martes, 4 de junio de 2019

Qué ganas de aprender...

Yassin se empeñó en que la mochila del cole tuviera ruedas. Lo llevaba pidiendo desde el año pasado. Que tenga ruedas, que tenga ruedas. Su madre no puso objeción y el mismo día que se la compraron me vio subir la escalera.

¡María, María! - me gritaba con un alborozo desmedido en el rellano- ¡Espera!

Yo esperé y en dos segundos me enseñó su mochila. Le tuve que pedir que se diera la vuelta para verla, porque, en realidad, lo que me mostraba, era la pinta que tenía el mismo llevando la mochila. Era roja, con un dibujo de un ser impreciso y naranja.

Lleva todo el día paseando por la casa llevando la mochila - me decía su madre.
Yassin tiene 3 años y empieza el cole hoy. Debía haber sido ayer, pero como su grupo va a ser grande van escalonando la llegada de los niños que llegan por primera vez.

Anoche, cuando yo llegaba, estaba asomado al balcón, y me gritó como siempre hace: ¡María, María! Yo le pregunté por el cole y me enseñó la mochila, los libros y no sé qué más, porque aunque vive en el primero y la vista alcanza, hay una malla tupida en el balcón para que no se cuele entre los barrotes. Interrumpía la conversación que teníamos su madre y yo con algún ¡María, María! que sonaba a llamada ilusionada de emergencia. Entonces movía el índice en el aire primero y a lo largo de la barandilla después, y yo le preguntaba si estaba escribiendo. ¡Sí! -  me decía. Y también ¡María, María! Me voy. Tengo que hacer deberes. En la vida he visto a alguien tan ilusionado por hacer deberes. Empezaba a contarme historias inventadas, de esas en las que siempre aparecen sus hermanos, el coche y el cole y el profe, y yo le dije que cuando supiera escribir, podría poner sus historias en el papel. Me dijo que iba a inventar una historia y empezó a hablar en un lenguaje ininteligible para mí. Enseguida me di cuenta de que no era árabe. Me explicaron que cuando le dicen que invente una historia la inventa, sí, pero inventa también las palabras. No salía yo de mi asombro cuando volvió a llamarme ¡María, María, mira! Y se plantó señalando a un sitio muy concreto con el dedo. Yo pensé que iba a sacar a alguien a la pizarra. ¡No! - me dijo. Y su madre me tuvo que dar la respuesta, esta vez no la encontraba yo sola.

Señalaba la calle que hay que tomar para llegar al colegio.

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Entrada en un cajón varios años: creo que Yassin va a empezar la Secundaria el año que viene...

El factor humano


D2 es una máquina.


Responde a las preguntas de álgebra como una máquina. Se enreda, se atasca en un bucle de algoritmos y después sale, triunfante: el trofeo del resultado, en la mano, el camino para llegar al final, robóticamente absurdo en el diseño, imperfecto en los detalles, inexpugnable en el resultado. Ha llegado como llegaban los lemmings del videojuego aquel a la salida: sin poder ver. Sólo se deja sin hacer el sistema de inecuaciones lineales con dos incógnitas, el que mejor salía en clase.


Por lo general, es nombrar el arma homicida y obtener confesión y disculpas de inmediato. D1 ni siquiera copió lo bastante para aprobar. En su examen se adivina el arrepentimiento a medio camino. D3 ha confesado en clase, cuando yo comentaba la jugada: A mí, me suspendes y ya está. Pero D2 ha mandado un mensaje a su madre para reforzar su versión y ella se ha plantado en la puerta del colegio a la hora de la salida: Lo ha hecho él solo. Ha mejorado mucho, dice.


Echo de menos el factor humano, la sencillez, el razonamiento. Él también los echa de menos. Revisa su examen conmigo y con su madre y no sabe explicarme el porqué de sus pasos. Han pasado dos semanas desde que lo hicimos, dice. Puedo hablar con su profesora de repaso, dice. Llevan muchas horas repasando y mucho dinero empleado. Conmigo no se entera bien. (Lógico, conmigo estira el brazo sobre la mesa y apoya la cabeza. Cierra los ojos dulcemente. Cuando le llamo, los abre. Se disculpa a veces). Le he dado dos semanas para mostrarme su taco de ejercicios con razonamientos parecidos. Para explicarme el proceso, robóticamente absurdo, que ha seguido, y el final feliz a pesar de los fallos intermedios.


Yo tengo una explicación, le digo: se llama Photomath. No me lo he instalado nunca porque no me ha dado la gana, aclaro. Él tampoco se lo ha instalado nunca.

