martes, 21 de febrero de 2012

Principio de autoridad

Te lo digo por tu bien. Para que aprendas.

Que te calles. Que te sientes.
Que dejes de mascar chicle.
Que te guardes el espejo.
Que no juegues con el móvil.
Que te quites ya la gorra.
Que apoyes las cuatro patas
de la silla sobre el suelo.
Que dejes la percusión del lápiz sobre la mesa.

Suena como un estribillo
antes de empezar la clase.

Te resistes, pero sabes
que yo soy la autoridad.
Y al final me impongo yo
y no queda más remedio
que sacar factor común
en la expresión algebraica
o dibujar el conjunto
solución sobre la recta.

Y aprendes. - ¿Así de fácil?
- Así de fácil, te digo.
Y cuando aprendes, te callas
y cuando aprendes, te sientas.

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Escribo poco, pero es con la intención, cada vez que hilo cuatro palabras, de hacerlo más a menudo. Escribir ayuda a perfilar las ideas, a ordenarlas. Gran parte de la realidad que me interesa la conozco, por otro lado, por la radio y los periódicos. Temo hacerme eco de todas las consignas, de los lugares comunes, de los comentarios de tertulia y hacer de lo que escribo evidente panfleto, como diría Silvio Rodríguez. Peor sería enmudecer y que se malograran el sentir y las ideas. Me siento un poco intoxicada a veces, como obligada a leer bajo los titulares de los periódicos pero necesitando saber qué es lo que dicen.