lunes, 28 de julio de 2008

Game over

Ella dijo -eres un sol-
-y tú eres una sombra- dijo él.
Sonrieron tristes
con la tristeza de no poder fundirse
ahora que se habían reconocido.

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Si encontráis algún verso bueno, es de J

Que nadie me toque el puzzle

Son 20000 piezas. Faltan algunos huecos que llenar y hay piezas clasificadas por colores o sueltas por la caja. Es un puzzle a medio hacer, ni más ni menos.

En una madera a medida he pegado todas las piezas que tienen el borde liso, las que hacen marco. Algunas veces pienso que la partida vino mal cortada y me dan ganas de limarles los bordes para que entren. De hacer trampas. Pero sé que hace falta saber mirar, mirar de otra forma.

Cuando cojo una pieza, da vueltas en mi cabeza y en mi mano antes de ocupar su sitio o volver a la caja. Últimamente avanzo poco, o eso me parece. Si me canso de buscar o salgo unos días, lo tapo con una tela marrón que lo cubre entero y lo protege del polvo. Sobre la tela, una nota amarilla, grande y clara: "Que nadie me toque el puzzle".

Llegaste hace poco, y duermes en la habitación del puzzle. No te he vigilado, pero lo he mirado algunas veces y estoy segura de que has andando toqueteando. Hasta dos o tres piezas nuevas he visto puestas que no me cuadraban. Porque no esperaba esa sombra ahí, por ejemplo. Encajan perfectamente. No las he tocado. No he dicho nada. "No me toques el puzzle", solamente.

Hoy, cuando se nos acababa el tiempo, me has dicho, sin darle importancia, dónde iba la que más se me atraviesa. Y me he enfadado, claro, porque es mi puzzle. Te has ido y he probado. Y encajaba. Ahora sé que hace falta que miren otros ojos.

lunes, 14 de julio de 2008

Hambre


Si estuviéramos dispuestos
a repartir lo que hay
entre los que somos

si estuviéramos dispuestos
acabarían esta desesperación
y el grito de tanta hambre
y los círculos de buitres alrededor

ocurre
simplemente
que no estamos dispuestos.

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Me dan pie Una vida lo que un sol y una conversación con J. Y las noticias, cada dia.

viernes, 11 de julio de 2008

Volver





Es hermoso volver a este paraje,
al olor del agua estancada, al rumor de los insectos.
Es hermoso saber que la alegría cotidiana
pierde la memoria y que puede una descansar a la sombra
de la desgracia propia o de la ajena.

La muerte cae a plomo en este pueblo,
la compasión forma capas de barro
nauseabundo sobre los dolientes. Respeta su forma
al principio. Protege su piel. Al pasar los días y los años
los convierte en masas amorfas que se mueven con dificultad
y la piel se pudre y es aire podrido también lo que respiran.

Vecinos y familiares y ellos mismos
echan un cubo de lodo fresco
y maloliente todas las noches y todas las mañanas,
para evitar que el luto de barro se agriete
y no dejan más escapatoria que mirar a lo alto.

Desde lo alto, los vencejos amenazan en vuelo cruzado irregular
con comerse sus párpados y destrozar su piel con excrementos ácidos.


Y es más duro cargar con la vida -lo que queda de ella-
cada día, uno tras otro, tres años, ocho años, quince años
que la pena negra que los trajo a la antesala de la muerte
a esperarla aquí quietos y callados. La salida airosa a esta situación
sería morir de pena. Pero no se mueren.