viernes, 17 de diciembre de 2010

calcula el número de días

al hilo de los versos de Delgaducho en Mil días suena bien

Y mil días aún por recordarte...
si quitamos quinientos...

la aritmética resuelve casi todo.

olvidarte no es cosa de restar
uno por uno hasta llegar a cero
el número de días que aún quedan
para que la memoria deje de doler.

nada resuelve para acabar antes
saltar de diez en diez los días.
tampoco de quinientos en quinientos.

la solución, la única, si existe,
la solución, que no sé si la hay,
pasa, seguro, por perder la cuenta.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Al final del poema

Algunos poetas me dejan muda.
La sangre ralentiza su compás.
Por un momento incluso se detiene
-el corazón inmóvil- .
Multitud de espejos minúsculos
recorren mis espacios ese instante.

Es un viaje de interior con mucha luz.
Me traslada a lugares habitados
que no sabía yo que me habitaban.

Dura el viaje lo mismo que dura una burbuja.
Lo que tarda en romperse el poema en la voz.
Pero siempre se puede regresar a los versos.


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Me dan pie los carverianos (ellos saben los que son), que leen a Gamoneda.
Me da pie Lourdes, en concreto, con estos versos de Gamoneda:


Alguien ha entrado en la memoria blanca, en la inmovilidad
del corazón.

Veo una luz debajo de la niebla y la dulzura del error me hace
cerrar los ojos.

Es la ebriedad de la melancolía; como acercar el rostro a una
rosa enferma, indecisa entre el perfume y la muerte.

martes, 30 de noviembre de 2010

nieva

nieva por dentro.
y cada vez que respiro
se clava una estrella puntiaguda
cerca de mi esternón.

no nieva lo bastante.
el aire contaminado de cristales
de promesas ultracongeladas,
de su oxígeno,
alimenta todavía.

pero no deja de nevar.
y aunque sólo sea porque están fríos
sé dónde están los dedos y que existen.
también sé que se mueven.
que se quieren mover.
que piden, no sé bien para qué,
otra vez, la palabra.

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Me da pie David Liquen con su no-poema nieva. (David tiene un blog, pero no es de poesía) Le copio el título descaradamente.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Para no quererte

Siempre encuentro motivos sin buscarlos.
Numerosos. Pequeños. Sujeto uno con otro
y se construye sola una torre de alfileres.
Un castillo de escarcha me protege de ti.
De ti, de tu ternura, de ti que nunca has sido,
que nunca podrás ser un peligro.

Es otoño. El sol, casi de invierno,
asoma en la mañana. Tú no estás.

Se derrite un enjambre y dejan de volar
sus abejas de hielo. Ya no zumban.
Sólo eran abejas. Me sorprende.
Se derrumba la lógica impecable
que mantenía en pie cada argumento.
Despierta entumecida la carne inquieta.

Sin más razón que un mediodía templado
se rompen las distancias. Bajo la guardia.
No estoy pendiente ya de mantener el frío.
El miedo sale huyendo de la piel y en la cabeza
cabe otra vez el convencimiento.
Merecemos alguna oportunidad
para estar juntos. Por ella lucharía.

Se pone el sol.

Podría ser -no sé qué pasará-
que helara -otra vez-
esta noche.

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Leyendo La soledad de los números primos, y se nota.
Después de un golpe de realidad, algunos reparos son insignificantes.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Se llamaba Silvia

Silvia con el cabello rubio y largo.
Silvia la que llevaba siempre
un bolso grande y negro.

Y quién iba a pensar que no tenía
la vida por delante.

La condición del hombre puede
ser tan inhumana
y es tan brutal la muerte si revienta
en la puerta de al lado
que la razón se niega a concebir
ni siquiera el dolor ni la muerte ni la rabia.

Pesa como una piedra al cuello la noticia
tira hacia abajo, según se acerca el lunes
de la base del cráneo y de la cara
interna de los tímpanos.

Y eso que no le pongo todavía
rostro a Silvia. Silvia con i latina.

Amanece mañana
- y creo que ya son cuatro -
otro día sin ella, que sólo es el primero
del resto de los días que nos quedan.

domingo, 7 de noviembre de 2010

A propósito de Sylvia

benditos sean, Sylvia,
el miedo y en el fondo, la desgana.
y bendito sea el horno eléctrico
y bendigo la bendita sustancia,
si es que existe,
que nos engancha
por la curiosidad o por los huevos
y no nos deja irnos justo ahora,
sin pitar prórroga,
sin ver qué pasará en cinco minutos,
sin ver si se deshace el nubarrón
o estalla la nevera.

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Me da pie Txe Peligro, mejorando lo presente, mi poeta favorito en la red.
Que nadie llame a urgencias. La vida no es perfecta, pero engancha.

viernes, 15 de octubre de 2010

Luna de verano

Yo he venido aquí a pedir la luna.
Llena, descomunal, anaranjada
sobre la orilla de dos continentes.
La luna, por favor.

Vengo a hacer memoria del trípode
temblando en la cornisa
memoria de ti que capturabas
incluso la llamada que se oía
desde cada alminar de la ciudad.

Vengo a renegar del destino.
Vengo a maldecir la herida
por si esta vez no deja cicatriz.

No encuentro en las palabras inquietud.
Revuelvo en la memoria de la piel
y no guarda registro de tus huellas.

La luna y el insomnio
las miradas en ruinas
el vacío que queda en el estómago
y las islas doradas, las murallas oscuras
son jornadas de un viaje de verano.

Son lugares donde no volveré
que habitan ya el recuerdo con ternura.