El invierno da los últimos coletazos, y estos días tengo la necesidad de rehacer todo. O casi todo. Así empezó la soledad en quiebra, como un punto de partida. Como un hito en el camino. Pero me quedo sin poemas. Los versos cada vez son más cortos y a las palabras, por más o menos que digan, casi no les doy aire para respirar. Quisiera tener palabras que dibujaran. Que hicieran perceptible lo sutil, que descubrieran la poesía que esconden tantos momentos de lo cotidiano, que se van tantas veces sin ser vistos y sin dejar huella. Por eso no escribo historias. (Por eso y porque no sé). Porque persigo mariposas. Pero estoy cansada. Las mariposas rara vez se dejan ver. A veces encuentro una, como el que encuentra una flor en el asfalto, y no la sé decir. No la sé enseñar. La belleza se consume maquillada en versos crípticos algunas veces, y no persigo el desconcierto. Sólo persigo mariposas. Pero estoy cansada. Las mariposas rara vez se dejan ver. Decía que quería escribir, hablar para decir, cuando abría este espacio. Aún creo que tengo mucho que decir. O que pensar en palabras. No quiero ser entomóloga. No quiero cazar mis mariposas, disecarlas, pincharlas en un alfiler y colocarlas en mi colección. Quiero dibujar mariposas vivas. Con forma y con fondo. Mariposas de colores con realidad al fondo. Una de mariposas de colores con realidad en el fondo, por favor.
En cualquier caso, empieza la primavera. Y la veda. Con cazamariposas pero sin alfiler.
MATAMBRE ( beatriz)
Hace 1 semana
