domingo, 31 de diciembre de 2006

Seremos uno

Para A.A.M.

Te echas a llorar y yo, como siempre, trato de consolarte. Es mi papel. Tú eres la mártir.

Te marchaste hace seis meses y no puse objeción. Buscabas un bien mayor, el amor con mayúscula. No ibas a dejar de quererme. Con minúscula, el amor no era más que un estado de ánimo, mientras que con mayúscula nos uniría más. Estaríamos separados, pero seríamos uno.

Tu decisión, polémica, te trajo mil discusiones con la familia. Era tu paso y para darlo te apoyaste -era natural- en mí.

Hasta qué punto me hundí, ni lo sospechas. No me viste llorar. Cuando te fuiste, algo se me rompió por dentro.

No te fue bien. Después de meditarlos, has decidido que volvemos. Pero no.

Es demasiado tarde para volver atrás. Lo siento, no puedo estar a expensas de lo que creas, de lo que hagas, porque sólo haces daño. ¿Estás decepcionada? Siento dejarte mal sabor de boca, ahora que venías a pedir perdón y a resucitar a los fantasmas. Si somos uno, será sin estar juntos. ¿No decías que el amor era un estado de ánimo?

No llores, preciosa, no llores. Será que soy demasiado duro. Será que esperaba una oportunidad para vengarme. Será que nunca te quise. Será que es culpa mía. Tú no te preocupes.

Escuchando One, de u2, después de mucho tiempo. Que Bono y demás me perdonen...

viernes, 29 de diciembre de 2006

El héroe no es de piedra

El que se ata al mástil cada día
y se desata y lucha con gigantes,
el que se agarra a la vida con los dientes,
ése, rebelde y frágil, idealista,
a veces cuerdo, loco a veces,
carga el mundo sobre los hombros
y le pesa, y ya no puede más.

Un poco Ulises y Quijote, un poco
Prometeo, un poco cualquiera de nosotros,
no puede más.
Tropieza y cae, un poco Jesucristo.

De noche lucha por conciliar el sueño,
cuatro noches de insomnio son dos meses de baja,
son viajes cancelados, son monstruos conocidos.
La vida rota, en fin, desmadejada.
Debe recomponerla, y ya
no puede más.

No puede más, y sin embargo,
esos días en que pierde las batallas
algo hay: una mirada, una palabra, un gesto
de alguna otra persona que le da fuerzas, sí,
para volver mañana
y luchar otra vez, con armas mejores,
y volver a perder, quizá, otra vez, mañana.

A ver qué tal pasado.

La soledad en masa

Soledad, pensé que eras sólo
silencio, o vacío o ausencia.
Pensé que aparecías sólo
al esconderme bajo el caparazón.

Salí por no encontrarte, soledad,
en mi casa desierta. Y desfilé
en los túneles un-dos, un-dos del metro.
Me callé en el vagón. Leí. No miré a nadie.
No invadí espacios, aunque me invadieron.
Con paso marcial, recorrí calles
repletas de luces, de cuerpos y de compras.

Fui a un concierto.
Cuando el artista dijo, chasqueé los dedos,
yo, una entre el total, entre mil setecientos.
Ovación. Canción. Ovación. Canción. Ovación.
Aplaudí en pie, como marcan los cánones,
uno entre mil setecientos pares de manos,
para que salieran otra vez los músicos.
Salieron.
Ovación. Canción. Ovación. Canción. Ovación.
Terminó el concierto. Estuvo bien.

En el taxi de vuelta, compartido, fui
una matrícula: números y letras.
En internet, soy una IP: unos y ceros.
Con máscara de red: unos y ceros.

Vuelvo al desierto y acaba el vértigo.
Se apaga la soledad en masa.
El silencio, el vacío y la ausencia,
a veces, se agradecen.

Y queda a solas la soledad conmigo.
De quiebra, nada. Algunas veces, hoy,
la soledad cotiza al alza.

miércoles, 27 de diciembre de 2006

Punto y aparte

He rescatado textos del disco duro, de cuadernos viejos, del año catapún. Después los he vomitado en el blog, todos juntos, revueltos los nuevos con los viejos, y ha crecido la sensación de náusea. Y de hartura. Ahora que los he pasado todos, pienso que me daba un poco igual que se perdieran. Es necesaria una poda. O una tala.

Vuelvo al origen: a la gelidez de la ventana abierta en diciembre. Vuelvo a nacer ahora. Punto y aparte. Vida nueva. En lo que al blog se refiere.

Desencadenada

¿Amor?
Voy por tu amor estrangulada.
La cadena no aprieta, pero ahoga.
Me atas en corto.
¿Con cariño? Quizá.
Como signo de amor
una cadena es un espanto.

Me la voy a quitar.
No te molestes.
Es un símbolo de un tiempo:
pretérito perfecto,
ha pasado, pasó.

Yo andaré mi ruta.
Viviré al día
y, si es posible,
seguiré soltando lastre.

Caesar

Verte escuchar me tiene embelesada,
Y sin embargo, no busco el canto
de sirena que te embobe.

Te quiero atento,
con la mirada de descubridor a punto,
Con esas ganas de llegarme dentro.

¿Qué busco? ¿La cadencia?
¿Busco el acento?

¡Te busco a ti!
No creas que busco un cuento.

Palabras barrocas

Tengo sensación de empacho.
En el cielo de la boca,
en las mandíbulas,
en la vertical desde la coronilla
resuenan mis palabras empalagosas.
Engoladas.
Rebuscadas.
Remiradas.
Repulidas.
Saben a aire
encerrado en un frasco de cristal.
Saben a nada.
A pompa de jabón,
a ruido hueco.
Saben a lata,
huelen a plástico,
quisiera decir todo con ellas,
o cuando menos, decir algo.