lunes, 14 de abril de 2008

El día siguiente

Estás cansado aún y ya amanece
y te abrazas a la mesa todavía.

De la cena de anoche quedan sólo
gotas de vino, resaca, migas de pan
y ganas de café. Queda el reflejo del vino
en el cristal, el eco
de la luz y las palabras.
Y el recuerdo borroso
de las manos. Y la huella clara de los dedos
que, distraídos, trazaban ondas
en la tela.

Te estremece, antes del desayuno
la sacudida. Las migas vuelan
y en el tambor, después de muchas vueltas
pierdes esa memoria
efímera
de las manchas
y te estiras al sol.

jueves, 10 de abril de 2008

Descubrir el Mediterráneo


Dice Raúl que no se puede descubrir el Mediterráneo todos los días. Lo dice casi cada lunes, y tiene razón. Salir a descubrir el mar desde el mismo punto del interior, partiendo de cero, es un esfuerzo demasiado grande. Demasiado inútil. Devastador.

El sentido de la orientación, la carta de marear y el cuaderno de viaje son importantes para llegar al destino. También la tripulación. Buscar un puerto, aunque no sea definitivo, es fundamental. Me contento, casi siempre, con viajar. Con el vaivén de las olas. Con sacar el brazo por la ventanilla del coche y buscar una posición aerodinámica o cortar el viento. Basta el asiento de ventanilla en el tren. Cuántas veces, al llegar a Atocha he mirado el panel de salidas tentada de subirme al próximo, donde quiera que vaya, y seguir la vida por ahí.

Improvisar y no escatimar en nada. Gastarme cada día. Tirarme a las piscinas. Nadarlas todas. Órdago a grande y a chica y a pares y a juego, sin rumbo. Un esfuerzo demasiado grande. Demasiado inútil. Pasa factura.

Necesitaba huir a donde fuera. Existía, como en el libro de Michel Houellebecq, la posibilidad de una isla. Una tripulación excelente y una isla pequeña me han hecho fácil encontrar el levante y el poniente. Y el privilegio de las mariposas y los lagartos, y el derroche de luz y de color que obedece a las leyes físicas.Ignoro si persigue algún propósito, pero la belleza pura, de contener el aliento. es el resultado, haya una razón o no. Es lo que queda impreso, más que en las fotos, en la memoria de la retina. Ha sido descubrir el Mediterráneo todos los días varias veces.

En cuanto a la orientación, me queda ir buscando el norte, cada día. El sur me lo reservo para las grandes ocasiones.

Me pierdo un poco en los puntos cardinales. Raúl sospecha mis descubrimientos del Mediterráneo muchas veces. Lo sabe por mis palabras, por el tono de voz, por la sonrisa abierta. No es posible descubrirlo cada día, me lo dice sin intención de convencer ni de desanimar. Más bien me señala el estante de los atlas, porque sabiendo dónde cae, aunque no se descubra cada día, no es difícil encontrarlo.

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Pedazo de chapa, lo sé. Pero llevaba demasiado sin escribir, y de los viajes vuelven las maletas llenas de ropa sucia y de intenciones. Y por todas partes se siguen viendo mariposas.

miércoles, 12 de marzo de 2008

VEDA

El invierno da los últimos coletazos, y estos días tengo la necesidad de rehacer todo. O casi todo. Así empezó la soledad en quiebra, como un punto de partida. Como un hito en el camino. Pero me quedo sin poemas. Los versos cada vez son más cortos y a las palabras, por más o menos que digan, casi no les doy aire para respirar. Quisiera tener palabras que dibujaran. Que hicieran perceptible lo sutil, que descubrieran la poesía que esconden tantos momentos de lo cotidiano, que se van tantas veces sin ser vistos y sin dejar huella. Por eso no escribo historias. (Por eso y porque no sé). Porque persigo mariposas. Pero estoy cansada. Las mariposas rara vez se dejan ver. A veces encuentro una, como el que encuentra una flor en el asfalto, y no la sé decir. No la sé enseñar. La belleza se consume maquillada en versos crípticos algunas veces, y no persigo el desconcierto. Sólo persigo mariposas. Pero estoy cansada. Las mariposas rara vez se dejan ver. Decía que quería escribir, hablar para decir, cuando abría este espacio. Aún creo que tengo mucho que decir. O que pensar en palabras. No quiero ser entomóloga. No quiero cazar mis mariposas, disecarlas, pincharlas en un alfiler y colocarlas en mi colección. Quiero dibujar mariposas vivas. Con forma y con fondo. Mariposas de colores con realidad al fondo. Una de mariposas de colores con realidad en el fondo, por favor.

