La ciudad donde vivo no es hermosa. La conoci viendo a los adultos de rodilla para abajo. Algunos lugares han encogido en este tiempo. Otros no eran y ahora son.
A Madrid, gigante cercana, le debo paseos y versos. A veces me engulle con sus tuneles y sus muchedumbres, pero creo que me quiere.
Barcelona solo me ense;a su cara mejor.
A otras les dije solo: desnudate, que voy a hacerte fotos de los lunares y los tatuajes (se donde los tienes), y despues dire que fuiste mia.
Por eso, aunque ha habido otras ciudades, con Praga me siento virgen. Me va alimentando, no la devoro, ni le busco solo el lado mejor. Llegue sola y a solas me encuentro con ella un rato cada noche, pero no es soledad, es un ten con ten. Los detalles peque;os dibujan la imagen que tengo de ella: La musica, los puestos callejeros de comida, los tranvias, los mendigos, (la cerveza...?). Me reconcilio con las calles "tomadas" por turistas. Son un hervidero de culturas, de lenguas. Es jugosa esta mezcla.
La ciudad me guia, me ensegna lo que quiere. Me enreda por el mismo luga tres o cuatro veces. Otras, me muestra un rincon que fotografie ayer. Salvo fuerza mayor, no saco el plano. Ella no es pudorosa, se desnuda y muestra las marcas de luz en el aua del Vlatva y otras bellezas que me callo. Pero no es un desnudo forzado.
Entre ella y yo hay algo mas que trabajo, algo mas que ocio. No es tampoco turismo. Yo que se, es otra cosa.
Las ciudades son libros que se leen con los pies