A mi larga lengua de lava no le quedan
ni unas últimas sílabas que escupir al papel.
Yo era poeta, pero ahora soy poeta sin versos
No escribo ni epitafios, ni puntos suspensivos
Y llegado el final, me ajustaré el cinturón de fuego
y quedarán trenzados silencios y cenizas.
El ambiente está muy sulfurado
impide respirar y deglutir
vivir es tan denso
que la cercanía a otra piel resulta insoportable
la temperatura hincha los vientres y los párpados.
Busco una opción distinta a perecer.
Propones que me agarre a una palabra fresca
y escape de la olla donde hierve la miel con el azufre.
Si no escribo, el volcán me devorará.
Construyo una escala ligera de palabras
y asciendo al aire libre en el que se han salvado los poetas.
Contrarío a Benedetti, y me salvo.
El fuego embota el corazón de las criaturas
la lava avanza lenta y despiadada.
El horror se dibuja en cada rostro
y queda sepultado miles de años.
Las palabras perviven, las palabras sólo.
Miles de años.
Para que los arqueólogos lleguen avisados,
soporten sus hallazgos y se salven.
NYSIROS
Pensaba que un volcán era un tajín.
Marrón por fuera y rojo y borboteando un caldo denso
si te asomabas al borde del cráter, dentro,
pero fui a Nysiros.
Nysiros quiere decir volcán, en griego,
es una isla del Dodecaneso y es un volcán aletargado.
Caminé dentro del cráter. Era un paisaje lunar
amarillento e imposible.
A los pocos pasos, tenía que asomarme afuera
para no respirar el aliento de azufre.
Nysiros es un volcán dormido,
pero en algunas zonas, calienta la suela a las sandalias.
Si es verano, no pareces tener escapatoria
el calor te aplasta desde arriba y desde abajo.
Es hermoso Nysiros, volvería.
Aprendería bien su historia de gigante
derrotado por un dios.
Nysiros presenta algunas fumarolas activas.
Se resisten. Escupe hilos de agua hirviente
y en los hilos
hay flecos entre blancos y amarillos.
Son las arqueobacterias
se alimentan de sales sulfurosas
pueden soportar la vida a 76ºC de temperatura.
Tienen una innegable capacidad de adaptación
que yo no tengo.
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Con David Liquen, las palabras salen solas, fluyen como agua. Hablamos de volcanes estos días, y yo que ahora no tengo cuaderno de escribir, recupero estas palabras de nuestras conversaciones. Le hicieron un hermoso retrato como vulcanólogo, allá en la ciudad de Remolinos, cuando la erupción del Chichinavo.
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