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lunes, 17 de junio de 2019

Neo-rural


Cuando acabes la dejas fuera, dijo. Y me dejó sola. Sola, no: con la vaca. Estaba el taburete y un balde y un hedor a heno fermentado y a boñiga. Me eché a llorar escandalosamente. Grité con rabia. No iba a alarmar a los vecinos. No cabía más sonrisa acartonada, ni inventar más accidentes ni encubrir al diablo se lo lleve. Por primera vez, me vi capaz de todo. De ordeñar, de tener callos en las manos, de aprender el calendario lunar. Incluso me invadió la certeza, terrible, de ser capaz de sacrificar a cualquier animal que se me pusiera por delante.

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Otro microrrelato que no se escucha en antena... Lo mejor de este concurso es que me hace escribir.  Aquí está el formulario para participar, con la frase de comienzo: Nos apenó que no le quedara ni un recuerdo para rellenarlas No dejéis de leer los -francamente buenos- relatos ganadores 

martes, 11 de junio de 2019

Au pair

Me llamarán para que baje a cenar en familia...  y yo no tendré hambre.


Silenciaré el móvil. Velaré porque los niños tengan las manos impolutas. La perrita vendrá a hacerme fiestas, pero no le daré de comer: son las reglas. Miraré seria si los niños intentan levantarse antes de que los mayores acaben. Pediré la sal, el pan, la servilleta y los cubiertos por favor. Muchas gracias. 


Me preocupa la reacción de mi familia cuando vuelva a casa -si es que vuelvo-  a estos modales, a esta nueva costumbre de cocer las verduras por separado y a esta necesidad de cenar, como muy tarde, a las siete y media.

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Microrrelato para el concurso de Escuela de Escritores y Cadena Ser. Esta vez, la frase que abría era: "Me llamarán para que baje a cenar en familia".

Los ganadores y las instrucciones para participar con la frase de esta semana: Cuando acabes, la dejas fuera. Máximo 100 palabras, antes del jueves 13 de junio a las 12:00, ¡participen! La semana pasada, sólo éramos 719 participantes... Pero no eligen al azar, claramente...

viernes, 12 de diciembre de 2014

Mucho te quiero



Había escrito cien veces: te quiero. Te quiero, Julia.  Te quiero, Alejandra.  Te quiero, Manuela. Y todos los te quiero eran  verdad.  Igual que el frío en la trinchera. Los cambió por tabaco hasta octubre y en noviembre, cuando nadie tuvo picadura ya, los hizo de balde. Cada te quiero  en letra inglesa era una bocanada de humo dulce.

El invierno fue duro sin tabaco en el frente. Desde la retaguardia, cien mujeres proporcionaron tregua y aliento a aquel soldado. Víctima del veneno de la literatura, llegó hasta el armisticio. Vivió como escritor empedernido y ya no fumó más.

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Jugando con el concurso de microrrelatos de la SER... Pasen y escriban. Tendrán de todo lo que se necesita para animarse a escribir. Una frase inicial, cien palabras máximo y un plazo... ¿qué más se puede pedir? Los que escogen cada semana, además, suelen ser bastante buenos...

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Matemáticas aplicadas



Empezó a pensar en un nuevo teorema.  

En el escenario claro de su cabeza se sucedían posibles condiciones necesarias o suficientes con la elegancia que despliegan los instrumentos al entrar y salir en una sinfonía. Exploró sin descanso y cada posibilidad era un adagio que ensanchaba su pecho y se desvanecía luego, sin terminar de tomar forma.  

Esbozó una sonrisa cuando la encontramos. La mirada lúcida e incisiva permanecía ajena al caos circundante. El ejercicio de la razón – lo dijo años después de haberlo demostrado-  proporciona, a veces,  el único resquicio en el que refugiarse del horror.  

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Intentando dedicarle tiempo a la escritura con microrrelatos. Este lo mandé al concurso de Relatos encadenados de la SER.

miércoles, 13 de junio de 2012

Un Relato Muy Bueno


Romeo subió al tren de Cercanías y claro, también subió Julieta. Desde mi posición privilegiada, traté de no perderme un gesto oculto, una mirada cómplice. Aún era temprano. Las palabras tiernas enredaban jirones de sueño en mi cabeza. Envuelta en la atmósfera que los enamorados dibujaban, mecida por el tren, me dormí. La señal de apertura de las puertas anunció la llegada a mi estación. Salí al andén de un salto. El tren marchó y en él quedaron, jóvenes y hermosos, Romeo y Julieta, amén de otras obras escogidas de William Shakespeare. Cátedra 2005. Tomo II.

