Tu corazón resiste como un barro
plagado de memoria.
En mi insomnio persisten
estelas de asteroides que -a propósito-
no
sigo con la mirada.
Son cantos de sirena
que no debo escuchar.
¡Ulises, a tu mástil!
Tus criaturas nocturnas
son dulces, son tranquilas,
son tiernas, son hermosas.
Tu bestiario y el mío
en nada se parecen.
¡Viva la diferencia!
Ya no tengo
un bestiario completo
de criaturas nocturnas.
He vencido al insomnio.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
A propósito de La mirada del cóndor, de Mario Lourtau. Versos llaman a versos. Estos los escribía casi dormida.
Estos días me incita a escribir también David Liquen, a petición propia. Quiero escribir, me gusta. Y me resisto a que quiebre del todo La soledad, ésta.
plagado de memoria.
En mi insomnio persisten
estelas de asteroides que -a propósito-
no
sigo con la mirada.
Son cantos de sirena
que no debo escuchar.
¡Ulises, a tu mástil!
Tus criaturas nocturnas
son dulces, son tranquilas,
son tiernas, son hermosas.
Tu bestiario y el mío
en nada se parecen.
¡Viva la diferencia!
Ya no tengo
un bestiario completo
de criaturas nocturnas.
He vencido al insomnio.
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A propósito de La mirada del cóndor, de Mario Lourtau. Versos llaman a versos. Estos los escribía casi dormida.
Estos días me incita a escribir también David Liquen, a petición propia. Quiero escribir, me gusta. Y me resisto a que quiebre del todo La soledad, ésta.
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