jueves, 27 de agosto de 2009

Las botas de matar

Me pasa a menudo que me entretengo con una musaraña cuando tengo otras cosas pendientes que hacer en la cabeza. A raíz de la entrada anterior, nrq me recordó El club de los idiotas, donde aparecían unos zapatos de matar. La primera vez que le puse a alguien calzado asesino fue en el taller, a una prostituta algo insegura que se agarraba a sus medias de rejilla y sus botas de matar, pero no subí el texto al blog. No, Lalaith, seguro. Las botas de matar se quedaron grabadas a fuego, eran lo mejor, del resto del poema sólo hoy recordé las medias de rejilla. El caso es que con las botas, ni preparé maleta para mañana (ni he preparado...), ni leí ni nada. Agarré todos los cuadernos que encontré con poemas (muchos) y los estuve revisando, en busca de las botas homicidas. Me había quedado un hilo suelto, y yo, a tirar del hilo, como si fuese una gata (sin botas).

Fue como mirar un álbum de fotos. Iban apareciendo viejos versos conocidos, otros olvidados, y los poemas creciendo, cambiando a base de tachaduras. Escritos y vueltos a escribir cambiando una palabra o sin cambiar nada, sólo por irme quedando con la música. Cuadernos ilegibles para cualquiera que no contrate la visita guiada (tenía los legajos frescos en la retina al leer el Testamento de Chucho). Garabatos. Muchas veces no llegaban a nada, pero duermen ahí, aunque no descansan, imágenes, gritos, suspiros, puzzles de palabras que no llegaron a encajar. O sí.

Hay ejercicios de taller, palabras de insomnio, de todo. Son como las fotos, ya digo, cuando se imprimían todas en papel, las buenas, las malas, todas. Sólo que en contra de lo que pasa ahora, en mi caso, cuando me gusta el encuadre en papel, las paso a formato digital. Porque los cuadernos me los dejo por cualquier parte, por eso tengo un blog.

Les dejo a las botas, donde quiera que estén, órdenes que encontré como ejercicio, cinco versos con fuego:

Fuego que rompe el silencio
Fuego que nace rojo, que muere ceniza y gris
Fuego en el pecho, en el vientre
Fuego a discreción, preparen
Fuego, pelotón, apunten ¡fuego!

lunes, 24 de agosto de 2009

Con la misma canción

También a mí me pasa algunas noches
que deambulo por bares sin buscarte
me asomo en cada barra sin embargo
y pienso que tu voz me nombra por la calle.

Tampoco creas que estoy tan decidida
a sacarte del club de los idiotas
donde descansas siempre, donde maceran
aquellas golondrinas y aquellas mariposas.

Tan hondo cuajó ya saber que no se puede
que se ha esfumado la necesidad
de verte alguna vez y que eso me asegure
que es imposible ya.

También a mí me cansan los domingos
tan hinchados de sol y de campanas
el reloj de la torre de la iglesia
marca la retirada.

sábado, 15 de agosto de 2009

Pas si catastrophique que cela

La cónica, no sé si lo saben, habla varios idiomas. Español, inglés, alemán y la catastrophe. Eso dice mi amigo Etienne, de mi francés: Tu ne parles pas le français, tu parles la catastrophe! Este curso, después de una evidencia tan clara, volví a estudiar francés, después de unos cuantos años. Y aunque Etienne acabó diciendo que no era para tanto el desastre, suspendí en junio. Bueno, el examen me pilló fuera de combate y el último mes y medio no pude ir a clase, supongo que eso también tendría algo que ver.

Me dijeron las profes que me suspendían el escrito por falta de coherencia, y estoy intentando escribir redacciones, me vendrían muy bien correcciones y comentarios, consejos, lo que sea.

Estoy en Pas si catastrophique que cela.

Lo enlazaré para que veáis el enlace cuando vaya escribiendo, porque hay unos cuantos temas en los que se basan los de las redacciones. Hoy, la globalización.