martes, 13 de marzo de 2012

Contra el silencio

Mude tu boca.
Mude su forma.
Ábrase.
Y brote el aire
impulsado por el diafragma.

Cobren sentido
-por un momento-
las palabras pensadas.

Suene tu voz.

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Solución a un problema en 5 líneas.

martes, 28 de febrero de 2012

El silencio

Con la colaboración de 629 en el título y klarines en la bibliografía imprescindible: Casa tomada, de Cortázar. Si no lo has leído, lo tienes que leer, y si lo has leído ya, nada tengo que decirte, vas a hacer clic para releerlo, seguro...


Cuando era pequeño, nos afanamos por ignorar su existencia. Retomamos los paseos matutinos de domingo tomados de la mano. Intentamos fijar toda la atención en la primavera y sonreír y suspirar mucho, como dicen los manuales. En vano.

Crecía, inexorablemente. Era como un dolor agudo en el hombro: una molestia súbita y frecuente, insoslayable, a la que preferíamos no dar explicación. Por momentos volvían a nosotros los semblantes graves, las respiraciones normales. Estábamos dispuestos a sobrellevarlo a base de esfuerzo. No era tan fácil.

Ahora lo invade todo como un gas. Ocupa el tiempo y los espacios. Andamos azulados por la casa o por los túneles del metro. La mirada perdida en los anuncios de cruceros del periódico, pensando en el naufragio del buque aquel.

No sabemos si explotará, y nosotros con ello, o si nos dejará indemnes. Si volveremos a conquistar los espacios o no. Tampoco queremos aventurarnos a hacer conjeturas.

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Ej. Cuando era pequeño,...

Necesita un giro. Se pierden las imágenes del principio a partir del segundo párrafo. Hace como un "clic" y desconectas. Falta algo que "nos tire hacia el texto", plasticidad. Hay un vocabulario evocador y buenas imágenes, pero falta que formen un dibujo "que se vea". Concretar. Revisar título.

Yo me acordaba de It y de Casa tomada, pero no se ve que eso que crece no es una persona, al principio, y cuando se empieza a ver el personal se pierde. Para rehacer entero, vaya...

Libélula

Si no sabes volar, queda la tierra.
Queda la sombra inmensa que la habita.
Ciega de sol y ávida de agua.
Barro desierto que poblar de sueños.

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Vuelve el taller tras una larga pausa. Si no sabes volar y cinco nombres: tierra, sombra, sol, agua, barro.
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Variantes con la última palabra: vida/ dudas/ días/ abriles/ ruinas... me decido por sueños en el taller, pero me gusta más ruinas.
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Falta un poco de música, falta "que vuele". Muy denso, my profundo, demasiado abstracto, quizá por los sustantivos. Necesita, en conclusión, una burbuja de aire fresco.

martes, 21 de febrero de 2012

Principio de autoridad

Te lo digo por tu bien. Para que aprendas.

Que te calles. Que te sientes.
Que dejes de mascar chicle.
Que te guardes el espejo.
Que no juegues con el móvil.
Que te quites ya la gorra.
Que apoyes las cuatro patas
de la silla sobre el suelo.
Que dejes la percusión del lápiz sobre la mesa.

Suena como un estribillo
antes de empezar la clase.

Te resistes, pero sabes
que yo soy la autoridad.
Y al final me impongo yo
y no queda más remedio
que sacar factor común
en la expresión algebraica
o dibujar el conjunto
solución sobre la recta.

Y aprendes. - ¿Así de fácil?
- Así de fácil, te digo.
Y cuando aprendes, te callas
y cuando aprendes, te sientas.

