Yassin se empeñó en que la mochila del cole tuviera ruedas. Lo llevaba pidiendo desde el año pasado. Que tenga ruedas, que tenga ruedas. Su madre no puso objeción y el mismo día que se la compraron me vio subir la escalera.
¡María, María! - me gritaba con un alborozo desmedido en el rellano- ¡Espera!
Yo esperé y en dos segundos me enseñó su mochila. Le tuve que pedir que se diera la vuelta para verla, porque, en realidad, lo que me mostraba, era la pinta que tenía el mismo llevando la mochila. Era roja, con un dibujo de un ser impreciso y naranja.
Lleva todo el día paseando por la casa llevando la mochila - me decía su madre.
Yassin tiene 3 años y empieza el cole hoy. Debía haber sido ayer, pero como su grupo va a ser grande van escalonando la llegada de los niños que llegan por primera vez.
Anoche, cuando yo llegaba, estaba asomado al balcón, y me gritó como siempre hace: ¡María, María! Yo le pregunté por el cole y me enseñó la mochila, los libros y no sé qué más, porque aunque vive en el primero y la vista alcanza, hay una malla tupida en el balcón para que no se cuele entre los barrotes. Interrumpía la conversación que teníamos su madre y yo con algún ¡María, María! que sonaba a llamada ilusionada de emergencia. Entonces movía el índice en el aire primero y a lo largo de la barandilla después, y yo le preguntaba si estaba escribiendo. ¡Sí! - me decía. Y también ¡María, María! Me voy. Tengo que hacer deberes. En la vida he visto a alguien tan ilusionado por hacer deberes. Empezaba a contarme historias inventadas, de esas en las que siempre aparecen sus hermanos, el coche y el cole y el profe, y yo le dije que cuando supiera escribir, podría poner sus historias en el papel. Me dijo que iba a inventar una historia y empezó a hablar en un lenguaje ininteligible para mí. Enseguida me di cuenta de que no era árabe. Me explicaron que cuando le dicen que invente una historia la inventa, sí, pero inventa también las palabras. No salía yo de mi asombro cuando volvió a llamarme ¡María, María, mira! Y se plantó señalando a un sitio muy concreto con el dedo. Yo pensé que iba a sacar a alguien a la pizarra. ¡No! - me dijo. Y su madre me tuvo que dar la respuesta, esta vez no la encontraba yo sola.
Señalaba la calle que hay que tomar para llegar al colegio.
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Entrada en un cajón varios años: creo que Yassin va a empezar la Secundaria el año que viene...
¡María, María! - me gritaba con un alborozo desmedido en el rellano- ¡Espera!
Yo esperé y en dos segundos me enseñó su mochila. Le tuve que pedir que se diera la vuelta para verla, porque, en realidad, lo que me mostraba, era la pinta que tenía el mismo llevando la mochila. Era roja, con un dibujo de un ser impreciso y naranja.
Lleva todo el día paseando por la casa llevando la mochila - me decía su madre.
Yassin tiene 3 años y empieza el cole hoy. Debía haber sido ayer, pero como su grupo va a ser grande van escalonando la llegada de los niños que llegan por primera vez.
Anoche, cuando yo llegaba, estaba asomado al balcón, y me gritó como siempre hace: ¡María, María! Yo le pregunté por el cole y me enseñó la mochila, los libros y no sé qué más, porque aunque vive en el primero y la vista alcanza, hay una malla tupida en el balcón para que no se cuele entre los barrotes. Interrumpía la conversación que teníamos su madre y yo con algún ¡María, María! que sonaba a llamada ilusionada de emergencia. Entonces movía el índice en el aire primero y a lo largo de la barandilla después, y yo le preguntaba si estaba escribiendo. ¡Sí! - me decía. Y también ¡María, María! Me voy. Tengo que hacer deberes. En la vida he visto a alguien tan ilusionado por hacer deberes. Empezaba a contarme historias inventadas, de esas en las que siempre aparecen sus hermanos, el coche y el cole y el profe, y yo le dije que cuando supiera escribir, podría poner sus historias en el papel. Me dijo que iba a inventar una historia y empezó a hablar en un lenguaje ininteligible para mí. Enseguida me di cuenta de que no era árabe. Me explicaron que cuando le dicen que invente una historia la inventa, sí, pero inventa también las palabras. No salía yo de mi asombro cuando volvió a llamarme ¡María, María, mira! Y se plantó señalando a un sitio muy concreto con el dedo. Yo pensé que iba a sacar a alguien a la pizarra. ¡No! - me dijo. Y su madre me tuvo que dar la respuesta, esta vez no la encontraba yo sola.
Señalaba la calle que hay que tomar para llegar al colegio.
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Entrada en un cajón varios años: creo que Yassin va a empezar la Secundaria el año que viene...
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