miércoles, 24 de noviembre de 2010

Para no quererte

Siempre encuentro motivos sin buscarlos.
Numerosos. Pequeños. Sujeto uno con otro
y se construye sola una torre de alfileres.
Un castillo de escarcha me protege de ti.
De ti, de tu ternura, de ti que nunca has sido,
que nunca podrás ser un peligro.

Es otoño. El sol, casi de invierno,
asoma en la mañana. Tú no estás.

Se derrite un enjambre y dejan de volar
sus abejas de hielo. Ya no zumban.
Sólo eran abejas. Me sorprende.
Se derrumba la lógica impecable
que mantenía en pie cada argumento.
Despierta entumecida la carne inquieta.

Sin más razón que un mediodía templado
se rompen las distancias. Bajo la guardia.
No estoy pendiente ya de mantener el frío.
El miedo sale huyendo de la piel y en la cabeza
cabe otra vez el convencimiento.
Merecemos alguna oportunidad
para estar juntos. Por ella lucharía.

Se pone el sol.

Podría ser -no sé qué pasará-
que helara -otra vez-
esta noche.

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Leyendo La soledad de los números primos, y se nota.
Después de un golpe de realidad, algunos reparos son insignificantes.

3 comentarios:

Orologiaio dijo...

Ese libro me llegó dentro...
Me empieza a cansar tanto otoño, la verdad ;)

Estación claridad dijo...

Es muy bueno, pero te has equivocado: no es otoño, estamos en invierno...

la cónica dijo...

gracias, Estación. lo escribí en otoño, pero igual tienes razón, y es invierno en otoño, también...