jueves, 6 de diciembre de 2007

Vivir para ver

Él es miope por convicción y por naturaleza. Se afanó en difuminar los contornos del pasado hasta ver en cada detalle sólo el bulto informe. Para el presente escribe palabras grandes, en mayúsculas, fáciles de leer. Escribe AMOR SIEMPRE DESTINO, por ejemplo. Aunque todas son igual de metálicas. Y le suenan a hueco eco eco. No distinguirá bien el futuro. Le angustiarán la niebla y los grises y ese vértigo del hueco de ella en el otro lado de la cama. A menos que llegue la nitidez. La nitidez está al alcance de su mano, en la mesilla. Juega con las patillas entre los dedos , pero no se atreve a ponerse las gafas.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Del taller

Vayan como propuestas, por si queréis recogerlas. MJ nos ha propuesto en las últimas semanas, entre otras muchas cosas, escribir un poema ordenado, describir una palabra a través de un personaje (en mi caso la palabra era ausencia, pero había alegría, soledad, miedo, sed, entusiasmo...), en el tercero que escribo sólo nos dio el título: "Preguntas para el alma"

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POEMA ORDENADO (FIBONACCI)

Uno.
Singular masculino,
indefinido numeral. Yo.
Tú lejos de todas partes
lejos de aquí, tú.

Una.
Femenino singular
numeral indefinido.
Profundidad única
y cercana. Sí.

Dos.
Ojos que no miran
que se distraen
en el hueco del ascensor.

Tres.
Motivos posibles.

Cinco. Minutos interminables.
Ocho tal vez.
Trece palabras en el contestador.
Veintiún años. Varón.
Complexión media.
Treinta y cuatro faltan en el frasco.
Dosis letal. Cincuenta y cinco.
Ochenta y nueve. Ciento
cuarenta y cuatro. Doscientos
treinta y tres trescientos
setenta y siete, seiscientos diez, novecientos ochenta
y siete. Dos mil quinientos ochenta y cuatro.
Vértigo. La eternidad
no llega.

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AUSENCIA

Cada día se acerca
Daniel a la ventana del colegio.
1,30 x 0,95.

Cada día se acerca
con las manoplas puestas
a eso de la una
y espera una media
de siete minutos.

Cada día aparece entre los árboles
su padre. En el tumulto
Daniel lo encuentra siempre.

Hoy no.
Son ya las cuatro menos cuarto.
No ha querido comer,
aún lleva las manoplas.
Entre los árboles
no hay niños ni padres
no hay horizonte.
Niebla sólo.
Niebla y nadie.
La nariz pegada al cristal,
Daniel espera.

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PREGUNTAS PARA EL ALMA

Hablé contigo tanto tanto tanto
que me quedé sin voz.

Tanto tanto tanto creciste
que me negabas el cuerpo y las ideas.

Marcaré la distancia.
Entenderás o no, pero bien sabes
que ya no voy a preguntarte nada.

domingo, 4 de noviembre de 2007

A un tallo arrancado

Olvidarás tu latitud y tus palabras.
Ya no dirás más
madre ni pan ni beso.
Olvidarás los colores.

Aprende pronto las farolas sucias
y el humo y los abrigos.
Aprende el gris y el lodo.

Pero acecha.

Si tropezaras con una mano
una boya o un resquicio
agárrate.
Arraiga.
Algunas veces
nace la flor en la piedra.

jueves, 25 de octubre de 2007

¡A la hoguera con ellas!


El 9 de octubre, en uno de los primeros ejercicios del taller de este año, nos proponía MJ salvar palabras de un naufragio. Una cada uno. Sobrevivieron

luciérnaga/posible/sutil/
abecedario/Cuenca/
hola/soñar/money/gato/
siete/agua/tú/limpieza/
música/amor/S.O.S/comer

Pido palabras para quemar. Por inflamables, por brujas. Valen de plástico o de cualquier materia. Valen adverbios que merezcan ser echados al fuego, por si arden. Con alegato de culpabilidad o sin juicio previo. También vale salvar alguna de la hoguera, si se quiere, o incluso calcinar alguna de las indultadas más arriba. También sólo si prenden o dan calor, que octubre se está poniendo frío.

viernes, 12 de octubre de 2007

Palabras (in)combustibles

El tacto de tus pétalos
el olor de tus nubes
tu risa de colores.

Son sólo algunas
enumeraciones
inertes
de sentidos.

Imágenes en sepia con fondo de cartón.
Humo.
Las atraviesan los gusanos.
Pasa el tiempo
y no llegan
a carbón vegetal.

Prefiero las palabras de plástico
al tenue crepitar de la leña mojada.
Quizá huelen peor.
Podrán ser tóxicas.
Pero al menos
arden.

domingo, 7 de octubre de 2007

Huele a alcanfor

Las manos repasan las perchas.
Descartan. Tropiezan
en un vestido azul de hilo.
Hace cosquillas en los pómulos al pasar.

Después del carmín,
después de las hebillas y el taxi
él espera.

Asisten atentos al desfile.
Perfilan las sonrisas.
Escogen las palabras.
Sobre la pasarela
lugares comunes.
Cruce de datos acicalados
para la ocasión. Elegantes.
Incómodos. Rancios.

No hay encuentro.
La misma soledad más evidente.
El mismo silencio, corrompido.

Un par de besos mustios de despedida
(saben a vinagre)
y un abrazo.

Huele a alcanfor.