En cualquier caso, empieza la primavera. Y la veda. Con cazamariposas pero sin alfiler.

Poemas de invierno

BAJO CERO

Yo digo
-las heladas cosechan
espigas negras. Matan-.

Y tú dices
-la mañana es hermosa-.

Brillan en la mañana
las hojas muertas.

No nos falta razón.

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DISTANCIA

Intenté salvar
la distancia metálica que nos separa.

Aún me saben tus besos
a labios cuarteados,
a hierro húmedo.

Tenía un filo de escarcha
tu lengua. Me cortó el aliento.

El dolor late aún en el frío.

Después del beso o la batalla
algo queda
entre tú y yo,
distancia.

lunes, 10 de marzo de 2008

8 de marzo

MEDITACIÓN EN EL UMBRAL

No, no es la solución
tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoi
ni apurar el arsénico de Madame Bovary
ni aguardar en los páramos de Ávila la visita
del ángel con venablo
antes de liarse el manto a la cabeza
y comenzar a actuar.

Ni concluir las leyes geométricas, contando
las vigas de la celda de castigo
como lo hizo sor Juana. No es la solución
escribir, mientras llegan las visitas,
en la sala de estar de la familia Austen
ni encerrarse en el ático
de alguna residencia de Nueva Inglaterra
y soñar, con la Biblia de los Dickinson,
debajo de una almohada de soltera.

Debe haber otro modo que no se llame Safo
ni Messalina ni María Egipciaca
ni Magdalena ni Clemencia Isaura.

Otro modo de ser humano y libre.
Otro modo de ser.

Rosario Castellanos
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El día de la mujer en diferido, pero merecía una entrada...

martes, 4 de marzo de 2008

Técnica del retrato (I)

La fotografía es fiel.

Al alcance de todos está
poner el modo automático
y apretar el botón.
Al alcance de algunos,
regular el diagragma. Escoger el instante
y perpetrar el robo -del alma, sí-.

Un espejo pulido, limpio
recoge tus gestos. Sonríe con tus ojos.
No es tu imagen quieta, pero
tampoco huele a ti ni sabe de tu piel
te olvida al momento si te vas.

Hay quien prefiere el vídeo, pero yo
para dejar constancia
de esa impresión viva de ti,
que sabe a ti y te dice ,
que a tus ojos -te engañas- no es fiel,
necesito palabras.

martes, 19 de febrero de 2008

Juegos de palabras

CAZA MENOR

El primer trámite
es repasar el antro de un vistazo.
La mirada experta busca entre el humo
alguna pieza fácil de cobrar.

Me queda una sonrisa en la recámara.
Disparo a dar. Disparo por si acaso.
Si fallo, llevo adelante el rito.

Voy a la barra despacio
pido un tubo con tres hielos, naranja y pippermint.
Marco unos labios rojos en el borde
enderezo las medias,
busco un claro
y me pongo a tiro.

DESTELLOS DE VERDAD

El brocado estridente
y el derroche de luz en el escaparate
se ven desde la acera.
Desde mi trozo.

Sin dios a mano,
extiendo mi cartel escueto:
Dádivas bienvenidas.

Dádivas bienvenidas
y tú piensas
en tetrabrik de vino,
farmacopea, tabaco, pan
y -aciertas- cama en una pensión
alguna noche.

Me miras y decides que
la moneda que baila entre tus dedos
merece una verdad.

Con los ojos te digo que -teorema-
si me das unos céntimos
no colmarás mis anhelos en nada.

Y -corolario- de abandonarme el perro callejero
me quedará una soledad sin adjetivo.

Es agria mi verdad y no te gusta,
guardas en el bolsillo la moneda
y vuelves -no te culpo- a las mentiras
y a las luces. Al escaparate.

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Dos propuestas del taller.

En la primera, jugábamos con la palabra caminante. Había que escribir un poema donde hubiera palabras con los grupos de letras cam ami ina ant ante, para jugar con los sonidos, supimos luego.

En la segunda, hicimos una ronda, donde cada uno decía una palabra que, en principio, no tenía que ser habitual, coloquialmente hablando. Después había que escribir un poema con todas las palabras. Eran dios, brocado, estridente, farmacopea, mano, dádiva, anhelo, adjetivo, corolario y casa . Ya saben cuál dije yo, claro. Falta casa en mi propuesta y me han dicho, que puestos a quitar, quite alguna más. Pero de momento, no quito nada.