domingo, 22 de mayo de 2011

Elegido por aclamación, por Ángel González

Sí, fue un malentendido.
Gritaron: ¡a las urnas!
y él entendió: ¡a las armas! -dijo luego.
Era pundonoroso y mató mucho.
Con pistolas, con rifles, con decretos.

Cuando envainó la espada dijo, dice:
La democracia es lo perfecto.
El público aplaudió. Sólo callaron,
impasibles, los muertos.

El deseo popular será cumplido.
A partir de esta hora soy -silencio-
el Jefe, si queréis. Los disconformes
que levanten el dedo.

Inmóvil mayoría de cadáveres
le dio el mando total del cementerio.

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Pensaba estos días en los primeros versos de este poema de Ángel González, me gustaría que hubiera podido vivirlos, un día otra vez menos áspero, con algo más que convencimiento.

3 comentarios:

pang dijo...

¿y dice usted que no se puede comentar?

la cónica dijo...

hombre, si se empeña uno, sí...

pang dijo...

por cierto, que me ha gustado