Con el traqueteo
el café se removió
en la taza sin salpicar.
Cada gota, minúscula,
encajó en otro sitio del puzzle.
Al mirar la taza la hallaron igual.
Medio vacía, medio llena,
medio insulsa, medio dulce quizá,
caliente o fría, pero, en todo caso,
incapaz de explicar
por qué, cómo ni cuando
se removieron sus entrañas.
Brouwer, perdona por la errata.
6 comentarios:
Y aun siendo el mismo café y la misma taza, ya no eran... ni el mismo café, ni la misma taza, que eran extraños eternos. Hasta el siguiente traqueteo.
No eran los mismos, pero nadie hizo preguntas, nadie se dio cuenta.
Extraños eternos,...me gusta, me quedo con eso.
eso me recuerda a hormigas paseando por universos bidimensionales
Lo de Brouwer, supongo. Txe, tú eres de ciencias, verdad?
Un carajillo!
Marchaaando un carajillo para Antihéroe! Lo que haga falta, usted como en su casa.
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