadas las botas del semiolvido, un ejercicio de taller de hace dos años. Lo comentó PY, por eso lo recordaba hace poco y me lo pedía.