lunes, 23 de abril de 2007

En algún lugar, en algún momento



En algún lugar, en algún momento.

Querido Michael:

Sólo conozco los dos mundos que me enseñaste, el de la realidad y el de la fantasía. No sé, con certeza, a cuál te escribo. Ya sabes que acampo en la frontera, en la mezcla de colores, en el negro, que tantos matices esconde.

Me cuelo en un café. Apoyada en el codo, la mano en la frente y los ojos cerrados, escucho el despertar de la ciudad. Voy dibujando, con tinta negra, el entrechocar de la taza con el plato. La maraca de papel y azúcar suena a mi lado. La caricia de la cucharilla traza estelas de espuma. Las dibujo también. Alguien lee un libro. Es áspero el hojear y huele a recién impreso.

La cafetera silba. Humean las tostadas en la plancha y el cigarro en la boca de la mujer del maletín. Huyo del humo despacio, con pasos cortos.

En la calle amanece. Un barrendero rasga el gris de la acera en una calle larga, larga, larga. El movimiento del cepillo es rítmico. Lleva el compás un-dos-tres-cuatro. Y vuelta a empezar.

A su lado se oyen, presurosos, los tacones de la mujer del maletín. Y los pasos de tantos que apenas tienen tiempo de respirar. Absorta en la cadencia, me siento y degusto el bisbiseo de la escoba. Dos pasos acompañan cada ida y venida. Los trinos de gorriones y el gorgoteo de palomas hacen los coros. Hasta el claxon de algún conductor impaciente forma parte de la melodía. Es la primera vez que veo a tan singular director de orquesta. Le conozco desde siempre, sin embargo. Cerca de él traspasa el anaranjado el verde de los árboles.

Comienza un goteo de adolescentes tristes. Cargados de mochilas imposibles, arrastran pasos pesados. Blindan su interior. Lo que piensan, si van pensando en algo no alcanzo a imaginarlo. Traen una ola de melancolía a mi playa. No me invade, sin embargo. Se va pronto, con la algarabía de chiquillos más pequeños que van al colegio entre juegos y risas. Estrenan el día como es debido. Porque un día nuevo es una fiesta grande. Yo les sonrío y vibro con su alegría.

Empieza un golpeteo rítmico dentro de mí. Serán mis latidos torpes. Serán, quizá, tus dedos en la máquina de escribir, que me dan vida. Ya no sé si te escucho o me piensas. Quizá, lo que ocurre es que me leen. No sé en qué tiempo estoy. Que tengo tiempo, sí lo sé. También, que tardará en deshojarse.

Gracias por el paseo matutino. No te pido que me escribas. Sé que me escribes ya. O que me escribirás. O que me has escrito.

Un abrazo indeleble.

Momo.

7 comentarios:

una vida lo que un sol dijo...

y qué decir más La cónica!
Que le confiaré muchas cosas a Momo, que tan bien sabe escuchar.
Un placer leer y escuchar esta carta. Otra vez.
Una delicia. Sonidos, profundidad.

besos Kassiopeia!

Kaos Baggins dijo...

momo,que buenos recuerdos

la carta esta a la altura de las circunstancias, las paginas de los libros escritos o aun solo imaginados responderan con nuevas escenas

Beatrix Kidoo dijo...

Gracias a tí por sacarme de paseo esta mañana de curro...

BESOSONRISA

La cónica dijo...

Harás muy bien, una vida lo que un sol, quien sabe escuchar ayuda a sacar lo mejor de uno mismo. Lo que ni siquiera sospechamos, pero está. Besos. Con media hora de adelanto.

Me alegra que conozcas a Momo, Kaos Baggins, espero que te haya dibujado una sonrisa. Los libros responden a las cartas... Mmmm no lo había pensado. Me gusta, me gusta. Un beso. Con un pie aquí y otro en el sur, aish, ¡qué ganas!

Beatrix Kidoo, me alegra que hayas disfrutado el café y el bullicio mañanero visto sin prisas. Un beso.

Alnitak dijo...

Mil gracias por dejarme leer esta carta. Hace poco que tropecé con las páginas de Momo, y resulta un placer traerla de nuevo a mi vida.
Gracias

denke dijo...

Genial!
Momo es uno de los primeros libros de mi infancia. Evidentemente me lo leyó mi madre, y supongo que eso lo hace mas especial aun.

Me has alegrado la mañana ;)

La cónica dijo...

Alnitak, yo me tropecé con Momo de pequeña, y desde entonces no hemos perdido el contacto. El tiempo pasa de otra manera.

Aún recuerdo cuando mi hermano mayor leía Momo a mi hermano pequeño. Así conocí a Momo,Denke, recuerdos entrañables también para mí. Qué bueno dibujar una sonrisa.