Necesito encontrar para D2 una salida digna. Y no tomarme estas cosas por lo personal. Que luego me duele el estómago y soy difícil de trato.


Por lo pronto D2 ha conseguido que, al llegar a casa, me instale el Photomath. D2 y Photomath razonan de forma idéntica. Me siento como Sarah viendo a su hijo John confraternizar con el terminator. Es increíble la cantidad de vueltas que da Photomath para resolver ecuaciones de segundo grado. Las mismas que D2, salvo algún error en el output de D2. Photomath me explica por qué D2 dejó un ejercicio en blanco. Al escanear el sistema de dos inecuaciones con dos incógnitas, en lugar de la solución, Photomath devuelve un comentario: “Aún no podemos solucionar este problema, pero ¡pronto podremos!” Hay que aclararle a la madre de D2 que está perdiendo dinero: Photomath es gratis.

lunes, 3 de junio de 2019

Me queda un regusto amargo en la boca

TRADICIONAL Y HOLÍSTICO.

Me queda un regusto amargo en la boca, doctor, resulta insoportable.
Siguiendo sus consejos apagué la radio y me alimenté sólo de patatas, pero me sabían a ceniza. Saboreaba sus palabras, doctor, las masticaba lentamente. Leía banalidades pero la hiel lo invadía todo".
“Visualice un refugio, un viaje por hacer”, sugirió sonriendo en nuestra última cita. "La autosugestión mejora los efectos de los antiácidos."
No sé si volveré a verlo. Tengo esa incertidumbre y escucho otra vez la radio, pero se ha disipado el amargor. Me repito – y funciona – mañana y noche, tomando el Omeprazol: “ En los viajes por hacer está tu boca. Tu boca, cuanto antes”.


LETRAS CONTRA EL INSOMNIO

“Me queda un regusto amargo en la boca cuando la beso. Los labios y la lengua siempre frescos. Los besos lentos, largos, lentos. Mi lengua, en comparación, es un caracol denso, caliente y pesado.”
Lucía dio las gracias al último paciente. Tenía ya suficiente material y dos títulos en la cabeza.
“Recuerdos sensoriales ligados a emociones en pacientes despertados del coma: posibilidades de actuación clínica” para la tesis.
“Los recuerdos dormidos nos despiertan” no titularía el best-seller mundial que no escribiría por respeto, sino los cuentos y poemas con los que adormecer los recuerdos de quienes regresaron del sueño: harían posible la digestión del trabajo de campo.

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Microrrelatos sin premio: Los mandé a los relatos encadenados de la SER y Escuela de escritores.


viernes, 3 de mayo de 2019

Octubre

Cada mañana me envuelvo en un abrigo
que cada día muda su color.
Camino decidida, paso firme.
Las zarzas no me tocan.

La niebla, a veces, se enreda en mi cabello
se disipa después, no sé ni cuándo.
No sé ni para qué, no sé ni cómo.
No he visto el sol.

Cada tarde tomo entre mis manos
un pincel que puede ser cualquiera
y baila pinceladas en el aire
tiñendo las ventanas amarillas
para que en casa no entre
la noche negra.

La soledad no está ni de camino..
Me acompañan, en un quinto con vistas
todo exterior, calefacción central,
tu sombra, tu calor y tu cordura.






jueves, 2 de mayo de 2019

Otro muerto



I: CONTRA LA SERPIENTE MORTAL

Hay quien escribe, en primera persona
La lucha vital: a vida o muerte
Contra una penosa y larga enfermedad
De un tiempo acá, se rompe el tabú.
La serpiente se nombra.
Se escribe cáncer y todo está bien.
Y luchas, y lloras y ríes y recorres
Los pasos que van marcando las horas.

Y vences o no. Pero asumes y luchas.
Luchar es vencer. Vences.
El personal sanitario te sostiene,
Te alienta, te acompaña, te envenena.
Porque el remedio contra la serpiente
No es el antídoto. Es el veneno.
Y sientes náuseas. No sientes los dedos
y te duele.Y te desanimas. Y te despedazas.
Y escribes. Y hablas. ¿He dicho que luchas?
Y todo está bien.

