viernes, 25 de junio de 2010

Yo siempre he sido así

Y qué mejor razón
que el sinsentido más elaborado.
Qué mejor argumento
que el absurdo más inapelable.
Qué mejor que brindar
por el triste entusiasmo
que sólo proporciona otra derrota.

Por no tener que luchar,
abandonar antes de la batalla.
Cocer la dignidad en los zapatos
para no emprender ningún camino.

Y más que desertar en voz activa
declararte kamikaze a la espera
de tomar un avión
que no termina nunca de llegar.
No llega nunca. Nunca llega. No.

La muerte no es el miedo.
El miedo tiene voluntad y quiere
dejar que el tiempo pase
y no agarrar la vida con dos manos.

Al miedo lo adelanta
el tiempo en el reloj.
El tiempo, que no pasa tan deprisa,
que te pone la vida entre las cuerdas
que te obliga a sostener los guantes
a besar la lona, a bailarle el son.

El tiempo, sus minutos, su insistencia
te obligan a vivir. No te resistas.

jueves, 17 de junio de 2010

Lila y Flag (fragmento), de John Berger

Desde que "me llevó a verlo" mi amigo A, en una exposición en La Casa Encendida, From I to J (homenaje de Isabel Coixet a John Berger), me fascinó este hombre. He buscado algún extracto del documental de Isabel Coixet, en el que aparecen nítidos el escritor y la fuerza de su mirada y sus palabras, desafiando a la edad. A me trajo la última novela de una trilogía de Berger, Lila y Flag, y hoy se la devuelvo. Pero no quería dejar pasar la ocasión para guardar y compartir este diálogo. Espero que, aunque un poco descontextualizado, os guste.

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[...]

Qué desea, señor, dijo el crupier sonriendo. ¿Juega para perder?
¡No!
Para ganar, entonces. Desea ganar.
No, apostar.
¿De verdad quiere apostar?
Sí, arriesgarlo todo.
Los pasajeros aquí tienen poco que arriesgar, señor.
Encontraré algo.
Si quiere comprar fichas, ahí tiene la banca, señor.

[...]

Mira, Kadour, tengo que apostarlo todo.
Entonces dime con qué vas a comprar las fichas.
Tengo un piano en el camarote.
El niñó, sin dejar de sonreír, movió negativamente la cabeza.
Si gano, dijo Naisi, suponiendo que gane, tengo que llevarme un buen pico, una cifra con muchos ceros, Kadour.
Si quieres ganar, te daré cinco fichas; si quieres perder, te daré cincuenta. No tienes que comprarlas.
No, respondió Naisi, tengo que apostar. ¿No lo entiendes? Si gano, quiero decirle a mi hermana -seguro que te acuerdas de Zsuzsa; debe estar por algún lugar de este barco-, cuando la encuentre, quiero decirle: Toma. Es tuyo. Cógelo. Cómprate todo lo que quieras... ¡Todo!
Bueno, pero ¿con qué vas a comprar las fichas, Naisi?
Naisi dudó. Tenía los bolsillos vacíos. Oía girar la ruleta detrás de él y se imaginó cómo subiría hasta Zsuzsa, quien probablemente en ese momento estaba bailando en la sala de baile, y cómo le daría un golpecito en el hombro...
Vale, dijo finalmente, tengo una idea. ¿Puedo apostar mi lugar en esta historia? ¿Puedo comprar fichas con eso?
El niño se lo quedó mirando asombrado.
Si pierdo, que me borren.
El niño le dio cien fichas.

