viernes, 21 de enero de 2011

soñar por cuenta ajena

soñar, más que un derecho,
debería ser una obligación.

tristemente, empezamos a olvidarnos
de que existe, siempre a nuestro alcance,
la posibilidad de un sueño o dos.

por desazón, por falta de costumbre,
se va tejiendo una telaraña,
y se forma una pátina de óxido
que entumece las articulaciones
que resultan del todo indispensables
para hacer el sueño realidad.

es decir, sueño.

yo no espero que los sueños se cumplan.
pero creo que estoy en condiciones
de exigir, de pedir, por lo menos,
que se sigan soñando, que se sueñen.

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Esta vez me da pie Javier, desde Estación claridad: vengo llegando. Hace pensar, incita a soñar, a mirar, a ver, a darle vueltas... nada recomendable, por lo tanto.

7 comentarios:

Miguel Sánchez Ibáñez dijo...

Es que sin sueños todo es más mundano... y un soberano peñazo.
:)

Miguel Sánchez Ibáñez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Miguel Sánchez Ibáñez dijo...

Es que sin sueños todo es más mundano... y un soberano peñazo.
:)

Sra. Preston dijo...

...sin sueños no somos nada...el problema es cuando se van borrando de la memoria con el paso de los años...

Estación claridad: vengo llegando dijo...

Sólo hay dos sueños que merecen la pena: los posibles y los imposibles.

la cónica dijo...

Es asfixiante, el mundo sin soñar, Miguel. Sin soñar al menos los dos que dice Estación claridad, vengo llegando: los posibles y los imposibles. Lo importante, me parece, no es grabar los sueños en la memoria, Sra. Preston, sino seguir soñando. Es la única forma de que los sueños sigan vivos.

Y nada más, gracias por dejar la primera huella en la soledad, Sra.Preston, Estación claridad, y encantada de conocer su nombre, señor relojero.

Besos!

Delgaducho dijo...

Lo malo es que del sueño a la pesadilla solo nos separa lo opíparo de la cena, el ansia y el empacho.