Libre te quiero: Un poema de Agustín García Calvo
Libre te quierocomo arroyo que brinca
de peña en peña,
pero no mía.
Grande te quiero
como monte preñado
de primavera,
pero no mía.
Buena te quiero
como pan que no sabe
su masa buena,
pero no mía.
Alta te quiero
como chopo que al cielo
se despereza,
pero no mía.
Blanca te quiero
como flor de azahares
sobre la tierra,
pero no mía.
Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.
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Hoy es 8 de marzo y en el instituto donde trabajo, y en todo el mundo, se conmemora el Día de la mujer. Hace más de 8 años, uno tras otro, es un día grande para el centro. Se trabaja desde las tutorías, se trabaja codo con codo con los alumnos mayores, que dan charlas a los pequeños, según el enfoque de cada vez. Preparan teatro clásico (este año, Lisístrata), se buscan poemas y canciones, ponentes que vienen de fuera, se escribe un manifiesto, se empapelan el hall y los pasillos de viñetas, de carteles que los propios alumnos hacen, se reparten flores y chapas, ... Entre distintos lemas, estuvieron La igualdad empieza en casa, Mujer y pobreza, No soy la muñeca de nadie,... Las leyes están escritas, se ha buscado favorecer a las desfavorecidas. Pero tantas veces se quedan en el papel... Y sin embargo, los cambios son reales. Mi vida, sin ir más lejos, tal como yo la vivo, sería impensable hace treinta años. Este año, hacemos hincapié en que existen Los hombres que dan la cara por la igualdad, o le robamos el título a Laarson para darle la vuelta a la historia y hablar de Los hombres que aman a las mujeres. Los que las aman bien han favorecido algunos cambios. El amor es una de las pocas armas que quedan para la revolución. La educación es otra. Yo, al menos, así lo creo.


