domingo, 17 de junio de 2012

La boca del lobo

La boca del lobo escapó del cuento
me mordió la mano y no me quejé.
Fue por prudencia o por urbanidad.
Con la certeza de que serían
mordidos mucho antes que después
no alarmé siquiera a los vecinos.

No me frenó -saben- la cobardía.
Fue por civismo, por educación.
Decidí aparentar normalidad,
me puse a ello y la aparenté.
No abrí los ojos, no evalué los daños.
No mereció el suceso titulares
ni fotos a color ni teletipos
ni comentario alguno entre borrachos
en las tabernas de la desolación.

Camino a casa apreté los dientes
para sobrellevar la vil punzada
del silencio horrible y sostenido
del dolor sordo y mudo, infatigable.

Ando al acecho de una mano incauta
que llevarme a la boca cuanto antes.

No espero que comprendan, ¿para qué?
Espero impunidad y compostura.

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Taller: cinta adhesiva.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Fascinante poema del miedo a reconocer el miedo a perder la dignidad o la imagen, tanto a nivel crítica social, como emocional.

Me he muerto solo y nadie se dió cuenta de mi soledad, porque todo estaban al margen de mi dolor.

la cónica dijo...

Fascinante es una palabra grande, carmeloti...

Gracias por tu comentario, lo que se escribe cobra vida cuando se lee, y tengo el blog un poco abandonado últimamente, así que se agradecen las visitas y las huellas.

Saludos.

Anónimo dijo...

no es el mordisco lo que duele, sino la percepción que uno tiene del mismo.