martes, 4 de junio de 2019

El factor humano


D2 es una máquina.


Responde a las preguntas de álgebra como una máquina. Se enreda, se atasca en un bucle de algoritmos y después sale, triunfante: el trofeo del resultado, en la mano, el camino para llegar al final, robóticamente absurdo en el diseño, imperfecto en los detalles, inexpugnable en el resultado. Ha llegado como llegaban los lemmings del videojuego aquel a la salida: sin poder ver. Sólo se deja sin hacer el sistema de inecuaciones lineales con dos incógnitas, el que mejor salía en clase.


Por lo general, es nombrar el arma homicida y obtener confesión y disculpas de inmediato. D1 ni siquiera copió lo bastante para aprobar. En su examen se adivina el arrepentimiento a medio camino. D3 ha confesado en clase, cuando yo comentaba la jugada: A mí, me suspendes y ya está. Pero D2 ha mandado un mensaje a su madre para reforzar su versión y ella se ha plantado en la puerta del colegio a la hora de la salida: Lo ha hecho él solo. Ha mejorado mucho, dice.


Echo de menos el factor humano, la sencillez, el razonamiento. Él también los echa de menos. Revisa su examen conmigo y con su madre y no sabe explicarme el porqué de sus pasos. Han pasado dos semanas desde que lo hicimos, dice. Puedo hablar con su profesora de repaso, dice. Llevan muchas horas repasando y mucho dinero empleado. Conmigo no se entera bien. (Lógico, conmigo estira el brazo sobre la mesa y apoya la cabeza. Cierra los ojos dulcemente. Cuando le llamo, los abre. Se disculpa a veces). Le he dado dos semanas para mostrarme su taco de ejercicios con razonamientos parecidos. Para explicarme el proceso, robóticamente absurdo, que ha seguido, y el final feliz a pesar de los fallos intermedios.


Yo tengo una explicación, le digo: se llama Photomath. No me lo he instalado nunca porque no me ha dado la gana, aclaro. Él tampoco se lo ha instalado nunca.

Necesito encontrar para D2 una salida digna. Y no tomarme estas cosas por lo personal. Que luego me duele el estómago y soy difícil de trato.


Por lo pronto D2 ha conseguido que, al llegar a casa, me instale el Photomath. D2 y Photomath razonan de forma idéntica. Me siento como Sarah viendo a su hijo John confraternizar con el terminator. Es increíble la cantidad de vueltas que da Photomath para resolver ecuaciones de segundo grado. Las mismas que D2, salvo algún error en el output de D2. Photomath me explica por qué D2 dejó un ejercicio en blanco. Al escanear el sistema de dos inecuaciones con dos incógnitas, en lugar de la solución, Photomath devuelve un comentario: “Aún no podemos solucionar este problema, pero ¡pronto podremos!” Hay que aclararle a la madre de D2 que está perdiendo dinero: Photomath es gratis.

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