lunes, 25 de diciembre de 2006

De reojo

Te miro y tú das vueltas
a tu vaso.
Apuras la cerveza,
consultas tu reloj,
y yo te miro.

Te miro, disimulo,
hablo a la camarera
y te vuelvo a mirar.
Bebo otro sorbo,
hojeo el periódico
y te miro.

Te miro y te remiro,
y de repente
me miras, milagro,
y tus ojos, milagro, me sonríen.

7 comentarios:

629 dijo...

Me gusta el giro.
Inesperado.
Intrigante.
Interesante.

La cónica dijo...

¿No te parece...
...azucarado?
...almidonado?
...adolescente?

629 dijo...

El poema no ha de tener edad. No importa la edad del que escribe,
sino la edad del que lo lee. Y la edad a la que le transporta.

La cónica dijo...

La edad de quien lo escribió era 31, la verdad. ¿A qué edad te transporta?

DOMOHOGAR dijo...

Suelo frecuentar muchas miradas perdidas en bares. Supongo que entonces me traslada a muchas épocas desde que puedo entrar en ellos.

La cónica dijo...

A mi también me gusta, Domohogar. Espiar a los de la barra mientras bailo o espero mi bebida. Además de la mirada, confieso, me gusta mirarles la nuca.

La cónica dijo...

Por cierto, Domohogar, en mi bar te puedes sentir como en el tuyo, que por cierto, no está abierto... Además, tenemos máquina del tiempo para que te puedas trasladar a la época que quieras. Invita la casa.