lunes, 6 de septiembre de 2010

Tardes sin sol

Después de perseguir todas las tardes
un horizonte donde cayera el sol
es difícil volver y darme cuenta
de no haber visto nunca
una puesta de sol en mi ciudad.

Se ensancha el pecho
lo mismo que les pasa a los derviches
girando en pleno trance.
Sin pensar nada
la piel vuelve a la luz
los ojos a tus ojos y ahí aguantan
treinta segundos, quince segundos, diez.

La tarde inyecta
la prisa que me corre por las venas
antídoto infalible a medio plazo
de las puestas de sol, del pecho abierto,
de los viajes que me quedan por hacer.

En los viajes por hacer está tu boca.
Ahora sé que nunca voy a ir.
Lo sé porque tu boca me lo dice.

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De vuelta de Turquía. Encontré un lugar donde el idioma oficial era el arameo y me acordé del oráculo y del poema aquel, Mujer en arameo. Después de 2km de temperaturas tan altas que no las voy a escribir (no me creeríais), nos recibieron con hospitalidad, agua, té, dulces y bendiciones en arameo incluidas.

5 comentarios:

Cable Hogue dijo...

¿Y nadie juraba?

La cónica dijo...

Yo creo que estos no se tomaban el nombre de Dios en vano... Aunque vaya usté a saber lo que decían...

629 dijo...

Precioso.

La cónica dijo...

Gracias :)

orquidea psicopata dijo...

me gusta como enlazas las imagenes con los sentimientos, siempre esta presente la soledad en quiebra...