lunes, 28 de diciembre de 2009

Mujer en arameo

Los caracteres de un alfabeto olvidado
dibujan a una mujer escrita
que resulta en su tiempo ilegible
que se reinventa
que se traduce
que -al fin- se calla.

Consultado, el oráculo augura
la cercanía de un hombre
que no resolverá sus enigmas
que no borrará sus cicatrices
que sabrá -sin embargo-
leer en arameo.

El encuentro es seguro.
Que lo cuide -le dice- .

martes, 15 de diciembre de 2009

Poemas en blanco

Tengo mentalidad de boli rojo todavía. Estoy agotada. La última reunión acabó a las nueve menos veinte, de la noche, claro. Y llevaba allí desde las nueve y veinte, de la mañana, claro. Mi padre estuvo años trabajando 11 horas diarias. De lunes a jueves. Los viernes, sólo 9. Cómo hacía, no lo sé.

La mentalidad de boli rojo me ha hecho escuchar cuando hablas de tus poemas y dices rimas tontísimas y dices tonterías cotidianas... no te lo tomes a mal. Tacharte esas expresiones en rojo quiere decir que a ver si mejoramos un poco en autoestima el trimestre que viene, que esta evaluación nos has entregado los poemas en blanco.

Supongo que en una reunión de evaluación diríamos eso y también: yo creo que es pudor, yo creo que es demasiado tímido, a lo mejor es que no llega a más, no, míralo cuando escribe en prosa, en razonamiento lógico es bueno, pero se bloquea en cuanto le cortas los renglones, empezó el curso menos negativo, igual si le racionamos la anchura del papel, que escriba sólo en los tickets de la compra, verso corto por narices, pues yo no lo veo tan mal, pues va mejorando de dos semanas acá, parece que demanda más atención por nuestra parte, pues yo creo que está mejor si no estamos tan pendientes, podemos darle cita con orientación, seguro que nos dicen si le pasa algo.

Estudiaríamos el entorno familiar, si vives con tu perro, si tienes una gata, si te podría ayudar cambiar de mesa en la oficina, al lado de aquella compañera tan maja que escribe alejandrinos en la intimidad, llegaríamos a la conclusión de que lo mejor es un refuerzo positivo, cogeríamos la bola de cristal y diríamos: pues yo lo veo escribiendo verso libre con renglones cortos como escalones, pues yo lo veo tirando de la lista de epítetos rizados, y así hasta que tocara hablar de otro. Cambiaríamos de tema, sin más.

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Me da pie un poeta que no ha salido del armario. O uno que no sabe hacer versos todavía. Pero es un poeta. Seguro

sábado, 12 de diciembre de 2009

Sin miedo y en diagonal

El primer examen fue la debacle. No me lo esperaba. Nunca te lo esperas. Ellos hacían muchas preguntas en clase. Preguntaban, ¿y de dónde sale esa x al cuadrado? ¿y de dónde sale ese 2? ¿puedes hacer el apartado c del 3? La respuesta a veces era: lee el enunciado del ejercicio, de ahí sale ese 2. Con todo, yo lo tenía decidido: si no entendían, no iba a ser por falta de explicaciones. Y explicaba, explicaba, explicaba tanto que se solapaban unas preguntas sobre otras. que me interrumpían las respuestas para volver a preguntar. No necesitaban mis respuestas. Sólo preguntar. Si no entendían no iba a ser por no preguntar.

Nadie escuchaba a nadie. Yo les contestaba a veces de malos modos. Yo no sé dónde habrían llegado los gritos si M no me apacigua, sentada al fondo, con un gesto desde su silla. R no pudo aguantar más: ¡esta mujer me saca de quicio! Le di la vuelta y nos dio por reír. Una risa nerviosa.

Yo lo sabía. Fusilarme ellos a preguntas sin sentido, hacer yo que rebotaran todas las balas no hizo que entendieran mejor. Menos aún, que supieran hacer.

Corregí el primer examen. Mucho boli rojo, ejercicios enteros tachados, ya digo: la debacle. Casi el 50% tuvo menos de un dos. 80% de suspensos, en total.

Lo bueno de tocar fondo es que la cosa ya no puede ir peor. Cambiamos la dinámica de la clase. Más trabajo personal, más trabajo por grupos, menos explicaciones. Más hojas de ejercicios. Trabajan bien en grupos. Avanzamos. El clima no es de tormenta eléctrica. Es de trabajo. Propongo y escuchan. Proponen y escucho. Y se oye ¡mierda! cuando hago el paso clave que no le salía a alguien en una ecuación. Hasta tres veces, desde tres bocas distintas en el mismo ejercicio. Se grita ¡mierda! ahí cuando se ha intentado con empeño, interpreto. Así que disculpas aceptadas y seguimos.

El segundo examen cuenta el 60%. Casi la mitad necesita un 7 ó un 8 para aprobar. Empezamos antes de la hora. Terminamos 40 minutos después de que tocara el timbre. No era demasiado largo, yo creo, pero se equivocaban y volvían a hacerlo. Y otra vez. Y otra. Hasta cinco veces, escuché. A última hora había algo de histeria colectiva. Cuando a alguien le salía algo, todos nos enterábamos, y lo mismo cuando no había modo. Son conscientes de haberse equivocado tanto que preguntaban cómo tachar una cara completa de un folio. En diagonal, sin miedo y en diagonal. Esta no sé, pero la Ampliación (de Matemáticas, que también se la doy yo), la Ampliación te la apruebo seguro, me dice C. (El examen es el lunes.)

Ahí los tengo, encima de la mesa. Han escrito hasta 4 folios ó 5 cada uno.

A ver qué tal.

martes, 8 de diciembre de 2009

Derby

Lo mío no es el fútbol. Juan Carlos me había dicho que se iba al bar a ver el partido con los amigos como el que dice: ahí te quedas, Maripaz. Y yo, venga a poner carita de perro triste, que mejor vamos al cine, los dos solos. Y él que me escucha, que me entiende y que cede: Dos condiciones, Maripaz: la peli, la elijo yo y tú compras las palomitas. Y yo pensé: Un trato justo.

El primer gol me lo coló en las taquillas. No quiero que mires, amor, es una sorpresa. Si llego a saber que me esperaba el Madrid - Barça a toda pantalla, Dolby Surround, me voy a la sala 2 a ver El baile de la Victoria.

El 2-0 llegó también antes del partido. Cubo grande de palomitas + 2 refrescos: 9,50.

Estaba aturdida, pero pensé contraatacar a partir del minuto 3: distraer al contrario, la mano en la pierna, los ojos tiernos. Ya se volvía para darme un beso y sonó un bocinazo que venía de una de esas trompetas desmontables de plástico que llevan los hinchas al estadio, que me pregunto yo todavía cómo dejarán pasar a alguien con semejante artilugio a un cine, y cómo le dejarán, además, hacer de árbitro. Me estuvo pitando fuera de juego cortando el contraataque toda la primera parte, así que bajé los brazos durante los segundos cuarenta y cinco minutos, el descuento y parte del descanso. Conseguí, por lo menos, dejar de oírlo. 2-0 quedamos. Lo mío no es el fútbol, pero a Juan Carlos le cuelo yo un par de goles a la primera oportunidad, como que me llamo Maripaz Rodríguez.