[...]

martes, 15 de junio de 2010

The responsibility, un poema de Peter Appleton

¿Qué fue del amor? ¿Qué fue del corazón? Palabras grandes que
fueron vaciándose de contenido y perdiendo fuerza por el abuso
que se hizo de ellas. Pero no fueron las únicas. Ahora es elturno
de responsabilidad. Fijaos cuántas veces se dice en los medios
(a mí la palabra me gusta, por eso será que me doy cuenta...)
Tropecé con este poema, que habla de depurar responsabilidades,
hace más de media vida y me llamó la atención. Es sencillo y sólo
lo he traducido por si necesitabais ayuda con alguna palabra.Si
lo podéis leer en dos columnas, es por gentileza de Chucho. ¡Gracias!
Si no podéis, es que me falta darle una vuelta. Ya lo arreglaré.


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The Responsibility
by Peter Appleton

I am the man who gives the word,]
If it should come, to use the Bomb.]

I am the man who spreads the word]
From him to them if it should come.]
I am the man who gets the word
From him who spreads the word from him.]

I am the man who drops the Bomb]
If ordered by the one who's heard]
From him who merely spreads the word]
The first one gives if it should come.]

I am the man who loads the Bomb]
That he must drop should orders come]
From him who gets the word passed on]
By one who waits to hear from him.]

I am the man who makes the Bomb]
That he must load for him to drop

If told by one who gets the word

From one who passes it from him.


I am the man who fills the till,

Who pays the tax, who foots the bill]
That guarantees the Bomb he makes]
For him to load for him to drop

If orders come from one who gets]
The word passed on to him by one]
Who waits to hear it from the man]
Who gives the word to use the Bomb.]

I am the man behind it all;

I am the one responsible.
La Responsabilidad
por Peter Appleton

Yo soy el hombre que da la orden,]
llegado el caso, de usar la Bomba.]

Yo soy el hombre que transmite la orden]
de él a ellos llegado el caso.
Yo soy el hombre que recibe la orden]
del que transmite la orden de él.


Yo soy el hombre que tira la Bomba]
si me lo ordena el que se la ha escuchado]
a aquél que sólo transmite la orden]
que el primero da, llegado el caso.]

Yo soy el hombre que carga la Bomba]
que él debe tirar si llegaran las órdenes]
de aquél que las recibe transmitidas]
por uno que espera a oírlas de él.]

Yo soy el hombre que fabrica la Bomba]
que él debe cargar para que el otro la deje caer]

si se lo dice uno al que le llega la orden]
de otro que la comunica de parte de él.]


Yo soy el hombre que llena la caja,]
el que paga el impuesto, el que paga la cuenta]
que garantiza la Bomba que él hace]
para que el otro la cargue, para que el otro la deje caer]
si llegan órdenes de uno al que le llega]
la orden transmitida por uno

que espera a oírsela al hombre

que da la orden para usar la Bomba.]

Yo soy el hombre que está detrás de todo;]
yo soy el responsable.


domingo, 13 de junio de 2010

Dios (su vida laboral)

Si vino alguna vez,
vivió aquí sin permiso,
no obtuvo residencia,
estuvo sin papeles.

Si encontró algún trabajo,
aunque fuera creativo,
contrato de seis días
y después a la calle.

Sin indemnización.
Deportado al Edén.

A Dios ya no lo busques
que ya se ha retirado
montó negocio propio
en su propio jardín.

También a él le sobraron
obreros en el Cielo.
También él los echó
de muy mala manera.

Pregúntale a Luzbel,
el que está en el Retiro.
Invítale a unas cañas
tírale de la lengua.

Él te contará historias
si es que tú tienes tiempo
de unas negociaciones
que no acabaron bien.

De batallas perdidas
de revueltas sangrientas
de expulsión, de derrota
si las quieres saber.

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Da para currárselo un poquito, la vida laboral de Dios. Me dio pie José Zúñiga con su entrada Dios y yo. Escribí todo seguido, pero lo noto en borrador. Como la reforma laboral, aún. Y no tengo tiempo para más...

jueves, 10 de junio de 2010

Reproches

El trabajo que da fabricarlos. Recogerlos. Guardarlos en una maleta en la memoria de la que siempre asoman pero nunca acaban de salir. En la que pesan. Laten como un corazón que duerme lleno de metralla pero que nunca acaba de estallar. Que sólo ahoga la columna vertebral, que dobla en cuatro partes los pulmones. Atenazan.

