En el sótano guardo muchas botas, rotas por el uso. Los futbolistas más insignes del Barça y otros menos recordados las han calzado.
No soy un aficionado. Soy un profesional. He trabajado en el club del 75 al 92. Además de auxiliar de material, he cumplido todas las funciones de un buen utillero: diplomático, discreto, confidente, cómplice, mano izquierda...
Entiéndanme bien: jugadores y técnicos me han respetado. Soy un profesional. De cada jugador guardo un par de botas rotas. No es afición. Es previsión. Mi plan de pensiones.
Hoy, fíjense, descubro que soy un sentimental. No soy capaz de venderlas. Las tengo bien emparejadas. A veces, colocadas por orden alfabético. Otras, por temporadas. Otras muchas, hago mi propia convocatoria: las titulares ocupan su lugar en el campo, y las suplentes se alinean, juntas, en el banquillo.
El club no ha sido previsor en cuanto a mi jubilación. Aunque he sido un profesional.
Ahora que todos los jugadores se han retirado, ahora que no perjudicaré a ninguno en su carrera, ahora que veo imposible deshacerme de las botas, he decidido contar las anécdotas, las complicidades, las confidencias.
No es traición, entiéndanme bien. Es necesidad.
ASO
Hace 2 días