Uno. O dos.
En viernesanto comí carne. Ternera estofada, picando las verduritas muy finas y con mucho amor para mis huéspedes, 3 niños saturados de pescado la noche anterior. Se miraron entre sí y me preguntaron cómo se había matado a la vaca. No lo sé -yo no sabía-. Pero, ¿le cortan la cabeza entera? ¿le hacen sólo una raja en el cuello? En cualquier caso, seguro que no dicen la oración que hay que decir, concluyó el mayor. Seguro que los que trabajan en el matadero son españoles y no saben árabe, así que no pueden decir la oración...
Y no se la comieron.
Más.
Miré a la terraza del 4º, la que está dos plantas por encima de la mía, donde antes había un burdel que al final cerró, y vi ropa tendida. Nuevos vecinos, pensé. Pero ya me he resignado. La ropa tendida eran cuatro juegos de sábanas. Grandes. Otra vez.
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Rescatado del Planeta imaginario de Txe Peligro. Parece esto la operación rescate de las cajas de comentarios, esta vez en la entrada Matadero. Cuando abrí el blog, mi Cicerone particular tenía una lista inacabable al margen del suyo de blogs amigos. Le dije: no pienso visitarlos todos. Dime uno nada más. Y me dijo dos palabras: Txe Peligro. Le alabo el gusto. Y se lo agradezco, vaya. No dejéis de ir. Bien por la prosa y bien por el verso. Y esas especie de columnas que escribe.
yo no moriré de amor
Hace 1 día
