Había escrito cien veces: te quiero. Te quiero, Julia. Te quiero, Alejandra. Te quiero, Manuela. Y todos los te quiero
eran verdad. Igual que el frío en la trinchera. Los cambió
por tabaco hasta octubre y en noviembre, cuando nadie tuvo picadura ya, los hizo
de balde. Cada te quiero en letra
inglesa era una bocanada de humo dulce.
El invierno fue duro sin tabaco en el frente. Desde la
retaguardia, cien mujeres proporcionaron tregua y aliento a aquel soldado. Víctima
del veneno de la literatura, llegó hasta el armisticio. Vivió como escritor
empedernido y ya no fumó más.
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Jugando con el concurso de microrrelatos de la SER... Pasen y escriban. Tendrán de todo lo que se necesita para animarse a escribir. Una frase inicial, cien palabras máximo y un plazo... ¿qué más se puede pedir? Los que escogen cada semana, además, suelen ser bastante buenos...
4 comentarios:
Precioso.
gracias!
Invierno sin tabaco... suena a infierno personal de la Grecia Clásica.
Abrazotes.
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