domingo, 23 de diciembre de 2012

A un profesor de Matemáticas, en su jubilación

Eres un caballero que ha servido fielmente a la causa no sé si más noble pero –seguro – más árida y temida del currículo: las Matemáticas.
 
Antes que nosotros, igual que nosotros, muchos profesores han intentado salvar las barreras que separan a gran parte de nuestros alumnos del saber matemático.
 
Tú mismo, en estos años, has explorado todos los recovecos desde los que se puede tender un puente, horadar un túnel en esos gruesos muros que levantan las inseguridades y, en ocasiones, el estupor paralizante de los estudiantes ante las Matemáticas.
 
Has luchado en buena lid contra todos los dragones: el dragón poderoso de las lagunas de base, o el de la falta de constancia y de atención. Has querido acrecentar la confianza de tus alumnos en sus propias posibilidades y, para mejorar su razonamiento lógico, has llegado a convertirte en director escénico, asignándoles papeles de caníbales y soldados y haciéndoles cruzar de un lado a otro el río imaginario que fluía por la clase.
 
Te has quedado recreos y tardes guiando a tus alumnos, buceando en las profundidades más oscuras de las Matemáticas y, ¿cuál ha sido el resultado? Dispar. ¿Acaso se han pertrechado todos de las herramientas adecuadas y han colonizado el universo matemático? ¿Merece nuestra ciencia tanta dedicación?

La respuesta –por si alguien no lo sabe – es sí.
 
Mucho se dice de su utilidad práctica pero a ti, como a mí y a muchos otros, reconócelo, lo que te ha seducido de las Matemáticas es su belleza destilada, la elegancia de sus formas, la precisión de su lenguaje, su rotundidad. Sus verdades, al tiempo secretas y evidentes.
 
Las Matemáticas te han dado algunos quebraderos de cabeza, algunas pequeñas frustraciones, pero grandes momentos, también. Muchas veces se les resiste a nuestros alumnos algún concepto. Un problema no acaba de salir pero, de pronto, el alumno cae en la cuenta, cambia el gesto y –por fin –
comprende. Es una iluminación prodigiosa. Una satisfacción para ellos y para nosotros. Total y absoluta en ese instante .
 
Que esos momentos se graben para siempre en tu memoria y recuerdes cuando, después de un esfuerzo importante por comprender, tus alumnos decían: “¿Eso era todo? ¿Y ya está? ¿Así de fácil?”

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