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99 palabras en tren, para no perder la costumbre. Nunca he salido ni entre los 999 mejores, pero da igual, van seis ediciones y es una cita obligada. El título no es mío, he de decir.



miércoles, 28 de mayo de 2008

Receta (sin premio)

BERENJENA
(GRATINADA CON TOQUE A MIEL MUY LIGERO)
PARA TOMAR EN LA CENA
(PARA QUITARSE EL SOMBRERO)

aunque no es fundamental
siempre es aconsejable
un motivo ornamental
que desde la mesa hable
de una ocasión especial,

pongo por caso, un sombrero

sombrero sobre mantel
para acompañar al vino
que juegue al tute con él
y le ponga un toque fino
a la uva cencibel

no escatimar en detalles

mieentas coge la textura
la carne para el relleno
a fuego lento en la olla

llore con mucha ternura,
con lágrimas sin veneno
cuando pique la cebolla

ponga música de fondo
caliente la berenjena
en el horno a medio gas

vacíela en plato hondo
verá cómo queda buena
si le pone algo de jazz

y busque el momento justo

antes del chisporroteo
del relleno que crepita
ponga miel, ajo y pimiento

y muévalo hasta el mareo
con cuchara en la marmita
sin pausar el movimiento

paciencia y saber estar

espere mientras se atusa
el pelo de la cabeza
que cocinar no es excusa
para olvidar la belleza

y gratinar solamente
cuando venga el comensal
serán sólo diez minutos

espero que condimente
la espera con poca sal
no sean ustedes tan brutos

que se olviden de la cena
que estando la mesa puesta
el horno huele que apesta
y adiós a la berenjena
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Este año, la feria del libro de Fuenlabrada tiene por lema Gastronomía y literatura. Y han convocado un concurso de recetas rimadas. La mía era ésta. Pero tendríais que probar la tortilla de Rufino, el revuelto de ideas de Enrique, la receta para los días tristes de Pilar y por supuesto, el potaje de Eugenio. Para chuparse los dedos. A la sazón, debidamente galardonadas. Esta cocina está creando escuela. El taller, digo.

lunes, 23 de abril de 2007

En algún lugar, en algún momento



En algún lugar, en algún momento.

Querido Michael:

Sólo conozco los dos mundos que me enseñaste, el de la realidad y el de la fantasía. No sé, con certeza, a cuál te escribo. Ya sabes que acampo en la frontera, en la mezcla de colores, en el negro, que tantos matices esconde.

Me cuelo en un café. Apoyada en el codo, la mano en la frente y los ojos cerrados, escucho el despertar de la ciudad. Voy dibujando, con tinta negra, el entrechocar de la taza con el plato. La maraca de papel y azúcar suena a mi lado. La caricia de la cucharilla traza estelas de espuma. Las dibujo también. Alguien lee un libro. Es áspero el hojear y huele a recién impreso.

La cafetera silba. Humean las tostadas en la plancha y el cigarro en la boca de la mujer del maletín. Huyo del humo despacio, con pasos cortos.

En la calle amanece. Un barrendero rasga el gris de la acera en una calle larga, larga, larga. El movimiento del cepillo es rítmico. Lleva el compás un-dos-tres-cuatro. Y vuelta a empezar.

A su lado se oyen, presurosos, los tacones de la mujer del maletín. Y los pasos de tantos que apenas tienen tiempo de respirar. Absorta en la cadencia, me siento y degusto el bisbiseo de la escoba. Dos pasos acompañan cada ida y venida. Los trinos de gorriones y el gorgoteo de palomas hacen los coros. Hasta el claxon de algún conductor impaciente forma parte de la melodía. Es la primera vez que veo a tan singular director de orquesta. Le conozco desde siempre, sin embargo. Cerca de él traspasa el anaranjado el verde de los árboles.

Comienza un goteo de adolescentes tristes. Cargados de mochilas imposibles, arrastran pasos pesados. Blindan su interior. Lo que piensan, si van pensando en algo no alcanzo a imaginarlo. Traen una ola de melancolía a mi playa. No me invade, sin embargo. Se va pronto, con la algarabía de chiquillos más pequeños que van al colegio entre juegos y risas. Estrenan el día como es debido. Porque un día nuevo es una fiesta grande. Yo les sonrío y vibro con su alegría.

Empieza un golpeteo rítmico dentro de mí. Serán mis latidos torpes. Serán, quizá, tus dedos en la máquina de escribir, que me dan vida. Ya no sé si te escucho o me piensas. Quizá, lo que ocurre es que me leen. No sé en qué tiempo estoy. Que tengo tiempo, sí lo sé. También, que tardará en deshojarse.

Gracias por el paseo matutino. No te pido que me escribas. Sé que me escribes ya. O que me escribirás. O que me has escrito.

Un abrazo indeleble.

Momo.