viernes, 3 de mayo de 2019

Octubre

Cada mañana me envuelvo en un abrigo
que cada día muda su color.
Camino decidida, paso firme.
Las zarzas no me tocan.

La niebla, a veces, se enreda en mi cabello
se disipa después, no sé ni cuándo.
No sé ni para qué, no sé ni cómo.
No he visto el sol.

Cada tarde tomo entre mis manos
un pincel que puede ser cualquiera
y baila pinceladas en el aire
tiñendo las ventanas amarillas
para que en casa no entre
la noche negra.

La soledad no está ni de camino..
Me acompañan, en un quinto con vistas
todo exterior, calefacción central,
tu sombra, tu calor y tu cordura.






2 comentarios:

Spiff dijo...

Una visión positiva de octubre ¡Milagro! Me producen curiosidad todas las referencias a la soledad en diferentes entradas, siempre presente aunque sea para atizarla.
También leer esto en el intercambiador de autobuses, con estruendo, polución, 30 grados a la sombra y la soga al cuello ofrece unos segundos de remanso muy bienvenidos.

la cónica dijo...

Antes me pasaba por La soledad en quiebra como Pedro por su casa. He vuelto, quizá, porque la soledad, algunos ratos, es mucha. Y porque vuelven la incertidumbre, el horizonte, el vértigo y otros habituales de La soledad. Como una tienda vintage. Por el momento, todo resulta muy confuso al leer. Confusión, reflejo fiel del pensamiento. A ver si se ordenan las palabras. A ver si se ordenan las ideas. ¡A ver si me entiendo!

Quítate la soga del cuello, mete los pies en un río helado y a disfrutar de la polución, que me parece que va a ir a más en Madrid. Yo he cambiado de aires. Camino al trabajo con la chaqueta puesta. A veces, cantan pájaros desconocidos su algarabía y saludan terneros en sus prados, pero la contaminación me persigue.