domingo, 22 de mayo de 2011

Elegido por aclamación, por Ángel González

Sí, fue un malentendido.
Gritaron: ¡a las urnas!
y él entendió: ¡a las armas! -dijo luego.
Era pundonoroso y mató mucho.
Con pistolas, con rifles, con decretos.

Cuando envainó la espada dijo, dice:
La democracia es lo perfecto.
El público aplaudió. Sólo callaron,
impasibles, los muertos.

El deseo popular será cumplido.
A partir de esta hora soy -silencio-
el Jefe, si queréis. Los disconformes
que levanten el dedo.

Inmóvil mayoría de cadáveres
le dio el mando total del cementerio.

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Pensaba estos días en los primeros versos de este poema de Ángel González, me gustaría que hubiera podido vivirlos, un día otra vez menos áspero, con algo más que convencimiento.

jueves, 5 de mayo de 2011

Tiburones

Ágata pulsa el número 23 y se cierran las puertas del ascensor.

1,44 metros cuadrados aproximadamente. Deben caber tres baldosas de 40. Tres de ancho por tres de largo, 1,44 metros cuadrados.

Ágata espera, impecable, frente a la puerta del ascensor, la mirada perdida en el acero uniforme. Un timbre tenue marca la sucesión de paradas.

Lleva los documentos en un maletín de piel marrón. Para que un proyecto se apruebe hay que creer en él. Hay que mostrar seguridad al defenderlo.

En el piso 17, el timbre la alerta y le devuelve la consciencia en la mirada. La confianza y la seguridad van en el maletín con el proyecto. La puerta se abre y aparece en su boca una sonrisa. Está dispuesta a defender lo suyo con los dientes, si es preciso.

domingo, 1 de mayo de 2011

Sujeto elíptico

Después de haber dejado notar varias veces por la conversación y por descuido lo extravagante de su pensamiento, Basilio decidió que convendría que su discurso pasara desapercibido. Fue desterrando de su léxico las expresiones más elaboradas. Desaparecieron gradualmente las citas en latín, las oraciones subordinadas, algunas palabras polisílabas y adjetivos arcaicos o demasiado certeros. Temía volver al hospital si alguien daba la voz de alarma al percatarse de que el discurso parecía confuso o incoherente. Comenzó a hablar más bajo, porque la palabra es la expresión que delata al pensamiento. Para pasar desapercibido, colocaba la mano delante de la boca e intentaba cambiar el timbre de la voz, de forma que sus palabras no parecieran suyas.

El informe médico recoge que Basilio respondía a las preguntas del doctor Rodríguez omitiendo una letra más cada vez en sus palabras, de forma que a partir de la cuarta o quinta pregunta las frases eran del todo ininteligibles. A falta de más síntomas, aconseja retirar la medicación. Recomienda, eso sí, internamiento indefinido hasta que este silencio absoluto, que dura meses ya, remita. Un hombre que oculta su pensamiento de un modo tan vehemente no puede tener nada bueno en la cabeza.