viernes, 11 de julio de 2008

Volver





Es hermoso volver a este paraje,
al olor del agua estancada, al rumor de los insectos.
Es hermoso saber que la alegría cotidiana
pierde la memoria y que puede una descansar a la sombra
de la desgracia propia o de la ajena.

La muerte cae a plomo en este pueblo,
la compasión forma capas de barro
nauseabundo sobre los dolientes. Respeta su forma
al principio. Protege su piel. Al pasar los días y los años
los convierte en masas amorfas que se mueven con dificultad
y la piel se pudre y es aire podrido también lo que respiran.

Vecinos y familiares y ellos mismos
echan un cubo de lodo fresco
y maloliente todas las noches y todas las mañanas,
para evitar que el luto de barro se agriete
y no dejan más escapatoria que mirar a lo alto.

Desde lo alto, los vencejos amenazan en vuelo cruzado irregular
con comerse sus párpados y destrozar su piel con excrementos ácidos.


Y es más duro cargar con la vida -lo que queda de ella-
cada día, uno tras otro, tres años, ocho años, quince años
que la pena negra que los trajo a la antesala de la muerte
a esperarla aquí quietos y callados. La salida airosa a esta situación
sería morir de pena. Pero no se mueren.

6 comentarios:

Clara dijo...

Pero no se mueren, y tampoco viven...

Svor dijo...

el hombre encuentra en la miseria flashes de felicidad porque lo necesita. asi es como no muere. la felicidad puede estar debajo de una piedra o en el fango donde los cerdos se revuelcan.

Roberto dijo...

que placer leer unos versos tuyos desde el norte, una mañana luminosa de nubes en retirada...
la muerte se adormece en los trigales...
besos

La cónica dijo...

Justamente, Clara, justo eso quise decir...

El fango es un ecosistema más, sospecho. La vida es más fuerte que la adversidad, Svor

Roberto, no sé si es el norte el que te da esa mirada, pero en una entrada tan tenebrosa has conseguido que entre algo de luz. Igual tengo yo también que escaparme unos días al norte :)

Chucho dijo...

Atrae tanto como repele. He debido leerlo cinco o seis veces, cada vez más lentamente.

La parte de
"es hermoso saber que la alegría cotidiana pierde la memoria y que puede una descansar a la sombra
de la desgracia propia o de la ajena"
es por demás estremecedora, como tu talento para encontrar poesía en cualquier parte.

La cónica dijo...

Chucho, gracias por leer despacio y por subrayar los versos. También por la impresión que te causan, eso me ayuda.

Me sacas los colores. Seguiré escribiendo (me animan tus palabras a seguir, además), y tratando de estremecerme con lo que da la vida.

Después de la que te armé con la falda, agradezco mucho más tus palabras. Aprovecho para decir que lo siento, otra vez. He vuelto a leer la entrada y me parece fresca, veraniega y muy simpática.

Besos