martes, 16 de marzo de 2010

Malas noticias

La veo entrar en la consulta lentamente, amortiguando el ruido de la puerta tras de sí. Yo querría ofrecerle una silla, cogerla de la mano, pero la espero sentada y le digo sólo buenas tardes.

Ella querría sonreír, estar serena, segura de sí misma, y sólo me responde, con la voz rota, buenas tardes.

Me nace un tono metálico para anunciar las sospechas confirmadas. Un hilo de esperanza inquebrantable pregunta, por su parte, si cabe algún error.

Negativa. Lágrimas contenidas. Mi mano en su espalda. Gracias. Adiós.

Que pase el siguiente.
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Ejercicio: Un espacio cerrado. Dos personajes. Tiempo limitado. Hacerlos hablar. Exprés.

11 comentarios:

caminando despacio dijo...

Breve pero intensa descripción de un momento tan trascendental de la vida de alguien vista desde el otro lado, el que acompaña.

me ha gustado...

Orologiaio dijo...

Vaya...
:(

Delgaducho dijo...

Maldita la suerte del mensajero cuando porta malas noticias...
Gracias por el consejo!!!

La cónica dijo...

Orologiaio: ficción, que conste. Ejercicio de ficción, sólo.

Clara dijo...

Me alegra que sea ficción

La cónica dijo...

Pues claro. Lo escribí pensando en las consignas del ejercicio. Todo muy limitado y unas voces de fondo. Como los diálogos no son mi fuerte, intenté que se oyera la conversación sin escribir las palabras...

Lo subí por ver si se veían los límites cerrados del tiempo, el espacio y la situación. Sólo eso.

Besos.

El cadaver Exquisito dice... dijo...

la vida misma....

Ex-compi dijo...

Lo peor de las malas noticias es recibirlas.

La cónica dijo...

darlas tampoco es plato de gusto...

chucho dijo...

El espacio y el tiempo cerrados están conseguidos de sobra, luego el hecho de que la situación se vaya enfriando por momentos (empieza con una buena intención "Yo querría ofrecerle.." y termina con palabras cortantes "Gracias. Adiós.") aporta el resto: no hay forma de almibarar una mala noticia, y el que la recibe acaba siempre comiéndosela a solas.

C'est la vie.

La cónica dijo...

Una vez lo viví de cerca. Toda la familia acampada en la sala de espera, quince por lo menos, más de 24 horas. Aún teníamos alguna esperanza. Muerte cerebral. Los dos más enteros fuimos a hablar con los de transplantes. Gestos edulcorados cien por cien. Presión, a la vez. No quedaba más remedio, supongo. Ustedes no se preocupen: los gastos del sepelio corren de nuestra cuenta. Se tomó la decisión correcta. El seguro cubre también los gastos. No lo hacemos por eso. Se tomó la decisión correcta. Pero el momento más duro para mí fue cuando, minutos después, llegaron de cafetería con bandejas de bocadillos para todos. Habría preferido desmayar de hambre. Y que nos dieran la noticia en crudo, porque el almíbar atenta, a veces, contra la dignidad. Al menos, se tomó, como digo, la decisión correcta.

en fin...

parrafada que va.