No tienen remedio. Se puede intentar tan sólo disolverlos en café bombón. Digerirlos. No hay nada que el intestino pueda aprovechar de ellos. Ya se sabe dónde van. Si no pueden tragarse, se pueden desmontar por piezas. Desactivarlos. Que abonen los jazmines. Que los usen para fabricar bolardos de esos que no dejan aparcar en la ciudad. Sobreescribir en las cicatrices donde nacen. Plantar una cepa de merlot en el surco que dejan. Y si no puede ser, si resulta imposible hacer nada bueno con ellos -esto ocurre a menudo- dejarlos caer con maleta y todo y nunca recordar dónde cayeron. Para no tener dónde buscarlos.

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Esta vez me da pie Ex-compi con su entrada Maleta.

A falta de taller, me dais mucho pie desde los blogs para escribir. Y a fuerza de escribir, parece que me falta algo cuando no lo hago...

martes, 8 de junio de 2010

Se busca un hombre para picnic

Escribiría un panfleto, pero no.

Mejor diré que no entiendo a los hombres.
No los entiendo cuando me piden tregua
cuando letra por letra gritan T-I-E-M-P-O!
y les doy tiempo, el que necesiten
-nunca es bastante, yo no se lo recuerdo-
y me confiesan, pasado ya el momento oportuno, si lo hubo,
que no comprenden por qué bajé los brazos
y dejé de luchar. Que fui cobarde.

No entiendo a los hombres cuando llaman
desesperados o eso me parece, a mi puerta
y me miran a los ojos o eso me parece,
y me ruegan encarecidamente
palabra por palabra, y lo dejan por escrito,
que no me vaya nunca, que siempre esté.
A veces no los conozco mucho,
pero no digo tu cara no me suena.
Digo, toma un café y siéntate tranquilo.
Tengo hipoteca por veinticinco años.
Ni pienso irme ni puedo, ya lo ves.
Entonces ellos se levantan,
dejan de sollozar muy dignos
se van y ya no dicen nada.

No los entiendo cuando gritan horror
cuando gritan horror y yo lo veo
y dejo el aceite sin pensar
hirviendo en la sartén
y me alejo del fuego
y dedico unos minutos o una hora
en exclusiva a besarles la cabeza
y decirles que ya pasó, que no ha sido nada.
Se me escapa su cabeza entre los dedos.
Y a lo lejos pregunto si están bien
y ya no me contestan.

Si dicen se acabó, mejor seamos amigos,
no siempre, pero alguna vez lo pienso
y concluyo: tienes razón en que esto se ha acabado.
Entonces, esas veces, no comprenden
por qué no me abalanzo sobre ellos.
Por qué no ruego, por qué no les asalto.

A veces me escriben un mensaje después de tantos años,
preguntan cómo mandarle flores a una iglesia
señalando que viene Mou, que estáis en decadencia
que no dejes, por favor, de contestarme.
En esos casos, pienso que quieren llamar y no se atreven
y en cuanto leo el mensaje, llamo yo. Pero ni me lo cogen
ni luego me devuelven la llamada.

Desistí de entenderlos hace tiempo,
pero me gustan, son criaturas hermosas
Desistí de encontrar un hombre para todo
a quien dejar notas en el espejo o bajo el imán de la nevera,
que me quite el cansancio con mirarme
los días que no me caben los pies en los zapatos.

Busco más bien un hombre para picnic,
con su mantel de cuadros,
otro que cuando escribo,
me pueda leer el alma
como en una carcasa transparente
otro que tenga talento
para marcar con risas el absurdo del mundo
un buen conversador, otro que me despierte las palabras
otro que me despierte la conciencia.
Un soñador, uno con los pies en el suelo,
otro que me busque la voz cuando toca la guitarra
y otro que me abra la puerta de su casa algunas noches,
que me bese los párpados y que de veras sepa
con masaje en la nuca incluido
cómo se hace una trenza.


