domingo, 14 de noviembre de 2010

Se llamaba Silvia

Silvia con el cabello rubio y largo.
Silvia la que llevaba siempre
un bolso grande y negro.

Y quién iba a pensar que no tenía
la vida por delante.

La condición del hombre puede
ser tan inhumana
y es tan brutal la muerte si revienta
en la puerta de al lado
que la razón se niega a concebir
ni siquiera el dolor ni la muerte ni la rabia.

Pesa como una piedra al cuello la noticia
tira hacia abajo, según se acerca el lunes
de la base del cráneo y de la cara
interna de los tímpanos.

Y eso que no le pongo todavía
rostro a Silvia. Silvia con i latina.

Amanece mañana
- y creo que ya son cuatro -
otro día sin ella, que sólo es el primero
del resto de los días que nos quedan.

2 comentarios:

Orologiaio dijo...

Y se truncan
la melena, los pasos, los requiebros.
Y no vuelve
a caminar.

Es cruel.
Retorcidamente real.

La cónica dijo...

Real, simplemente real, Orologiaio. A Silvia la encontraron la semana pasada. Tenía dieciséis años. Yo no le he dado clase, pero estudiaba donde trabajo. Van 34 muertes este año, decía el periódico. Pararse a pensarlo es insoportable.