martes, 20 de marzo de 2007

Trajines

Me duele la espalda de andar encorvada. Esta mañana recorté el suelo de la cocina. Tengo tos todavía de mezclar los polvos. Por más que le dí al piso con estropajo y vinagre, se quedó con paño. Es lo que tiene el cemento.

Me duele la espalda. La pila es buena, de una pieza sola, y es muy hermosa. Traer el agua no me da pereza. El pozo del cura está al lado. Con ir tres o cuatro veces y llenar la cántara, ya vale. Pero para dejar la ropa mondá no se puede lavar sólo con jabón, agua y lejía. Hay que lavar con todo el cuerpo, y estoy derrengada. Y el olor a lejía llega muy dentro, se mezcla con los polvos y el vinagre y hace un menjunje que no deja respirar.

He salido a tender.

Hasta el corral llegaba el olor a pimentón y alcaravea. Y a socarrao. Entré corriendo a quitar las trébedes de la lumnbre y todo se hizo oscuro. Tropecé con el poyete entre el corral y la cocina. Me caí de boca. El sol, sin estar, jugaba aún a dibujar círculos en mis ojos. Palpé el lebrillo. No se había roto. Menos mal.

Las gachas borboteaban. Chuf, chuf. Cogí el paño de la repisa y las aprté a tientas. Me daban batidos las narices. Y me dí cuenta que estaba sangrando. Tenía un pañuelo en la faltriquera, menos mal. Los algodones los guardo en el cajón del aparador. Está hinchado de la humedad. Se ha atascado, como siempre. Si me pudiera hacer de otro... La puerta de la alacena sólo la puedo abrir yo, que le tengo cogido el aire. La pared que linda a la vecina rezuma salitre. Es por eso que se estropea la madera.

He salido de la cocina y en el cuarto, con los ojos hechos ya a la luz de casa, me he mirado al espejo. Y he visto a otra. No por el estropicio de la nariz, no. Entre las manchas de azogue, imagino otra vida. Mía, pero otra. Creo, delante del espejo, que podría aliviarme estas cargas diarias de las espaldas, algunas veces. Huir de mi casa, de mis hijos y mi hombre sería drástico. Los quiero. No es eso. Por lo pronto, he empezado a escribir un poco cada día, de esos momentos en que vivo la vida del espejo.

Hoy, por ejemplo, he escrito:

Mediodía

Me gusta salir al corral
en el cuerpo del día.

El sol
blanquea las sábanas colgadas.

Juegan
sus dedos en mi nuca.

Refleja en la cal.
Se multiplica.
Pone la sangre tibia
y me ciega.


Lo que escribo, claro, lo guardo en la alacena.

2 comentarios:

629 dijo...

Ya me gustó en el taller. Sobre todo por el lenguaje usado. lo que te salió natural otro han de indagar para ver como hacerlo.

La cónica dijo...

Me alegra ser políglota. Y hablar en el lenguaje de mis abuelos y sus vecinos. A veces, en familia, usamos expresiones de los antepasados. Es como un juego, pero acaban por incorporarse a nuestro lenguaje.