CAZA MENOR
El primer trámite
es repasar el antro de un vistazo.
La mirada experta busca entre el humo
alguna pieza fácil de cobrar.
Me queda una sonrisa en la recámara.
Disparo a dar. Disparo por si acaso.
Si fallo, llevo adelante el rito.
Voy a la barra despacio
pido un tubo con tres hielos, naranja y pippermint.
Marco unos labios rojos en el borde
enderezo las medias,
busco un claro
y me pongo a tiro.
DESTELLOS DE VERDAD
El brocado estridente
y el derroche de luz en el escaparate
se ven desde la acera.
Desde mi trozo.
Sin dios a mano,
extiendo mi cartel escueto:
Dádivas bienvenidas.
Dádivas bienvenidas
y tú piensas
en tetrabrik de vino,
farmacopea, tabaco, pan
y -aciertas- cama en una pensión
alguna noche.
Me miras y decides que
la moneda que baila entre tus dedos
merece una verdad.
Con los ojos te digo que -teorema-
si me das unos céntimos
no colmarás mis anhelos en nada.
Y -corolario- de abandonarme el perro callejero
me quedará una soledad sin adjetivo.
Es agria mi verdad y no te gusta,
guardas en el bolsillo la moneda
y vuelves -no te culpo- a las mentiras
y a las luces. Al escaparate.
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Dos propuestas del taller.
En la primera, jugábamos con la palabra caminante. Había que escribir un poema donde hubiera palabras con los grupos de letras cam ami ina ant ante, para jugar con los sonidos, supimos luego.
En la segunda, hicimos una ronda, donde cada uno decía una palabra que, en principio, no tenía que ser habitual, coloquialmente hablando. Después había que escribir un poema con todas las palabras. Eran dios, brocado, estridente, farmacopea, mano, dádiva, anhelo, adjetivo, corolario y casa . Ya saben cuál dije yo, claro. Falta casa en mi propuesta y me han dicho, que puestos a quitar, quite alguna más. Pero de momento, no quito nada.
ASO
Hace 3 días