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Lo del panfleto lo digo porque estoy en huelga. Me voy a recorrer las calles de Madrid. La calle de Alcalá, principalmente, a la sombra de las pancartas y al calor de las protestas.

lunes, 7 de junio de 2010

Poético: La cara o la cruz de la moneda.

A veces, vivir en una ciudad de extrarradio resulta poético. Llegas por la red de Cercanías en el último tren, el de los rezagados, el tren escoba de los que hemos ido a la metrópolis a un concierto en mitad de la semana. El de los que tienen el turno de trabajo que acaba justo cuando aún no es necesario coger la línea 5 e ir a Aluche para tomar el búho. Sales de la estación y corre el aire, y ondea ligeramente la falda del vestido, bandera de las piernas. Y en lugar de cruzar a toda prisa, o de escuchar con taquicardia el paso rápido de algún desconocido detrás de ti, relajas el ritmo y caminas a lo largo del muro que te protege de la vía del tren, que es una tentación como un viaducto. El muro está sembrado, en lo alto, de jazmines. A veces, los jazmines están abiertos, como ahora. Cuando no vuelves acompañada, cuando los jazmines no te invitan a besos ni a caricias, el aire, deliciosamente respirable, es un placer solitario.

Algunas noches de jazmines abiertos, el cielo es claro y hay luna. Sólo en esas noches es mejor no mirar a la derecha al salir de la estación. Es mejor cruzar el paso de peatones a la carrera y marchar al compás que se usa cuando ir a pie es sólo un medio de transporte. Y andar al amparo de la prosa del depósito municipal de vehículos y del ayuntamiento con su hormigón armado y sus vigas amarillas. Porque el otro camino, el perfumado, que desemboca sobre el túnel bajo la vía, que acaba en la ermita graffiteada de otro tiempo, donde empieza el pequeño comercio con raíces en todos los puntos del planeta, se hace insoportable, francamente.



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La cruz (o la cara) de la moneda la ha escrito David y se llama Prosaico.
Si alguno entiende de comas, que me diga las que sobran, que sé que sobran, pero no sé cuáles...

sábado, 5 de junio de 2010

Miembros de la asamblea, con la venia

Antes de levantar la voz he decidido
aclarar por escrito algunas cosas
que me sirvan de punto de partida
por si mañana pierdo la memoria
o pierdo la conciencia de mí misma.

Quiero dejar constancia, así que escribo,
que no sé bien a dónde pero voy
que en el billete de ida que llevamos
no está escrito el destino
que parte del camino será a pie,
que el paso a paso lo daremos solos
que yo lo sé, que yo camino sola
aunque declare la soledad en quiebra.

Escribiré también
que sufro aún algunos desengaños.
Que soy mujer de órdago.

Órdago a casi todo, demasiado órdago.
Órdago porque nunca tuve miedo a perder.
Órdago por el miedo de mirar bien mis cartas.
Por miedo de ganar,
órdago y que se rompa la baraja
órdago y de cabeza a la piscina
órdago y con un dedo de la mano
dejo caer el rey.

Quiero que conste, que quede por escrito
que sé bien que la vida no es un juego
ni un combate ni un parque de atracciones.
Que habito una madeja enrevesada
por la contradicción. Que pierdo el hilo.

Que el horizonte se llena de ceniza
aunque no haya un volcán
y que otras veces
el sol sestea en mi hombro quieto y tibio.

Que me quedan por hacer algunos viajes
que nunca acabaré de construirme
pero si puedo preferir, prefiero
reparar una pared torcida
que tener que apartar todo el escombro
o buscar el firme bajo el cráter
que dejó una explosión.