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Escribo poco, pero es con la intención, cada vez que hilo cuatro palabras, de hacerlo más a menudo. Escribir ayuda a perfilar las ideas, a ordenarlas. Gran parte de la realidad que me interesa la conozco, por otro lado, por la radio y los periódicos. Temo hacerme eco de todas las consignas, de los lugares comunes, de los comentarios de tertulia y hacer de lo que escribo evidente panfleto, como diría Silvio Rodríguez. Peor sería enmudecer y que se malograran el sentir y las ideas. Me siento un poco intoxicada a veces, como obligada a leer bajo los titulares de los periódicos pero necesitando saber qué es lo que dicen.

martes, 24 de enero de 2012

Urdiendo el rescate

Pienso en el mar y te apareces tú
de azul celeste y de coral vestida
Penélope que teje un manto con estrellas.

Deseo escucharte tu canto bien trenzado.
Sal, Penélope, pronto, sal de Ítaca.
Te mando un helicóptero si quieres.

Espero tu llegada, aunque improbable.
Que un ruiseñor te lleve mi llamada
y se abra la esperanza en la tiniebla.

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Recupero el blog como borrador. Ejercicios del taller, versos a vuelapluma.

domingo, 22 de enero de 2012

No sé si soy buen puerto

Navegante de nortes imposibles,
buscando el sur en una piel morena
amaneces varado en mis orillas.

Cuando la calma reina por la tarde
descansas en mi playa y en mi sal.

Aseguras los cabos diligente
si la tormenta alrededor arrecia.
Conoces las mareas y los vientos.
Les trenzas los cabellos y la voz.

No sé si soy buen puerto.
Sí sé, porque lo dices, que estás muy bien aquí.

Algunos días claros dibuja el horizonte
contornos escarpados de islas imposibles
que contienen tesoros, que no quedan muy lejos,
que han sido deseadas, que están por fondear.

Y luego, dulcemente, vuelves a mi bahía
y vuelvo a ser espuma que acaricia tu espalda
y creo que no me cambio por isla misteriosa
y pruebas con cuidado de mi arena y mi sol
te duermes un instante antes de darte cuenta
de que sabe algo amargo lo que antes era miel.

jueves, 12 de enero de 2012

112

- 112, servicio de emergencias de la Comunidad de Madrid. Le atiende Verónica. ¿En qué puedo ayudarle?

-Buenas tardes, Verónica. Igual me nota un poco nervioso. No cuelgue, por favor.

- Si está en mi mano ayudarle, lo haré con sumo gusto. ¿Cuál es su nombre, para poder dirigirme a usted?

- Me llamo Eusebio. Está anocheciendo. ¿Me escucha?

- Sí, le escucho.

- Estoy en la Pedriza y quedan pocos minutos de luz.

- No se retire, don Eusebio, le pongo en contacto con un equipo de rescate.

-No hay tiempo. La batería se agota. Tengo las coordenadas de mi ubicación en el GPS. Tome nota, por favor...

- De acuerdo, no se preocupe, ya me pongo después yo en contacto con el equipo de rescate.

- Gracias.

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- 112, servicio de emergencias de la Comunidad de Madrid. Le atiende Verónica. ¿En qué puedo ayudarle?

-Buenas tardes, Verónica. Igual me nota un poco nervioso. No cuelgue, por favor.

- Si está en mi mano ayudarle, lo haré con sumo gusto. ¿Cuál es su nombre, para poder dirigirme a usted?

- Me llamo Eusebio. Está anocheciendo. ¿Me escucha?

- Sí, le escucho.

- Estoy en la Pedriza y quedan pocos minutos de luz.

- No se retire, don Eusebio, le pongo en contacto con un equipo de rescate.

-No hay tiempo. La batería se agota y he perdido toda referencia. ¿Me escucha, Verónica?

- Le escucho.

- Hace mucho frío y no llevo bastante ropa para aguantar la noche. ¿Puede oírme?

- Le oigo, sí. ¿Qué quiere que haga?

- Escuche, solamente. Tengo miedo. Llamaría a mi mujer, pero sólo puedo hacer llamadas de emergencia. ¿Me escucha? Verónica, ¿me escucha?

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Dos conversaciones telefónicas que empiezan igual, pero tienen continuaciones diferentes...