II: CONTRA EL ABSURDO MORTAL
No hay tiempo de luchar ni decir ni escribir
Una sola palabra al salir una noche cualquiera
Sin arma ninguna blanca ni de fuego.
Sin ganas de armarla con desconocidos.
Sin que entre en sus planes contar esa noche
Cuatro cuchilladas en tórax y abdomen
O una contusión y muerte cerebral.
Ni adiós ni lucha ni náusea ni nada
Sangre en la acera y muerte. No hay más

III:  CONTRA EL MIEDO
Soy mortal: vivo como si no lo fuera.
Soy cobarde hasta para afrontar
la muerte de los desconocidos.
La de los allegados me aterra.
Contra los crímenes, distancia.
Centrarse en el modelo de nación
En los pactos plausibles, en el fútbol.
En el cambio climático si quieres.
En la nieve, la lluvia o en la escuela.

Un camión –un autobús – que no te atropella
en el paso de peatones aunque te roza
cuando cruzas sin mirar
No hace daño, pero  paraliza.
Toca el claxon para sacarte de la inopia.
Arrancas a llorar, luego a moverte
Y a lo largo del día recobras la certeza
Y el alivio entre temblores de vivir aún.

El asesinato de un joven por parte de un desconocido
Ha sido hoy un tráiler en mi paso de peatones.
Qué importa que yo tenga un regusto amargo en la boca
Él no volverá a casa.

lunes, 29 de abril de 2019

Poética de ayer y de mañana

Miro atrás y sonrío como una anciana
escuchando a los adolescentes increparse
a santo de nada, a la puerta del colegio.

Las palabras cortantes, rotundas, afiladas
llegan como hijas de leche, amamantadas
por el busto de la exageración.

La brusquedad y el juego me divierten.
Me sonrojan. Pero a veces
en el ritmo, en la cadencia
o en la vecindad de las palabras
de un poema de entonces, de hace tanto,
tropiezo de repente con la resolución
mejorada de una inquietud de hoy.

No es que se disipen las dudas
es que se ven más claras las incertidumbres.

El olvido ha hecho su trabajo.
El recuerdo también, transformando
los juncos de aquel tiempo
en estos cestos de hoy.

La vida continúa su rumbo impredecible
la soledad no acaba de quebrar
aunque triunfe la compañía.

Tenía bien marcadas líneas rojas.
Principios sine qua non, qué sé yo.
Disfruto ahora, dichosa,
las mieles de la contradicción.
Es posible decirse desdiciéndose
Afirmarse negándose rotundamente.

Incluso hay veces - menos de las que quisiera -
En que veo que tengo razón, pero me callo.

Timón bien engrasado, rumbo al sur.
A lo desconocido, al órdago, a toda vela.
Al sur por el camino del norte.
A crecer, a vivir, a ser flexibles
cada vez más, y con menos daño.

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domingo, 7 de abril de 2019

Nieve primavera

Cae la nieve estos días como una promesa.
Cae, sí, pero no termina de cuajar 
Ayer amanecieron los tejados, los coches
enharinados. Enfarinats.
Difícil distinguir en los almendros
las flores de la nieve.

Marché casi sin tiempo de ver nada.
Con prisas, con horarios de ciudad.
Al regresar, la lluvia lo había lavado todo.
La lluvia, ¿a qué negarlo? también es un consuelo.
Con lluvia me refugio detrás de mi cristal.


Cada tarde una nube que es muy densa y muy blanca
se cierne frente a mí sobre el pico más alto.
Parece que acaricia sus aristas brutales.
Tapa completamente el pico de la vista
Y luego, en la mañana, las grietas doloridas
se despiertan curadas, consoladas de nieve.

Pero a mí no me llega esa blanca blandura.
La temporada alarga. Bien por los esquiadores.
Parece que este año yo no aprendo a esquiar.

Como almendro que vive en la alta montaña,
no sé si es primavera o es otoño otra vez.
El sur me espera pronto, el sol me quiere bien
pero echaré de menos los picos imposibles
que me hieren la vista, que me curan el alma.
O me hieren el alma y me curan la vista.

Más aturdida estoy que la paloma aquella,
la que cantaba Alberti, siempre se equivocaba.
Quiero ir al sur, yo, y estoy al norte
aunque el sur bien me espera.

El sur sin nieve. El sur con mar.
Con mar y manos tibias.
Norte, bien me cuidas,
pero me voy al sur.

En mi piel se dibujan, con todo, vías ferratas,
románico, caminos serpeantes con boj a los lados.
No son cicatrices, son casi identidad.
Son líneas en las palmas de las manos.

Tengo hambre de sur. También de nieve.
Si cierro bien los ojos en el valle,
se abre un horizonte de arena y palmerales.
De risas y de encuentros.
Sin vértigo, amo también, ahora que la tengo,
la montaña. El silencio. La soledad,
definitivamente en quiebra.