La boca del lobo escapó del cuento
me mordió la mano y no me quejé.
Fue por prudencia o por urbanidad.
Con la certeza de que serían
mordidos mucho antes que después
no alarmé siquiera a los vecinos.
No me frenó -saben- la cobardía.
Fue por civismo, por educación.
Decidí aparentar normalidad,
me puse a ello y la aparenté.
No abrí los ojos, no evalué los daños.
No mereció el suceso titulares
ni fotos a color ni teletipos
ni comentario alguno entre borrachos
en las tabernas de la desolación.
Camino a casa apreté los dientes
para sobrellevar la vil punzada
del silencio horrible y sostenido
del dolor sordo y mudo, infatigable.
Ando al acecho de una mano incauta
que llevarme a la boca cuanto antes.
No espero que comprendan, ¿para qué?
Espero impunidad y compostura.
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Taller: cinta adhesiva.
ASO
Hace 3 días