Esto y más que esto escribiré
esto y más que esto escribo.

Y después, porque vivo en este mundo
regido por el turno de palabra
donde puedo decir lo que yo quiera
sin peligro, que nadie me hará caso,
levantaré mi voz irrelevante
y diré lo que tenga que decir.

jueves, 3 de junio de 2010

mi boca cuanto antes

no te quejes viajero
del equipaje
de la luna en la sombra
del largo viaje

horizonte sin luna
dámelo tú
que mi boca te espera
fresca y azul

quéjate si te quejas
de la alborada
la luna está en mi boca
pero se apaga
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otra vez me da pie José Zúñiga, que nos propone que le mandemos poemas por seguidillas... le agradezco, la verdad, que diga la estructura, porque cuando vine de Granada tenía una musiquilla en la cabeza a la que no le ponía nombre... 7-5-7-5 rima en los pares.
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los viajes, a tu boca, a mi boca, se han ganado una etiqueta a pulso. voy a poner una agencia de los viajes por hacer.

miércoles, 2 de junio de 2010

Toilette


Berthe Marie Pauline Morisot
(1841-1896)

No te veo las cicatrices, como otras veces. Para tu tranquilidad te diré que las arrugas tampoco. Sólo los ojos. No me mires así, incrédula. Esta vez estoy convencida. Esta vez va a ser que sí. Sonríes. Pareces cansada. Sonó el despertador cuando todavía no habías terminado de soñar, parece. Está claro que no me acabas de creer. No te noto muy optimista. O quizá sí. ¿Tienes un brillo nuevo en los ojos o me lo imagino? Cansada, se te ve cansada. Derrotada, no. Sólo cansada. Te divierte -lo sé- ver que te miro a los ojos buscando algo. En mañanas como hoy me pregunto qué esconden, qué es eso que todavía no asoma, ni siquiera para mí, pero está ahí, sin duda, tomando cuerpo. Te creo capaz de cualquier cosa. Sorpréndeme si quieres, no me das miedo. Y tú, mientras, te llenas la boca de agua, frotas los dientes con el cepillo. Desbordas espuma. Bien. Otra vez esa sonrisa irónica en la boca, pero ahora te huele mejor el aliento. A café con leche disfrazado de clorofila.

En la repisa, reflejado, un paisaje de material quirúrgico bastante escaso. Pinzas para extirpar los recuerdos rebeldes en cuanto asoman. Crema hidratante invisible, porque casi todos los días te olvidas de que está ahí y no te la pones. El frasco de perfume que cuenta el paso de los días, que es lento, lento, lento. Casi imperceptible, pero inexorable. Te miro intentando averiguar eso que no me quirees decir y tú juegas al despiste dibujándote los labios, poniéndoles color con un carmín demasiado oscuro. Pero yo sé que va a ser hoy. No sabes disimular, no hay maquillaje. Y tú también lo sabes. Hoy es distinto. Por eso me sonríes, complice. Y te vas.
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Frente al espejo y de tú. Demasiadas comas, me dicen. Quité algunas, pero puse otras. Empate a tres, más o menos. Me ayudan a hacer las pausas al leer, las comas.

martes, 1 de junio de 2010

Los patíbulos

Los patíbulos cayeron por su peso.
José Zúñiga


los patíbulos cayeron por su peso.
cayeron por el peso de la ley.
la ley de gravedad, incontestable.
cualquier día la van a derogar
y volverán a cernirse alrededor
ingrávidos, oscuros, insaciables,
los patíbulos.

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me da pie José Zúñiga , aquien le tomo prestado el primer verso sin más preámbulos, de la entrada Más o menos pienso de su blog Tiempo a destiempo.
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hace días que hago lo que puedo para no escribir en tono apocalíptico.
hace tantos días que me muerdo la lengua, que casi no escribo.
ahora hago lo que puedo para escribir. en el tono que sea. me ahogo, si no.